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Declaración del Movimiento Afrocubano a raíz de los sucesos del 28 de octubre de 2025 en Río de Janeiro

Lxs abajo firmantes activistas, líderes y líderesas comunitarias, académicos, intelectuales, artistas y proyectos/grupos antirracistas que conforman el Movimiento Afrocubano expresamos nuestra consternación y repulsa frente a lo que muchos ya califican como la operación policial más letal y violenta de Brasil después de la masacre de Carandiru (1992), y la mayor contra la población afrodescendientes en las favelas de Río de Janeiro ejecutada el pasado martes 28 de octubre de 2025 por órdenes de Cláudio Castro gobernador del estado. La cual tenía como justificación la lucha contra el narcotráfico y en especial contra el Comando de Vermelho, uno de los más peligrosos de Brasil. 

Resultan escalofriantes las imágenes difundidas a través de las redes sociales de los cuerpos baleados, expuestos en la calle a plena luz del día, mientras es la comunidad quien se moviliza para amortajarlo. En dicha operación murieron cuatro policías y alrededor de 130 personas (en su mayoría jóvenes negros, pobres y marginados). Los graves sucesos alcanzan una connotación mayor ante el hallazgo de cadáveres con signos de decapitación y heridas con armas blancas.

Como coinciden en señalar influyentes personalidades del movimiento afrobrasilero y la sociedad civil en Brasil, este condenable suceso —enmascarado con una supuesta política de seguridad pública— no es inocente ni constituye un hecho aislado. Todo lo contrario, se trata de un ejercicio feroz y soberbio de necropolítica, constitutivo de un modelo colonial y racista que descansa sobre una política de odio y extermino selectivo contra personas negras, empobrecidas el cual legaliza la violencia policial y las ejecuciones extrajudiciales.

Al día siguiente de este suceso, al recibir de manos de la diputada federal Benedita da Silva —una de las voces más críticas que ha tenido esta masacre— el Diploma de Ciudadana Carlota Pereira de Queirós. Sueli Carneiro apuntó que se trata de una guerra declarada del Estado contra el pueblo negro, legitimada:

[…]por una lógica perversa de racismo que insiste en asociar pobreza con peligro y negritud con enemigo interno. Esta masacre es la expresión más brutal de esos proyectos de muerte que transforman los territorios negros en campos de exterminios. Cuando el Estado autoriza, celebra o premia a quien mata es la renovación del pacto colonial que funda esta nación y que siempre trató a la vida negra como descartable.

Semejante lógica es consecuencia de un racismo estructural y sistémico que genera desigualdades, exclusiones y gravita sobre el cuerpo y la historia de personas negras cuyas vidas son percibidas por el Estado como desechables.

Por estas razones, lxs abajo firmantes expresamos nuestro respaldo al movimiento afrobrasilero y sus reiteradas denuncias sobre la militarización de las fuerzas de seguridad, el genocidio contra la población afrodescendiente y su criminalización institucionalizada. Ratificamos nuestra solidaridad con las mujeres de esa comunidad, especialmente con las madres y hermanas que perdieron sus hijos y familiares en tan aborrecible acto.

Fotos Silvia Izquierdo

Unimos nuestras voces a quienes demandan una investigación urgente e independiente de los hechos, protección y reparaciones para las familias afectadas, una revisión inmediata de estas políticas de “gestión de la seguridad pública” y cero impunidad para las autoridades de Río de Janeiro involucradas en estos hechos, especialmente el gobernador Cláudio Castro, quien debe rendir cuenta ante la justicia por este crimen de lesa humanidad.

 

Daysi Rubiera Castillo.  Escritora, investigadora y activista afrofeminista.

Gerardo Fulleda León.  Dramaturgo afrocubano y Premio Nacional de Teatro.

Gisela Arandia Covarrubias.  Investigadora, escritora y periodista.

Zuleica Romay. Investigadora social y escritora.

Alexander Hall Lujardo.  Investigador, ensayista y activista afrodescendiente.

Analaura Abreu Alfonso.  Poeta, investigadora y afrofeminista.

Alberto Abreu Arcia.  Escritor y activista afrodescendiente.

Maikel Pons Giralt.  Académico, investigador y activista afrodescendiente.

Roberto Zurbano Torres.  Crítico cultural, ensayista y activista afrodescendiente.

Gisela Morales Arandia.  Historiadora, educadora popular y activista antirracista.

Rosa Campoalegre Septien. Socióloga, coordinadora de la Cátedra Nelson Mándela y la Red Internacional de Voces Afrofeminista.

Carlos Alberto Guillen Morales.  Músico y líder comunitario.

PROYECTOS/GRUPOS

Azabache

Casa Tomás Fernández Robaina

Cátedra Nelson Mándela

Red Internacional de Voces Afrofeminista

Experiencia Comunitaria Wenilere Cardenense

Orgía de Aramburu

Librería Ireti

Casa Madiba

 

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Tomás Fernández Robaina reflexiona a propósito del Centenario del P.I.C. Por Alberto Abreu Arcia

                                                            

En el 2010, con motivo del centenario de la fundación del Partido Independiente de Color, publiqué mi blog afromodernidades esta entrevista donde Tomás Fernández Robaina se nos revela como un gran conocedor de las intríngulis, tempestades y complejas tramas de las luchas del negro por su reivindicación ciudadana y política dentro de la nación cubana. Tomás se detiene en nombres, episodios, publicaciones que marcaron momentos cruciales en estas luchas aún desconocidos por muchos e invisibilizados por la historiografía oficial. Pasando por problemática del activismo antirracistas, la génesis del Movimiento Afrocubano en los años sesenta y la reanudación de sus luchas entre finales del siglo pasado y principios de milenios sus grupos/fundacionales, sus tensiones con el poder y sus demandas fundamentales.

Hace poco fui a visitarlo a la Biblioteca Nacional José Martí donde labora como especialista del Departamento Bibliografía Cubana. Andaba de tránsito por La Habana y no quería irme sin saludarlo. Llegué fatigado por el calor. En la recepción me informaron que bajaría en un momento. Espere unos minutos en el lobby mientras fisgoneaba, a través de la puerta de cristal de una de las salas, los lienzos, sin colgar, de una futura exposición desordenados por todo el local. Mientras llegaba decidí gozar de la brisa que, corría por la puerta principal. Y volví a colocarme justo a la entrada. Entonces lo veo avanzar en dirección a mí, sonriendo con malicia. Su figura minúscula desplazándose con admirable ligereza como regenteando, por los amplios pasillos de aquella institución, persistente, infatigable. Luego de intercambiar chismes, libros, referencias… le hablé de mi intención de entrevistarlo a propósito del centenario de la constitución del Partido Independiente de Color. Después de tantas llamadas, llegó finalmente por e-mail las respuestas a mi cuestionario.

Tomás Fernández Robaina (mi entrevistado) es autor, entre otros volúmenes, de Bibliografía de estudios afrocubanos (1969), Índice de revistas folklóricas (1971), La prosa de Guillen en defensa del negro cubano (1982), Recuerdos de dos mujeres públicas (1984), y de un libro que se ha vuelto de imprescindible consulta: El negro en Cuba (1990). Recientemente la colección Echú Bi de la Editorial Ciencias Sociales acaba de poner en el mercado la segunda edición de su libro: Hablen paleros y Santeros.

Cumplido este protocolo de la presentaciónharé entrar de inmediato al lector en la escena de esta entrevista.

A.A.A: Tratándose de ti y como estamos celebrando el centenario de la fundación del Partido Independiente de Color comencemos con una pregunta ineludible: ¿Desde la perspectiva de los cien años transcurridos cuál cree que haya sido el principal aporte del PIC a las luchas del movimiento negro y la historia de Cuba?

T.F.F: La mayor contribución del Partido Independiente de Color (PIC) al movimiento social de los negros y a la historia de Cuba, en particular, fue haber mostrado la opción política independiente como una alternativa importante en la lucha contra la discriminación racial de la cual eran víctimas. Este hecho marca la madurez política de los que integraban un sector del movimiento ya mencionado. En el acta de constitución de dicha organización se expresa nítidamente que su propósito: no integra odio, ni animadversión hacia nadie, que todos los cubanos tienen el derecho de apoyarnos o combatirnos, pero que nosotros inspirados en una obra alta y generosa, tenemos  el deber de mantener el equilibrio de todos los intereses cubanos, y que la raza negra tiene el derecho de intervenir  en el gobierno de su país  no con el fin de gobernar a nadie, sino con el propósito  de que se nos gobierne  bien. (Previsión 15 sept., 1908)

Por supuesto, las contradicciones e intereses económicos y políticos de los blancos y negros cubanos que, ya disfrutaban de determinados espacios laborales, y sociales fueron elementos decisivos para que la alternativa estenozista fracasara rotundamente. Esa opción política no volvió a ganar adeptos y por lo tanto desapareció del discurso reivindicador del movimiento social del negro cubano de antes y después de 1959.

A.A.A: ¿Cuáles siguen siendo las zonas oscuras y de prolongado silencio en la historiografía oficial cubana a la hora de abordar este tema?

T.F.R: La trascendencia de la fundación del Partido Independiente de Color, para el movimiento social del negro en Cuba y en América, no se ha destacado por nuestra historiografía, porque no ha reconocido la relevancia de tal hecho. No se ha divulgado ni debatido, de manera amplia, el programa político social; y en igual medida el pensamiento que se conoce de Estenoz y de algunos voceros del PIC quienes reflejaron en sus escritos, la ideología patriótica, de integración social y de igualdad de derechos para todos los cubanos. El re-conocimiento de tales textos (aparecidos principalmente en Previsión, y Reivindicación y en otros órganos de prensa) aportan los elementos que demuestran, de modo objetivo, las justas razones que animaron la existencia del PIC. Y, por lo tanto, evidencian que los racistas no fueron los Independientes, sino quienes los acusaban de serlos por querer hallar un camino para lograr una patria más martiana: con todos y para el bien de todos. Sin descuidar la especial atención a los históricamente marginados del disfrute de todos los derechos sociales.

A.A.A: Creo haber leído en tu libro El negro en Cuba que la masacre a los Independientes de Color fue un duro golpe para el negro y sus luchas por la emancipación y el acceso a los espacios de representación y visibilidad social dentro de la nación cubana del cual nunca se pudo recuperar.   Sin embargo, otros opinan que en la década del cuarenta ya ese momento estaba superado. ¿Cuál es tu valoración en este sentido?

T.F.R: Como bien dije antes, la opción política independiente no fue tenida en cuenta, de manera objetiva, por los que continuaron la lucha social del negro. Sin embargo, en una fecha como septiembre de 1918, bien cercana al año de la desaparición del PIC, Armando Pla, examinó críticamente las cuatro soluciones o tendencias que habían esgrimido el movimiento social del negro. Ellas fueron: la individualista, la colectivista social, la colectivista política dependiente, y la colectivista política independiente, (Armando Pla. Ad Rem. La Antorcha, 3 sept. 1918:1) Posteriormente emitió un juicio muy revelador, como se desprende de sus palabras: «[…] ¿se admite que en política existe un interés negro? ¡Ah!, entonces hay que reconocer que nadie mejor que los negros sabrán y podrán defenderlo. Luego tuvo razón Estenoz e Ivonnet y Lacoste, no la tuvieron ni la tienen los que antes fueron y ahora son contrarios a los partidos unirraciales».(Armando Pla. «El problema negro en su aspecto político» La Antorcha 20 ag. 1918:1) El comentarista señala opción que los negros puedan agruparse en un partido nuevo para defender sus intereses. Sin embargo, aconseja que, dicha opción, debe surgir alejada de toda relación con el PIC. Esta propuesta evidencia una contradicción bien palpable. Aún más porque no indicaba como esa organización podía fundarse distante de los principios básicos del programa del PIC. ¿Estaría pensando en un partido proyectado hacía la defensa de los derechos del negro, pero abierto también a todos los blancos que desearán militar en el mismo? El resultado objetivo fue que esa tendencia no halló eco en la historia republicana de nuestro país, a pesar de las reflexiones de Pla en esa dirección.  La lucha se orientó, entonces, por otros caminos o tendencias, algunos ya mencionados, pero que no habían sido explicitados como: la necesidad de la superación individual, preconizada por Juan Gualberto Gómez (1854-1933), y enarbolada por todos. Siempre se pasa por alto que desde 1913, empezaron a aparecer, con regularidad, en la prensa escritos y encuestas sobre la problemática racial. Por ejemplo: la columna de Ramón Vasconcelos desde el diario Prensa (1915-1916) quien escribió con el seudónimo de Tristán: «Palpitacionesde la raza de color. Crónica escrita para negros sin taparrabos, mestizos no arrepentidos y blancos de sentido común.»  El semanario La Antorcha, desde donde escribía Pla… Estos textos evidencian la visibilidad del movimiento social del negro. También a finales del veinte aparece, en el Diario de la Marina, la columna «Ideales de una raza», que se expandió como página dominical hasta 1931, cuando su autor, Gustavo E. Urrutia (1881-1958), continuó escribiendo no solo sobre la problemática racial en Cuba, pero ahora en la columna Armonía (1928-1958). En sus páginas, nacida en la edición dominical ya nombrada, la cual mantuvo casi hasta su muerte. Sin embargo, a partir de la década del cuarenta la problemática racial no fue asumido por el articulista con la frecuencia de los años anteriores. Los años iniciales de la década del treinta vieron surgir el espacio La marcha de una raza, llevado por Lino Dou, el cual no se mantuvo por mucho tiempo. Recuerda que son los años de la caída del tirano Machado y el surgimiento de una época revolucionaria, durante los cuales se expande la percepción de la lucha contra el racismo con un enfoque clasista; marxista, que veía la solución del problema racial en la abolición de las diferencia y opresión de las clases sociales. Esta coyuntura político-social propició la creación la Sociedad Adelante y su órgano de prensa de igual nombre. En sus escritos apreciamos las luchas del negro cubano por sus derechos, conjuntamente con los esfuerzos culturales y sociales de la Sociedad de Estudios Afrocubanos, fundada y presidida por Fernando Ortiz. Fernando Ortiz junto con otros intelectuales de ese momento contribuyeron al rescate, conocimiento, y difusión de los aportes de la herencia africana a nuestra cultura e identidad nacional. Por supuesto, todo este proceso de lucha política y social se reflejó en la Constituyente del cuarenta y en la Carta Magna, que se aprobó ese año, donde se reconocía la igualdad de derechos entre todos los ciudadanos cubanos sin tener en cuenta la raza. El movimiento social negro nunca estuvo paralizado, aunque evidentemente, se abandonó por completo la tendencia política independiente, a pesar del objetivo análisis de Armando Pla. Justamente en la década del cuarenta Juan René Betancourt comienza a publicar sus textos contra la discriminación racial. Él es la figura más controversial y de mayores aportes de este movimiento en los años anteriores al triunfo de la Revolución.

Pedro Ivonnet

A.A.A: Otra pregunta, también, ineludible. Tiene que ver con las Comisiones de Trabajo creadas en Cuba para las celebraciones del Centenario del Partido Independiente de Color. Teniendo en cuenta tu prestigio intelectual y conocimiento sobre el tema, el cual va más allá de los libros e investigaciones por ti publicadas y que te han consagrado como una autoridad sobre el tena dentro del ámbito académico internacional y en otros circuitos. Me gustaría saber cuál ha sido tu rol dentro de las mismas.

T. F. R:  El 4 de julio del 2006, en el acto en homenaje a los promotores culturales de las comunidades en el Salón de los Vitrales, en la base del monumento a Antonio Maceo, propuse que se creara una comisión o comité para organizar las actividades que deberían hacerse en conmemoración al Centenario del PIC. Considero, que era un modo más de continuar con la política de dar a conocer hechos de nuestra historia que la historiografía burguesa había silenciado o tergiversado deliberadamente. Mi propuesta fue acogida por todos los presentes, y el propio Esteban Lazo señaló que Roberto Zurbano y yo, formaríamos parte de esa Comisión.  Después no tuve noticias de la Comisión hasta el día que me citaron a una reunión en el Archivo Nacional, conjuntamente con otros especialistas de diversas instituciones, donde se nos comunicó que Fernando Martínez Heredia, había sido nombrado presidente de la misma y Leyda Oquendo como secretaria. Allí, se nos solicitó propuestas sobre lo que se debía hacer. Aproveché la oportunidad y les hice entrega de una carta fechada el 12 de junio en la cual, además de plantear la creación de la comisión del centenario del PIC, presentaba un programa de las actividades y acciones que se debían emprender, entre las que se encontraban convocatorias para concursos plásticos, ensayísticos, musicales que abordaran temas relacionados con el PIC; así como la celebración de un evento teórico para reflexionar, debatir sobre las causas que determinaron el nacimiento de esa organización, así como las distintas valoraciones emitidas por los historiadores cubanos y extranjeros. Fui invitado a participar en la mesa redonda sobre el PIC con la cual concluyó un evento organizado por el Departamento de Estudios del Caribe, de la Casa de las Américas a principios de este año. Entregué, para su revisión, un boceto de la convocatoria para el evento científico a celebrar. He apoyado con mi asistencia e intervenciones en los actos que he podido concurrir, por haberme enterado a tiempo. Estoy y estaré siempre dispuesto a dar mi apoyo a todo lo que se haga en pro de divulgar la importancia de su fundación, y de todo lo que sucedió después. Espero que antes de la fecha del centenario y que concluya el año, se incrementen las actividades y la publicidad sobre este acontecimiento, no solo necesario y justo desde el punto de vista histórico y social; sino también político. De una vigencia medular en los espacios actuales donde se debaten aspectos esenciales de la Cuba de ayer y de la de hoy.

A.A.A: Desde luego que la pregunta fue formulada con toda intención. Pues ella me permite colocar en esta entrevista otra preocupación no solo mía, sino de un grupo de intelectuales. Y tiene que ver con ciertas posturas y gestos oportunistas dentro de algunos intelectuales en Cuba que han visto, en este boom del subalterno y el mercado teórico abierto internacionalmente en este campo, la oportunidad para legitimar determinadas aspiraciones personales que enmascaran detrás de una supuesta voluntad de utopía social auténticamente reivindicadora de los márgenes. ¿Qué opinión tiene sobre este hecho? Y todavía más ¿qué estrategias propones frente a estos gestos de tachadura y de exclusión de intelectuales que han consagrado durante años tiempo y esfuerzos al debate de esta problemática?   

T.F.R: Todo proceso social, que trae cambios realmente profundos, en lo económicos, las estructuras políticas y sociales, y dentro del campo de las ideas; como los efectuados por la Revolución Cubana, no está exento de excesos y de defectos. No solo por las interpretaciones de sus ejecutores, sino también por los objetivos que se plantearon al concebirse, y las políticas para materializar dichos cambios. Para ninguno de nosotros es un secreto que las coyuntura internas y externas de los primeros años fueron cambiando dialécticamente, influyendo de manera decisiva en las diversas políticas de la Revolución, en unas más, en otras menos. A veces, con saltos visibles y en otros momentos con lamentables retrocesos o estatismos. Obviamente, todos estos cambios han estado en función, además, de salir de los caminos tomados equivocadamente, preservar el proceso y las utopías de la Revolución iniciada en 1959. Todas las revoluciones, históricamente, están marcadas por período muy difíciles donde prevalecen los prejuicios, los dogmatismos, las exclusiones de algunos grupos sociales por sus orígenes o filiaciones estéticas, religiosas, sexuales e ideas políticas. Las revoluciones del siglo XXI deben ser revoluciones inclusivas. En las que tal vez lo único que no pueda sumárseles sea los que esté en contra del progreso, opuesto a que una revolución real materialice propósitos tan dignos. Las revoluciones anteriores no tuvieron ideólogos que llamaran la atención sobre estos hechos, y si los hubo, no fueron escuchados o fueron barridos por quienes  conscientes de lo que andaba mal, se subordinaron a las tendencias prevalecientes en la etapa en que este fenómeno fue más fuerte. No estoy refiriéndome a este momento solo en su parte política, sino también profesional, artística. Hablo de la mediocridad de no pocos funcionarios y dirigentes quienes se sintieron potencialmente amenazados, inseguros en sus posiciones, ante la presencia de otros más preparados profesionalmente; portadores de una condición realmente más humana y re-vo-lu-cio-na-ria. Mediocridad, temores, inseguridades… Amenazas que los llevaron a aplicar medidas arbitrarias y a readaptar otras para quitarse de su camino a los que les podían hacer sombra. Esto no se ha extinguido. Los que hemos sufrido de forma directa este tratamiento, hemos asumido diferentes formas de lucha para continuar, persistir en nuestros puestos de trabajo, y en nuestros empeños, seguro de que en algún momento todo cambiará. En mi caso personal, tengo mis propias líneas de acciones o estrategias. Las he denominado reivindicara 1 y reivindicadora 2.  La reivindicadora 1: reclamar los derechos, denunciar lo injusto de la política que se ha seguido, a pesar de los problemas que la actitud demostrada pueda acarrear.  La reivindicadora 2.  Trabajar, demostrar con el trabajo cotidiano, con los aportes que podamos hacer a nuestro país, que, a pesar de todo, seguimos comprometidos, no de forma desinteresada, sino porque sabemos muy bien que hacemos lo correcto, que algún día nos será reconocido, no importa que ya estemos en la tumba y seamos fichas de un catálogo. No debo olvidar a quienes, ante situaciones idénticas, donde también confluyeron otras razones personales, familiares, económicas, decidieron marcharse del país al no tener la posibilidad de otra opción. Por lo tanto, todos sabemos quién es quién en el espacio intelectual de nuestro país, quiénes se han acercado al estudio de la problemática de la racialidad negra por motivos verdaderamente nobles y quiénes para obtener beneficios y satisfacer su ego.  Los jóvenes historiadores del futuro serán los encargados de ubicar a cada cual en el justo sitio, donde se haya ganado el derecho a estar.

A.A.A: En reuniones te he visto protestar enérgicamente frente al vacío, en los programas de educación cubanos de la historia del movimiento y del pensamiento negro. ¿Puedes hablarnos más en detalle esta carencia?

T.F.R: En 1996, desde las páginas de la revista Temas (sept.-oct.) expresé la necesidad de cambiar los planes educacionales de todos los niveles de nuestra sociedad, por la concepción eurocéntrica predominante en ellos. Las potencias colonialistas que se expandieron por América y el Caribe, y más tarde por África y otros continentes, intentaron borrar del imaginario la mente de los habitantes de la diáspora negra sus historias, tradiciones, idiomas y creencias. El cristianismo, en todas sus variantes, se puso en función de ese innoble objetivo. Una buena parte de la población de esos dominios respondió de  forma amplia o parcial a tal política; otros, por el contrario, rechazaron, de forma abierta o simulada, teniendo en cuenta la mayor o menor presencia de la población aborigen, mestiza o africana existente. La visión eurocéntrica hizo ver, creer, que todo lo autóctono, lo vernáculo, debía ser rechazado porque eran señales de pueblos que se encontraban en estadios no tan avanzados o modernos, como el de las potencias colonialistas. Deseo subrayar, una vez más, en este sentido que el movimiento social de los negros cubanos asimilados se caracterizó por la lucha desde el punto de vista social, político y económico. No hay huella intelectual que refleje una demanda reivindicadora hacia las culturas de origen africano, practicadas en Cuba, como la de Fernando Ortiz. Urgida, además, por el criterio generalizado, de que en la medida que sus portadores murieran, tales creencias irían disminuyendo con el tiempo, en virtud de que las nuevas generaciones de jóvenes negros y negras, se irían asimilando a la cultura eurocéntrica. Aprovecho para recordarte, nuevamente, el ejemplo de Juan Gualberto Gómez quien alentaba la superación individual de la raza negra como una forma de luchar en contra de la discriminación racial y un modo borrar la diferencia de origen entre negros y blancos. Por supuesto, esa superación significaba identificarse, de forma visible, con los códigos culturales, religiosos, sociales y económicos del poder burgués colonial, posteriormente, burgués republicano. En 1935 Gustavo E. Urrutia señaló la importancia de conocer y estudiar la historia y cultura de los africanos que poblaron nuestra Isla y otros países de América y el Caribe, y de quienes muchos de nosotros somos descendientes físicas y/o culturalmente. Los programas de historia de nuestro sistema educacional, en sus diferentes niveles, contempla el estudio de África, y de la presencia de los africanos y de sus descendientes en las guerras de independencia, en la economía, en la cultura, en la música, en los bailes, en la religiosidad popular, pero no del modo amplio y profundo, si tenemos en cuenta la dimensión, intensidad e inflexiones que abarca este fenómeno en la formación y la historia de la nación y desde los que se debería enseñar. Hace ya años se aborda la historia de África, y también del arte africano, principalmente, la última, en las carreras vinculadas con las disciplinas artísticas. La religiosidad de origen africano, practicadas en Cuba, se viene estudiando -en sus aspectos religiosos musicales, danzarios, visuales-, en centros docentes donde se forman instructores de arte de nivel medio, y también en el Instituto Superior de Arte y en la Escuela de Artes y Letras, de la Universidad de la Habana. La profesora Lázara Menéndez fue pionera en la Universidad de La Habana al comenzar a enseñar las peculiaridades de las prácticas religiosas de origen africano existentes en Cuba, y sus expresiones artísticas, principalmente, plásticas y danzarias. Considero que hay campos donde debería hacerse más énfasis, como en el pensamiento, en el aporte de los negros a la historia de las ideas de nuestra nación. En este último caso, por ejemplo, no se aborda de manera amplia el pensamiento antirracista de figuras tan notorias de nuestra historia como Antonio Maceo, Juan Gualberto Gómez, Gustavo E. Urrutia, Morúa Delgado, Lino Dou, Armando Plá, Walterio Carbonell, Teodoro Díaz Fabelo, Juan René Betancourt, Carlos Moore, Salvador García Agüero. La Biblioteca Nacional José Martí ha realizado una muy modesta contribución con los cursos de verano que imparte sobre la historia social del negro, los cuales durante un tiempo tuvieron cierta sistematización; ahora, seguramente, se restablecerán pronto. Como ves me siento optimista en que más pronto que nunca la presencia del negro cubano en la historia y en la cultura de Cuba será enseñada de modo más amplio y objetivo. A través de libros y textos que faciliten dicho conocimiento y estudios en nuestras escuelas y universidades.

A.A.A: El texto de la negritud se ha vuelto a colocar en los últimos años en América y en el Caribe como centro de debate y múltiples abordajes en el campo de las ciencias sociales y de las prácticas simbólicas. En el caso de Cuba ¿cómo observa Ud. las coordenadas culturales, sociales, políticas, intelectuales en que se ha venido desenvolviendo estos debates?

T.F.R: Pienso que te refieres al tema del hombre negro y de la mujer negra, de su participación social activa en la formación de nuestras sociedades caribeñas y americanas, y su situación actual, en particular, en nuestra Isla.  Nuestra situación no puede analizarse desligado de lo que ha estado ocurriendo en nuestro continente, donde las demandas sociales de los afrodescendientes han tratado de disminuir y borrar el origen histórico diferencial de ellos, pobladores forzados de nuestras tierras, instrumentos de trabajos, esclavos, por los pobladores de origen europeo. Los prejuicios enraizados entre nosotros se solapan y no dejan apreciar de manera objetiva la necesidad que tenemos de dar más atención y espacio, no sólo para debatir, como en cierta medida se hace; sino también para tomar medidas efectivas contra el no siempre invisible racismo y sus secuelas, como he podido conocer en los numerosos talleres en donde se han denunciado tales hechos. Los más altos dirigentes de nuestro Estado. Gobierno Revolucionario, y Partido han reconocido la existencia lamentable de la discriminación racial y de otros males, que se hicieron más visibles durante el periodo especial. Sin embargo, los pasos que se han dado no han sido suficientes. Y los pocos espacios ganados en esta dirección necesitan consolidarse mediante la adopción de una política de integración social, donde, no haya la menor duda, de la política revolucionaria en este frente. Cuba asistió a la Conferencia de Durbhan, como consecuencia de ella, y de las luchas internas de los afrodescendientes; en muchos países se han adoptado políticas muy concretas en cuanto a la enseñanza histórica de las culturas y etnias africanas trasplantadas mediante la trata, y sobre sus aportes e importante papel en la formación de nuestras nacionalidades. En Brasil, Venezuela, entre otros países, se aplica una política con el objetivo de beneficiar a amplios sectores de la población afrodescendiente urgidos de reivindicaciones. Debemos hacer más de lo que hemos hecho, y darlo a conocer, tanto interna como externamente, para que se conozca con objetividad lo que se hace. Expandir esas acciones y sumar, cada vez más, en esta campaña, a los miembros de nuestra sociedad.

A.A.A: Sin embargo entre los diferentes momentos (digamos el de la década sesenta y el actual) por los que ha atravesado en Cuba este proceso de visibilidad y reivindicación social del sujeto negro o afrodescendientes, existen diferencias no sólo contextuales, sino también metodológica, teóricas, nuevas preguntas, otro tipo de mirada y abordaje del fenómeno (al menos entre los más jóvenes.)Sin embargo en el plano de la investigación historiográfica se ha dicho que no existen avances metodológicos, que los libros producidos siguen anclados en la perspectiva positivista de que adolece una zona bastante influyente del ámbito de las ciencias sociales y la academia cubana.

T.F.R: En los primeros años de la Revolución resurgió el tema racial como una continuidad de la lucha del negro por sus derechos anterior a 1959. Debo llamar la atención que dicha continuidad surge como una demanda o interpelación al poder revolucionario sobre la representatividad del negro y para que se pronuncie, dé a conocer la política antirracista de la Revolución. He dicho, en más de una ocasión, que no puedo asegurar que el llamado realizado por el máximo líder de la Revolución Cubana en su discurso del 22 de marzo y publicado al día siguiente (Revolución, marzo 23, 1959) para combatir la discriminación y los prejuicios raciales, presentar propuestas y hallar una solución en este sentido estuviera motivado por los artículos de Juan René Betancourt (“La cuestión racial”. Revolución 17 de enero 1959:4; “Fidel Castro y la integración nacional” Bohemia Año 51, no. 7, 15 febrero, 1959: 66, b122-123), a pesar de las cercanías de las fechas entre estos escritos y la publicación del discurso.  

En mi nueva versión de El Negro en Cuba (1990,1994,1997), aún inédito: Los afrodescendientes en Cuba: Tendencias sociales, políticas, culturales y religiosa, examino los documentos que se publicaron en la prensa y la adopción de una estrategia, en particular, ante el temor de que ese debate fuera aprovechado por los que oponían al proceso revolucionario y buscaban destruirlo.

Poco después surgen algunas voces jóvenes con inquietudes literarias, intelectuales que, influenciados por Cesaire, Senghor, y Lamas; comienzan a escribir, a hablar, a reflexionar sobre la identidad del negro cubano. Walterio Carbonell (1920-2008) replanteó lo expresado por Betancourt en cuanto a la necesidad de la representatividad del negro en los diferentes niveles de la administración pública de nuestra sociedad. El propio Walterio Carbonell propuso, junto con otros, la inclusión de un espacio para hablar de la problemática racial en la Conferencia Tricontinental que se celebró en la Habana en esos años. Pero ese embrionario movimiento no prosperó. Recuerdo a Luis Escobar, en una conferencia del intelectual martiniqueño Bangou, emplear la categoría cultura cimarrona, al referirse a la literatura no reconocida por la academia y por las instituciones oficiales.

Ahora me viene a la mente un juicio, que, en una conversación, me manifestó la actual Premio Nacional de Literatura y Presidenta de la Sección de Escritores de la UNEAC, Nancy Morejón: “era mejor que esos jóvenes negros tuvieran preocupaciones intelectuales, y pensaran, a que se dedicaran a actividades delictivas”. Por otra parte, lo que apreciamos en la actualidad es una mayor expansión de la conciencia de que somos cubanos, ante todo, como bien dijera nuestro Martí, pero que, por muchas razones, los cubanos negros, a pesar de todo lo que hemos avanzado durante el período revolucionario, seguimos teniendo muchos problemas, algunos ya casi históricos, otros, tal vez de nuevo tipo.  Ahora no se ven solo a jóvenes o no jóvenes, hombres y mujeres intelectuales o no, señalando sus preocupaciones, sino también a santeros y santeras, babalawos, paleros, abakuas, y sumados a ellos los raperos, provenientes, muchos de ellos, de los sectores más populares de nuestra sociedad. Todos abogando por mejoras y cambios positivos de nuestra sociedad como una forma de combatir los prejuicios raciales. En la actualidad, hay una mayor participación de todos los miembros de las diferentes clases sociales en este batallar para disminuir, hasta su desaparición, las lacras que la diferencia de origen étnico, y la no adopción de políticas inclusionistas por parte de los gobiernos de Cuba Colonial, a partir de abolición de la esclavitud; políticas que tampoco fueron contempladas por los gobiernos republicanos. La Revolución confió excesivamente en el llamado a la conciencia individual y colectiva para combatir el racismo, y en su posición de no permitir y alentar acciones discriminatorias.

Sin embargo, al no proyectarse un programa específico para combatir el prejuicio racial, y sus acciones concretas de discriminación y exclusión, los elementos reproductores de las ideas racistas tuvieron la vía libre para expandirse bajo formas a veces muy sutiles, otras, de modos más descarnados.

 Ahora nos encontramos en un momento muy importante, en mi opinión decisivo, similar, en cierto sentido al ocurrido en 1959, pero muy superior porque hemos adquirido una experiencia que debe servirnos para no caer en los anteriores errores. La Revolución, en sus más altos niveles, ha reconocido la existencia de la desigualdad racial, y hay una conciencia más generalizada, en la mayoría de nuestra población, de la lucha que se debe emprender en este campo. Uniendo todos los factores en una estrategia y política participativa, podemos comenzar a avanzar por el camino correcto, y obtener logros que pueden ser paradigmáticos para otros pueblos donde se combate también el racismo contra el negro y contra el indio. Juan Marinello señaló que Cuba parecía estar predestinada para ese fin, y Fernando Ortiz expresó que en Cuba se había avanzado más en la lucha contra el racismo que en otros países. Seamos coherentes y dignos con la continuidad de esos criterios.  

 A.A.A: Existen autores como Roberto Zurbano, Inés María Martiatu y Lázara Menéndez que están produciendo textos y haciendo análisis con un instrumental mucho más actualizado, propio de campos como los estudios subalternos, poscoloniales y los estudios culturales, e incluso de la teología de la liberación y con una perspectiva analítica que apela a la multi-trans-diciplinariedad. ¿No crees que ha existido la falta de diálogo que permita aprovechar los avances teóricos y las nuevas categorías y marcos interpretativos que van colocando estos autores?

Lázara Menéndez. Alexander Hall, Deysi Rubiera Castillo y Roberto Zurbano en el Callejón de Hamel.

T.F.R: Creo en el riguroso cumplimiento de las leyes del materialismo dialéctico. Hasta ahora, todos los que estamos reflexionando sobre la problemática racial, para hallar una solución que haga realidad el pensamiento de Antonio Maceo, nada de pedir como negro, todo como cubano. Lo hemos hecho con el aparato crítico que hemos tenido. No somos pocos lo que tenemos en cuenta las contribuciones y categorías que manejaron los  que  nos antecedieron en este combate:  Juan Gualberto Gómez, Urrutia, Walterio Carbonell, por citar tres de los que ya he mencionado con anterioridad, y por supuesto, conocer los que están escribiendo sobre el tema en la Isla o fuera de ella, como los que publican en Temas, Caminos, Catauro, Criterios, América Negra, Encuentro de la Cultura Cubana,  la Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, Del Caribe, Casa de las Américas y  Anales del Caribe, entre otras revistas.

Fracasado el intento de revivir la Sociedad de Estudios Afrocubanos, en los años iniciales de los noventa, por un grupo pioneril entre los que se encontraban Tato Quiñones, Lázaro Buría, y Robaina, a los que se sumaron decenas. Algo más tarde surgieron, de manera espontánea, pero reflejando la necesidad del diálogo, del debate parcelas pequeñas, limitadas, pero que sumadas han contribuido a la existencia de una discusión constructiva, informativa, reflexiva, que ha influido, no en la medida que todos hubiéramos deseado, en la búsqueda de vías para combatir científicamente las secuelas del racismo en nuestra sociedad. Leyda Oquendo fundó  su aula José Luciano Franco, en igual medida, el Programa Color Cubano, auspiciado por la UNEAC, lidereado por Gisela Arandia; el Simposio del Hip Hop, los cursos de verano sobre la historia del negro en Cuba que se han brindado en la Biblioteca Nacional José Martí  y en la Casa de África, en la Habana Vieja, el movimiento de yorubización entre los babalawos y santeros; las  agrupaciones y organizaciones que existen, como la Cofradía de la negritud, que trata de colaborar con la Revolución haciendo ver las áreas de insatisfacciones sociales de amplios sectores de la población negra. Considero que cada una de las entidades enunciadas han contribuido a la existencia de los espacios de debate, y a dar algunos pasos, como el lograr la existencia de las comisiones sobre la problemática racial a nivel del Comité Central del Partido. Todo se irá articulando, encontrará su centro de convergencia cuando lo que hacemos sea más conocido, reconocido, sobre todo el empeño superior que nos ánima, de una sociedad más justa, más equitativa, verdadero paradigma en este campo, como ya lo somos en otros.

A.A.A: Del programa del PIC ¿cuáles puntos tú, después de cien años, suscribiría?

T.F.R: Comenzaré por recordarte el artículo de Victor Cuella Vizcaino “El gozo callado”, donde relata su conversación, con viejos independientes, quienes le comentaron la alegría que sentían al ver satisfechas muchas de las demandas enarboladas. Por supuesto, yo los suscribiría todos, porque todos persiguen objetivos nobles. No pocos de ellos fueron satisfechos mucho antes del triunfo de la Revolución, como consecuencia de la lucha del movimiento obrero cubano, otros se han visto materializados más plenamente después de 1959. Pero lo que sorprende es su permanencia sobre la demanda de representatividad de los negros en los niveles de la administración pública, fundamentalmente; en el cuerpo diplomático, demanda aún no satisfecha plenamente. Mas no solo las demandas anteriores: la historia posterior ha evidenciado que las propuestas del PIC pudieron ser una alternativa, una opción viable para la existencia de un equilibro y una mayor justicia social para todos los cubanos, porque como bien se dice en el Acta de Constitución, los Independientes no pretendían gobernar a nadie, sino que se nos gobernara bien. Un análisis objetivo de su programa nos permite apreciar que en sus consideraciones no hay ni un solo elemento racista, sino más bien una tendencia muy integradora, pero desde el modo que tenían para manejar estos asuntos los políticos de entonces. Un partido racista postula la superioridad de la raza de sus miembros, los Independientes, por el contrario, se declaraban liberales. O sea que se pueden estudiar como un desmembramiento del Partido Liberal que, por supuesto, en esencia no era racista por admitir en sus filas a blancos y negros. Tal vez el nombre de Partido Independiente de Color, pueda considerarse un error, al abordar su historia, pero para los que en ese momento lo adoptaron tuvo que tener este nombre una significación muy especial, ya que las promesas que se hacían en vísperas de las elecciones, eran letras muertas una vez que alcanzaban las plazas de representantes, senadores. Deberíamos reflexionar de modo más profundo acerca de este Partido, y de su programa para deshacer el mito de que fue un partido racista, además de subrayar su trascendencia histórica, no solo en Cuba, sino que en toda América. Parece haber sido el primer partido integrado solo por negros de los países negriblanco.

A.A.A: ¿Cómo caracterizarías al proceso social del negro en Cuba hoy en comparación con etapas anteriores?

T.F.R:No me resulta difícil caracterizar al movimiento social del negro cubano, desde el punto de vista histórico, como uno de los más progresistas desde la Colonia hasta su aparente desaparición al triunfar la Revolución Cubana, pues como bien te expresé, en respuestas anteriores, muchas de las reivindicaciones urgentes de amplios sectores de nuestra sociedad fueron satisfechas, parcial o totalmente, en los años posteriores a 1959. Las demandas de nuestra población negra se concentraron siempre dentro de un discurso social antirracista, en relación con las oportunidades de trabajo para quienes tenían el nivel requerido para desempeñar puestos laborales, y eran marginados, por sufrir ese plus dolor, del cual nos habló Urrutia, por ser negros. Así como las medidas no legales, pero tradicionales que les impedían el acceso a ciertos hoteles, restaurantes, balnearios, a la posibilidad de alquilar casas y apartamentos en algunos edificios. Se trataba de avanzar dentro de los códigos sociales implantados por la educación y la cultura eurocéntrica, el avance, como ya dije, sólo era posible alejándose de todo lo que nos recordara nuestros ancestros negros, venidos de África, de Haití, del Caribe. No pocos de los cubanos negros respondieron a dicha política desculturadora de forma plena, otros simularon, y siguieron apegados a sus culturas ancestrales, surgiendo lo que muy bien se le ha dado en nombrar intelectuales vernáculos, hombres y mujeres, portadores de esas culturas e historias negadas, que no demandaban mediante un discurso intelectual teórico sus derechos a ejercer esas culturas, sino que simplemente las practicaban, se apropiaban de los espacios. Fueron verdaderos sabios que mostraron que, realmente, no hubo un triunfo total de la cultura de la clase dominante, sino que las verdaderamente victoriosas, fueron las culturas y religiones de los históricamente marginados. Ahora la situación se ha complejizado, y en el seno de ellas existen tendencias que bien evidencian sus dinámicas particulares, que forman parte de un fenómeno general que se aprecia en todas las sociedades de población blanca y negra.

A.A.A: Hace poco hubo una polémica entre dos investigadores cubanos: Esteban Morales y Enrique Patterson a partir de un ataque que le hiciera el primero en  su escrito «El tema racial y la subversión anticubana» ¿No crees que hacer pasar un tema tan sensible como el de la problemática racial por las orejas del esencialismo político impide articular nuestros debates y discusiones desde otras lógicas y posicionamientos históricos, culturales, regionales, globales, y humanos más urgentes y trascendentales? ¿Qué opinión te merece esta polémica en cuestión?

T.F.R: Para nadie es un secreto, que en dicho debate Esteban Morales salió muy mal parado. Para debatir sobre algo tan delicado, sensible como la cuestión racial, hay que manejar una información objetiva, tener un conocimiento real de lo que se está criticando. Sin información, conocimiento, y honestidad en el empeño que nos impulsa al combate, nos exponemos al ridículo. Todo lo anterior debe ser tenido más en cuenta si vamos a polemizar con alguien, con quién podemos estar de acuerdo o no, y, sobre todo, si pretendemos hacer ese debate en un plano internacional donde serán muchos los que tendrán la posibilidad de acceder a esa discusión. El resultado ya es conocido.

Tomado de https://afromodernidades.wordpress.com/2010/03/09/tomas-fernandez-robaina-reflexiona-a-proposito-del-centenario-del-p-i-c/

Destacada

Tomás Fernández Robaina: lo cimarrón como una ética de vida. Por Alberto Abreu Arcia

Murió Tomás Fernández Robaina. Aunque la noticia, desde hace tiempo, era una realidad inminente para la cual muchos de sus amigxs intentamos emocionalmente prepararnos. Ahora, que es un hecho consumado, no deja de sumergirme en el letargo y abatimiento. ¿Cómo lidiar con esta sensación de vacío, que no se limita solo al deceso del amigo, sino también del hermano de lucha, del experimentado e indómito militante antirracista?

Su fallecimiento ocurre en un contexto muy peculiar para el Movimiento Afrocubano y sus luchas. Voy a traer a estas páginas la noción de «campo de interlocución» propuesta por Alejandro Grimson, porque considero que la misma, como ninguna otra, describe el actual escenario de la lucha antirracista en Cuba. Dicha categoría designa a un espacio «dentro del cual ciertos modos de identificación son posibles mientras otros quedan excluidos» (2011: 179).  Y, «donde los actores y los grupos se posicionan como parte del diálogo y el conflicto respecto de otros actores y grupos». De ahí que circulen representaciones divergentes sobre una temática de interés común. Tales disputas dentro de un campo de interlocución, de una manera u otra, aluden a las contiendas sobre la propia definición del campo. «Es decir que un campo de interlocución implica una economía política de producción de identificaciones» (2011: 179).

El 1) «reconocimiento» oficial de la existencia del racismo y la discriminación racial y la creación de un Programa Nacional al respecto; 2) el arribo de una nueva generación al campo cubano de la negritud con nuevas propuestas, interrogantes e intranquilidades epistémicas, identitarias y políticas; 3) la existencia de un escenario político y social cada día más complejo para la nación marcado por una crisis económica sin precedentes y los desastrosos efectos de una galopante inflación cuyo impacto en la población afrodescendiente resulta más alarmantes. Constituyen, a mi modo de ver, las coordenadas fundamentales que, en el presente, articulan las lógicas y dinámicas de este campo.

Si, por un lado, la primera de estas coordenadas es el resultado de las presiones y demandas enarboladas, desde hace décadas, por el Movimiento Afrocubano y la heterogeneidad de voces militantes en el mismo, quienes —a través de diferentes fórums, plataformas digitales e innumerables números artículos— exigieron al Estado romper el silencio sobre el racismo y abrir el debate público sobre el mismo. Por otra parte, la misma ha transformado el actual escenario de la lucha antirracista cubana en un espacio de competencia por el reconocimiento oficial, unido a la voluntad de un grupo de actores posicionados en ciertos segmentos de la academia —para quienes hasta hace cerca de una década la problemática racial cubana era un «no tema» —por monopolizar y capitanear dicha discusión.

Desde luego, que esta problemática no es nueva, forma parte de las contiendas discursivas y las luchas interpretativas que, desde principio de milenio, atraviesan el campo cubano de la negritud. Sin embargo, a medida que el «reconocimiento» oficial de esta problemática racial se ha hecho más visibles o se ha traducido en acciones y estrategias más concretas por parte del Estado y su sistema de instituciones. Se han desplegado un grupo de estrategias encaminadas a lograr la invisibilidad y borramiento de ciertas voces «incómodas» con una marcada influencia en la historia del Movimiento Afrocubana de las últimas tres décadas. Lo que supone la consecuente e irresponsable negación de un pasado de lucha y de producción de conocimiento enunciada desde el activismo que son el producto acumulado de ese campo y su propia historia.

No por azar, en esta coyuntura, mucha/os: ávidos de liderazgo y protagonismo han hecho del oportunismo político (entiéndase por esto los continuos guiños y galanteos al poder para demostrar que se es «políticamente confiable») una práctica recurrente que busca el reconocimiento oficial. Es decir, la legitimidad que les permita, por una parte, convertirse en interlocutores directos con el poder para la problemática racial, y, por otra, la «autoridad» para hablar oficial y públicamente en nombre de la/os negra/as y, al mismo tiempo, velar porque sus luchas y demandas reivindicativas se mantengan dentro de los límites establecidos. O sea, que no transgredan o vulneren los preceptos, sanciones, regulaciones, narrativas y perspectivas epistémicas del campo político.  Entorpeciendo no solo la relativa autonomía del campo cubano de la negritud que, como todo campo tiene una historia y tradición independiente del poder, sino la construcción de una verdadera agenda antirracista que tome en cuenta las complejas y heterogéneas fuerzas que hace desde décadas, a través del Movimiento Afrocubano, han venido forjando y manteniendo viva una tradición de lucha contra el racismo cuando el mismo era políticamente incorrecto.

Considero sintomático que sea precisamente en esta coyuntura donde las nociones de articulación (Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, Stuart Hall, Bruno Latour y Donna Haraway), descolonial se convierten en rótulos de moda, que corren el riesgo de perder todo su potencial teórico-político para describir la conformación de prácticas y sujetos políticos. Y terminen homologándose con la de homogeneidad, ratificando a un sujeto político monolítico.

Es precisamente en el escenario que acabo de describir donde el deceso de Tomás Fernández Robaina nos coloca frente a un vacío insalvable. Tomás hizo de lo cimarrón una ética de vida. Hasta sus últimos días fue muy crítico e intransigente con toda postura de oportunismo y el arribismo dentro del Movimiento Afrocubano. Cuando hablar de la del racismo antinegro cubano conllevaba a severas reprimendas y exclusiones políticas. (Recordemos que su libro El negro en Cuba 1902-1958 tuvo que esperar quince años en las editoriales hasta conocer finalmente la letra impresa). Tomás tuvo que lidiar con las amonestaciones y el desprecio de funcionarios, intelectuales y académicos cubanos. En cambio, años después aquellos negadores del racismo eran presentado, por el discurso oficial, como las voces autorizadas para hablar del tema en Cuba. Él nunca los olvidó.

Tomás Fernández Robaina resultaba incómodo. De ahí los intentos por silenciarlo, ningunearlo, desplazarlo. Tomasito, (quien para más seña era un maricón como dicen en mi barrio convicto y confeso) tuvo que luchar contra esto y contra la machanguería oficialista de una negrada también homofóbica. Diría que empleó bastante energía en esa lucha. Por eso, no dudo que su ausencia resulte conveniente para mucho de estos oportunistas. Una piedra menos en sus zapatos.

Trabajador incansable. Hasta hace apenas unos meses, cuando la enfermedad le fue restando el ímpetu físico e intelectual para acometer grandes proyectos, y como no podía estar sin sentarse frente a la laptop empezó a escribir sus sueños. Me contaba Elio, su asistente, que se levantaba y escribía lo que había soñado. En una ocasión, mientras hablábamos por teléfono, lo interpelé sobre la veracidad de este hecho. Se limitó a contarme el sueño había tenido la noche anterior. Era alucinante y revelador. Su último gesto público como intelectual y de compromiso por el Movimiento Afrocubano en el cual no sólo militó, sino que fue una de sus figuras cimeras, fue la firma de la «Declaración a propósito de la Cumbre Internacional Afrodescendiente de Puerto Rico y del panel “Las islas que se vacían. El caso de Cuba”».

Todas las mañanas, puntualmente, a las ocho, a veces antes, me llamaba por teléfono. Así fue hasta que la salud se lo permitió. Eran como matutinos. Las llamadas no pasaban de los tres minutos. Nos dábamos los buenos días, intercambiábamos chismes o comentábamos algún hecho relevante y los planes que teníamos para ese día.

Al morir deja una obra cuyo valor y trascendencia es imposible prever. La afirmación puede parecer un lugar común. Una frase hecha que decimos de todo intelectual cuando acaba de fallecer. Sin embargo, en su caso la magnitud de su producción intelectual es totalmente desconocida incluso por muchos de sus admiradores y colegas en la isla. Quienes, a veces, solo ven en él, al maricón que la desbordante y caustica imaginería de Reinaldo Arenas inmortalizó como «La Goyesca».

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En su fecunda labor concurren y entrecruzan diversos campos disciplinarios. En el primero y más relevante, se inscriben sus estudios sobre la historia del negro en Cuba, sus contribuciones no solo en la gesta de un pensamiento anticolonial, sino también de una tradición propia teórica enunciada desde su propio cuerpo racializado. Esta zona de su obra sobresale por su dimensión arqueológica, por lo rigurosa y bien documentada de sus pesquisas. Por la manera en que desciende al basurero de la historia oficial en busca de aquellos nombres, documentos, sucesos protagonizados por negra/os que la historiografía oficial y los discursos del nacionalismo cubano, desde su afán por construir un paradigma de nación y cubanidad blanco excomulgaron. En esta línea produjo títulos como: El negro en Cuba 1902-1958 (1990), Cuba: personalidades en el debate racial (2008) e Identidad afrocubana: cultura y nacionalidad (2009), Antología cubana de pensamientos antirracistas, La cuestión racial en Cuba Pensamiento y periodismo de Gustavo E. Urrutia (2018)los cuales son de lectura ineludiblepara entender los complejos y contradictorios procesos de lo que ha sido el devenir del negro en la nación cubana.

Pasando por sus múltiples investigaciones sobre los imaginarios del deseo diferente en Cuba. En este campo nos ha dejado textos de un valor inestimable para los archivos de la disidencia sexogénerica en Cuba. Se trata de escritos que asumen la urgente y compleja tarea —en medio de tantos gestos de borradura y desmemoria— de diseñar una arqueología y genealogía sobre el devenir del Movimiento LGBTIQ+ en la isla, a partir de sus gestos de resistencia y contestación durante las décadas del sesenta, setenta, y ochenta marcadas por la UMAP, las casi diarias redadas policiales contra los gays y otras las prácticas de autoritarismo, la homofobia, la represión y el disciplinamientos de los cuerpos. Codificados en la manifiesta voluntad del discurso político de aquellos años por construir al «hombre nuevo» como arquetipo del nuevo sujeto revolucionario.

En su libro Hablen paleros y santeros (1994) nos ofrece un dato sorprendente sobre la existencia de una Asociación de Lesbianas en Cuba las cuales adoraban a Obatalá y a Inlé.  Pero su estudio más ambicioso y controversial en esta vertiente, y el menos conocido o atendido, sin lugar a dudas, fue «El proyecto revolucionario y los homosexuales» una monografía cargada de datos y referencias desconocidas como la existencia de La Organización Nacional de Entendidos (ONE) a la cual le consagra varias páginas. En este punto, el análisis de Tomas se coloca como una contranarrativa que impugna aquellos presupuestos y referentes históricos sobre los que se erigen los intentos(Diego Falconi Trávez «La leyenda negra marica: una crítica comparatista desde el Sur a la teoría queer hispana») derevisión del legado genealógico de la teoría queer/cuir latinoamericana escrita en castellano y enunciada desde la academia estadounidense e inglesa.  

Sus investigaciones en el campo de las religiones afrocubanas, desde aquella temprana Bibliografía de estudios afroamericanos  con prólogo Argeliers León aparecida en 1968; pasando por Hablen paleros y santeros hasta aquella ponencia titulada «Santería y candomble: dos versiones de la religiosidad de los yorubas en Cuba y en Brasil» presentada en LASA del 2009; constituyen lecturas ineludibles para el estudio de los complejos procesos culturales, históricos y sociales por los cuales ha transitado la nación cubana y rol que dentro de los mismo han desempeñado los sujetos subalternos. Además de otros ensayos como: «Género y orientación sexual en la santería» (2005) donde se entrecruzan los ejes de raza, sexo y religiosidad.  Y reflexiona sobre la exclusión de las identidades no heteronormativas en el mundo de la religión afrocubana.

Víctor Fowler, en las palabras de elogio que le dedicara en marzo del 2021 cuando le fuera conferida la Distinción por la Cultura Nacional, asevera que Tomás es uno de los grandes bibliógrafos cubanos «como han sido entre nosotros Antonio Bachiller y Morales, Carlos M. Trelles, Fermín Peraza, Araceli García Carranza […] son organizadores de conocimiento con elevado manejo de información y un fino juicio crítico, intelectuales de sus tiempos». Y argumenta: «En este, su campo como profesional de alto nivel, Fernández Robaina es hacedor de obras tan relevantes como las Bibliografía de José María Heredia (1970), Bibliografía de bibliografías cubanas (1974), Bibliografía de la mujer cubana (1985), Bibliografía de temas afrocubanos (1986) y esa gran contribución que fue haber creado el Índice general de publicaciones periódicas, repertorio de importancia enorme para el estudio de la cultura cubana en el período revolucionario». Y recuerda Fowler, con toda justeza, como: «En años recientes, tal esfuerzo se ha visto complementado por textos en los cuales él analiza u homenajea la obra de colegas, como se ve en sus Apuntes para la historia de la Biblioteca Nacional José Martí (2001) y en Crítica bibliográfica y sociedad (2011)»

Hace unos meses me vi precisado a rearmar su currículo. (Tomás lo había extraviado y era uno de los documentos que debía entregar para su nominación al Premio LASA a la Excelencia Académica en los Estudios sobre Cuba, 2024). Confieso que, en tantos años de amistad, por primera vez, tuve conciencia de la vastedad de su producción intelectual y de su labor como docente.  Finalmente logré armar 25 páginas. Donde se recogía su participación en eventos internacionales, cursos, publicaciones de libros, folletos, analíticas de fuentes seriadas que se remontaban a finales de la década del sesenta. Las cuales —como observaba Maikel Pons en el primer borrador que confeccionamos de la propuesta de argumentación—  nos colocan frente a un intelectual que ha realizado un aporte sustancial al conocimiento de la cultura cubana. «Fernández Robaina ha dedicado su vida a enriquecer el campo de los estudios cubanos y afrocubanos, demostrando una inquebrantable pasión por divulgar la rica historia y cultura de Cuba. Sus contribuciones van más allá del ámbito académico, extendiéndose a su participación activa en instituciones culturales y su papel como puente entre Cuba y la comunidad internacional».

No fueron pocas las ocasiones que sus amigos y colegas, desde diferentes instituciones, lo propusimos para los premios nacionales de Investigación y de Historia. Nunca se lo dieron.  (Incluso la Distinción Por la Cultura Nacional es algo que se le entregó tardíamente, cuando ya estaba a punto de morir). Siempre que esto ocurría, Tomás no parecía molestarse. Nos decía, que él estaba convencido que el verdadero reconocimiento a su obra llegaría después de su muerte.

Tomás, como la mayoría de los pájaros de su generación, siempre se jactó de ser un defensor a ultranza de los binarismos en lo que respecta a los roles sexuales. Para él solo existían los rótulos de tortillera, maricón y bugarrón, esas cuestiones de lo queer, eran «cosas» o «modas» actuales con las cuales no estaba de acuerdo. Sin embargo, hace un par de veranos, cuando viajó a Cárdenas para pasar unos días conmigo vimos juntos las dos temporadas de Pose. Estaba realmente fascinado. Muchos de los escenarios de la serie eran familiares de sus viajes a los Estados Unidos y sus incursiones en aquellos espacios de ligue gay.

Al mismo tiempo, era un gran conocedor de los prostíbulos, bares, solares habitados por sujetos desclasados en La Habana de los años cincuenta y en los cuales nació y se crió.Desde hace tiempo venía expresándole mi voluntad de entrevistarlo sobre sus recuerdos en torno a la presencia del negro en los espacios urbanos de la disidencia sexual y los imaginarios del deseo otro en La Habana de los años cincuenta para la antología Cuerpos de las sombras: negritudes y afrodisidencia sexual en Cuba que preparo con David Tenorio.

Entrevistar a un hombre octogenario como Tomás, —con los malestares que se derivaban de su cáncer de próstata y otros padecimientos neurológicos consecuencias las sucesivas isquemias que sufrió—era todo un reto. Y al mismo tiempo una urgencia. Una lucha que debíamos librar contra la mala memoria que siempre ha padecido la nación cubana. Alexander Hall, quien lo había entrevistado en una ocasión, volvió a abordarlo con el objetivo ampliar los que considerábamos ciertos silencios de aquella primera entrevista.Sin embargo, Tomás continuaba comportándose evasivo, sinuoso. Decidí interpelarlo directamente, sin intermediarios y de manera incisiva, frontal. Para ello elaboré un cuestionario donde retomé lo que consideraba los puntos de indeterminación o agujeros negros en su conversación con Alexander. Elio Enrique González Patterson —su asistente y heredero— grabó en un video que posteriormente transcribimos.Donde Tomas, sentado en una butaca en la sala de su casa, imperturbable, más bien desafiante mira a la cámara. A veces, hace un silencio descomunal y esquiva la pregunta diciendo que no entiende. El resultado de aquella entrevista fue un texto cargado de asaltos y provocaciones a la memoria de un período de la nación sexuada cubana poblada de héroes, eventos y escenarios que nunca figuran en nuestros librosde historias donde se narran las grandes epopeyas de la nación.  Donde Tomás vuelve a contar determinados eventos relacionados con el descubrimiento de su sexualidad, que vivió siendo en niño, en una cuartería de San Isidro donde había un cuarto sin cama, y cuatro hombres de diferentes edades, trabajaban como zapateros desde las ocho de la mañana hasta por la tarde. Cuenta que él se asomaba a ver qué hacían, hasta que uno de ellos le dijo que le enseñara mi pipi. Lo hizo y ellos también hicieron lo mismo. Esto, según Tomás sucedió varias veces, hasta que una vecina se lo contó a mi madre. Después de la denuncia a la policía y del escándalo tremendo que se formó, los zapateros abandonaron el solar.

En el 2021, para sus ochenta años, el Club del Espedrum invitó a un grupo de prominentes académicos, intelectuales y activistas (Alejandro de la Fuentes, David Tenorio, Agustín Laó Montes, Julie Skurski, Julio Cesar Guanche, Julio Moracen, Matt Pettway, Williams Luis, Jossiana Arroyo, Maya Berry, Maikel Colón y Sandra Álvarez) a que enviaran unos videos de apenas dos minutos felicitándolo. La casi totalidad de ellos, van más allá de las palabras de felicitación al intelectual octogenario y reflexionan sobre el impacto de Tomás en su obra y su vida como académicos.

Voy traer, a manera de cierre de este artículo, la transcripción que realicé algunas de estas felicitaciones. Considero que las mismas constituyen un testimonio importantísimo y de primera mano sobre el alcance del magisterio que ejerció Tomasito más allá de nuestras fronteras.

Jossiana Arroyo: «Como amiga pues te doy las gracias siempre por tu hospitalidad por ser el lugar donde siempre mucho de nosotros llegamos enseguida que pisamos La Habana. Por ser un espacio de diálogo. No siempre estás de acuerdo con nuestras ideas y viceversa, pero es un dialogo que siempre se mantiene abierto y lleno de posibilidades»

Julie Skurski: «Para mí, su trabajo intelectual está entremezclado con su práctica de la amistad como principio ético. Parte de su existencia cimarrón es su negación a separar el pensamiento de la emoción. La racionalidad de la pasión, el análisis del goce, es un apasionado pensamiento sobre Cuba y el mundo…» Recuerda Skurski la posibilidad que tuvo «de presentar, hace más de 10 años en el Congreso de Estudios Cubanos en CUNY su libro Misa para un Ángel sobre su amistad y diálogo, desde este otro mundo con el escritor Reinaldo Arenas. Al presentar su libro, combinación de recuerdos, entrevistas, sueños, invocaciones a los espíritus entendí mejor el sentido de lucha que unifica a los trabajos de Tomasito. Dirigiéndose a Arenas expresó su perspectiva: siempre hay que estar luchando, la sociedad perfecta, justa, horizontal y verticalmente está muy distante aun. La dinámica en el quehacer, en la constante rebeldía, la tenacidad y firmeza en las acciones de demandas reivindicativas. No puede haber solo condenas. El odio y el dogma son los enemigos más peligrosos de la inteligencia. Yo creo que en estos momentos tan difíciles que estamos viviendo en el mundo no hay mejor manera [que ésta] de definir la memoria crítica que necesitamos»

Maya Berry: «Lo que Tomasito ha representado para mí y para muchas personas en el mundo académicos, activistas culturales no tiene cálculos. Ha sido una fuente de sabiduría, una brújula de compromiso y una inspiración constante. Me crecí como investigadora y luchadora mirando tu ejemplo brillante, más allá de tus trabajos escritos».

Julio Cesar Guanche: «La antología del pensamiento antirracista es un monumento a lo que es la cultura cubana desde una concepción anticolonial, una concepción democrática, una concepción de justicia, de inclusión racial y social en el cuerpo de lo cubano. Desde esa lógica su labor de investigador ha sido y seguirá siendo fundamental para todos los cubanos, no solo para los investigadores, sino para la propia nación cubana. Yo creo que su obra, como otros grandes de su estirpe, vamos a decirlo así, realmente forma parte de lo mejor que hemos tenido en el pensamiento cubano, no solo antirracista, sino también del pensamiento nacional que hemos tenido en Cuba a lo largo del siglo XX».

Agustín Laó-Montes: Tomás Fernández Robaina es: «Una de las más eminentes y elocuentes voces de la intelectualidad afroamericana y de su activismo contra el racismo y todas las injusticias que se entrelazan. Tomasito, cimarrón siempre, como él mismo se identifica, es un archivo vivo de la afrocubanidad. Su memoria es una fuente imprescindible que ha nutrido a muchas personas a través del mundo, en vista de su generosidad y compromiso con el conocimiento en aras de la liberación. Legítimo hijo de Oggun, es un luchador incansable, su espíritu joven, su robusto impulso de vida y su fino sentido del humor, le dan un fabuloso don de gente».

Bibliografía:

Grimson Alejandro (2011) Los límites de la cultura Crítica de las teorías de la identidad, Buenos Aires: siglo XXI, editores.

Destacada

Maryse Condé: como si la Historia no fuera más que una invención del presente Por Alberto Abreu Arcia

A propósito del reciente fallecimiento de la Premio Nobel de Literatura Maryse Condé, quiero compartir con dos cosas: la primera, es un fragmento de la ponencia “Como si la historia no fuera más que una invención del presente” leída en uno de los paneles durante la Semana del Autor, que Casa de las Américas le dedicara (16 y 19 de noviembre del 2010). Lo segundo son varias fotos. Unas del referido panel y otras donde aparecen esas tres grandes del pensamiento y la literatura afrocaribeña: Inés María Martiatu (Lalita), Georgina Herrera y Maryse Condé.

En cuanto al fragmento de aquel texto leído hace algunos años en Casa de las Américas y en presencia de su autora. Espero que el mismo nos permita comprender el impacto y la grandeza de la producción literaria de Maryse Condé: sus continuas interpelaciones y descalces a esos preceptos sobre los cuales descansa la escritura de la historia como herencia ilustrada. Los diversos modos en que ella (Maryse Condé) se apropia, re-crea la palabra del subalterno (el esclavo, la bruja, esas criaturas desarraigadas excluidas de la historia oficial, los discursos encontrados de los sectores populares); imposible de encerrar dentro de la materialidad de los archivos de la historia oficial. Y es que estos otros relatos de vidas, estas otras Historias habitan solo en los pliegues de la memoria, las irreverencias de la oralidad, el rumor que desafían la aparente estabilidad de las instituciones y representaciones sociales, sus regulaciones y normativas.

Como si la Historia no fuera más que una invención del presente…

A través de estos tres emplazamientos la identidad racial negra deja de ser definida desde una mecánica oposición a la identidad blanca. Ambas se nos revelan como construcciones que son el resultado de un proceso modelador de subjetividades; inscriptas dentro de discursos, prácticas, contextos históricos, instituciones y estrategias enunciativas muy específicas. Pero también como resultado de negociaciones, pactos, camuflajes y gestos de cimarronaje cultural. “¡Repite, amor mío! Lo que cuenta para el esclavo, ¡es sobrevivir! ¿Quizás te imaginas que yo creo en la historia de la Santísima Trinidad? ¿Un solo Dios en tres personas distintas? Pero eso no tiene importancia. Basta con aprenderlo. ¡Repite!” Sobrevivir, como ven es la divisa del esclavo John Indio en Yo, Tituba…y su estrategia es el camuflaje.

 Es decir, lo negro no es una categoría que puedan pensarse estática, homogénea, en tiempo lineal. Nuestras dolorosas historias como afrodescendientes han estado englobadas dentro de procesos complejos de poder y exclusión. En un juego de differance. Constantemente desestabilizadas por lo que excluyen. Un crítico, como el jamaicano Stuart Hall, tan perspicaz para explorar las tramas e instersticios teóricos de la identidad racial negra califica de “radicalmente perturbador” este reconocimiento que se logra a través de la relación con el Otro, con lo que no se es, con lo que precisamente le falta. [1] Lo que Dubois, desde otra perspectiva ha descripto como el dilema de la doble conciencia criolla negra.

Es decir, mi intención es subrayar como en la obra de Maryse Condé la identidad racial negra es un constructo inscrito dentro de un escenario cambiante, en tensión con otras estructuras sociales (estados, economías, universidades, familias, de identidad, geografía, conocimiento) y en continua interrelación con procesos de producción y consumo cultural, formaciones de clase y género, valorización y difusión del conocimiento.

Esta enumeración no es gratuita, por el contrario resulta medular para entender por qué en la textualidad y el discurso literario de Maryse Condé, la reescritura de la historia abarca una constelación de procedimientos que van desde juegos intertextuales (apropiaciones, citas) de obras emblemáticas de la historia literaria occidental (Cumbre Borrascosas, Las brujas de Salem), pasando por uso de la oralidad, el etnotexto, los mitos y leyendas de la tradición africana; gestos, rezos y otras prácticas provenientes del mundo de la brujería, además del chisme (lo que se oye y se repite) y los discursos evocativos de la memoria personal o colectiva los cuales dan voz a las percepciones, que tiene el sujeto afrocaribeño de su imaginario y los diferentes eventos de su historia.

El objetivo de estas páginas, de aquí en adelante, será explorar tales procedimientos no sólo como estrategias escriturales que, en el plano de la representación, buscan hacer audibles la compleja conciencia del sujeto subalterno, sino también las transgresiones y grietas que tales procedimientos; a partir del rumor (entendido como lo “incierto”  o lo presuntamente “falseado” por la voz popular o la fabulación literaria) provocan en la autoridad de los relatos maestros de la historia occidental, sus nociones de certeza, seguridad, lo probable. Lo que Spivak llama “la piedra angular del edificio de la verdad histórica”. Y que han servido de garantes a esa escritura y filosofía de la historia como discurso disciplinario que la modernidad-colonial occidental fundó entre nosotros.

“No entendían nada de nada. Sí, me gusta decir mentiras. Porque la mentira tiene su poética. La mentira embellece. ¿La verdad? No se me ha perdido nada con ella. Yo transfiguro la verdad. En suma, tengo dotes para ser el escritor que le hace tanta falta a este país.”

Responde Jeff, uno de los dos personajes de la pieza teatral “Como dos hermanos” cuando Gregorio le pregunta sobre la opinión de los psicólogos.


[1] Stuart Hall “¿Quién necesita la identidad?”, revista Temas no.37-38, abril-septiembre de2004.

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Declaración a propósito de la Cumbre Internacional Afrodescendiente de Puerto Rico y del panel “Las islas que se vacían. El caso de Cuba”

En los últimos días, hemos seguido con enorme interés y beneplácito el programa de actividades de la Cumbre Internacional Afrodescendiente de San Juan, Puerto Rico, este año dedicado a Haití. La cita permitió el encuentro de prestigiosos activistas, académicos, intelectuales afrodescendientes, muchos de ellos hermanas y hermanos muy queridxs, colaboradores y acompañantes del Movimiento Afrocubano en su lucha contra el racismo y la discriminación racial.

Desde los orígenes fundacionales de la nación cubana, el lugar de los africanos y sus descendientes ha sido pensado desde deliberados actos de tachaduras, sucesivos ninguneos y prácticas de blanqueamiento. La percepción como sujetxs incapaces de agenciar su propio destino histórico, sentó las bases de una narrativa colonialista sobre la supuesta mansedumbre y resignación como comportamientos “naturales” de las y los afrodescendientes. En ella el hombre blanco se erige como su salvador, negras y negros aparecemos como sujetos incapaces de agencia. “Olvidar lo que hicieron los blancos cubanos por los hombres de color, ¿no es una ingratitud manifiesta?”, le increpa Manuel Sanguily a Juan Gualberto Gómez en su polémica en torno a Plácido. El imaginario popular cubano también atesora innumerables chistes racistas al respecto como aquel, a propósito de la conmemoración del 10 de octubre, en que personas blancas suelen interpelar a los negros diciéndoles que están de fiesta porque ese día Carlos Manuel de Céspedes les dio la libertad a los esclavos.

La historia de las personas negras en Cuba, a lo largo de siglos, nos ha legado provechosas lecciones de discursos, prácticas intelectuales y políticas que, disfrazados de una “voluntad racialmente integradora”, están destinadas a fracturar y desestabilizar la unidad del Movimiento Afrocubano, además de fomentar injustificadas suspicacias raciales. No por azar, los mismos aparecen en contextos históricos y políticamente claves de nuestras luchas.

En consecuencia, los abajo firmantes, al tiempo que celebramos la realización de esta Cumbre como un espacio necesario, capaz de articular la heterogeneidad de posicionamientos y fuerzas políticas, de visibilizar la constelación de saberes individuales y colectivos que en la actualidad atraviesan el campo político de nuestra Afroamérica, expresamos:

1.- Nuestra discrepancia y más enérgica protesta ante lo ocurrido en el panel “Las islas que se vacían. El caso de Cuba”, integrado por personas carentes de autoridad y legitimidad para hablar en nombre del Movimiento Afrocubano y sus luchas.

2.- Nuestro apoyo al texto de Alexander Hall Lujardo: “Los artilugios de la metafísica en el discurso antirracista blanco” y suscribimos muchas de sus intranquilidades, cuestionamientos e inconformidades en torno al referido panel. Igualmente, consideramos impropia la expresión: “el compañero negro”, con que el post de la hermana Mayra Santos-Febres se refiere a Pedro Pérez Sarduy, uno de nuestros más viejos luchadores, cuya labor se remonta a la década del sesenta en Ediciones El Puente y posteriormente en lo que se denominó el Black Power Cubano. De la misma manera, condenamos cualquier manifestación de colorismo y nos pronunciamos por un debate enunciado desde un lenguaje respetuoso, propositivo, que construya puentes entre hermanxs que comparten una historia común de racismo y colonialidad.

3.- Rechazamos cualquier acto de manipulación política que intente traficar con nuestros dolores, la aplastante pobreza y la marginación en que se encuentran sumidas las comunidades con que trabajamos, en condiciones difíciles, sin recursos, en medio de incomprensiones gubernamentales y de todo tipo. Asimismo, objetamos a quienes posando de “solidarios antirracistas”, intenten imponernos una agenda o trazar los derroteros de nuestras luchas contra el racismo.

Firmantes:

Tomás Fernández Robaina: Investigador, escritor y activista antirracista.

Daisy Rubiera Castillo: Investigadora, escritora y activista afrofeminista.

Zuleica Romay Guerra: Investigadora social y escritora. Premio Extraordinario Casa de las Américas, 2013, de estudios sobre la presencia negra en la América y el Caribe.

Alberto Abreu Arcia: Premio Casa de las Américas, 2007. Coordinador del proyecto comunitario Wenilere Cardenense.

Maikel Colón Pichardo: Historiador e investigador sobre masculinidades negras.

Deyni Terry Abreu: Abogada. Fundadora del proyecto Alianza Unidad Racial.

Mel Herrera Morales: Activista trans-afrofeminista, feminista decolonial y directora de la revista Subalternas.

Odaymar Cuesta: Raperx trans-afrofeminista y activista antirracista.

Yarlenis Mestre Malfrán: Feminista negra. Doctora en Estudios Interdisciplinares en Ciencias Humanas por la Universidad Federal de Santa Catarina, Florianópolis, Brasil.

Alina Herrera Fuentes: Abogada, poeta y militante afrofeminista.

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Ay, mamá, a esa Cumbre yo no voy más. Por Alberto Abreu Arcia

Para  Isnalbys Crespo

Mayra Santos-Febres es la escritora afrolatinoamericana que más admiro. Por esos misterios que tiene la Literatura y que solo la Literatura entiende, desde hace casi seis años sus personajes y yo sostenemos una relación entrañable. En la intimidad de mi cuarto, en mis flirteos nocturnos he dialogado con ellos como si fuéramos grandes amigos. He vivido sus vidas. Durante madrugadas enteras hemos discurrido largamente sobre nuestros propios (mismos) demonios y fantasmas. En no pocas ocasiones me he alejado de ellos. He abandonado sus libros en un rincón polvoriento y oscuro de mi biblioteca para a los pocos días, como un adicto, retomarlos. Mis textos de ficción, (y esta es una confesión que ningún escritor debe hacer) están cargados de guiños intertextuales a su novelística.

Sin embargo, en los últimos días he leído un texto de Mayra que me ha llenado de intranquilidad y alarma. Hablo de su respuesta al artículo “Los artilugios de la metafísica en el discurso antirracista blanco” donde el activista e intelectual afrocubano Alexander Hall realiza un análisis crítico de los diferentes posicionamientos políticos y discusiones suscitadas a propósito del panel “Las islas que se vacían. El caso de Cuba” durante la recién concluida Cumbre Afrodescendiente de San Juan, Puerto Rico.

La lamentable y políticamente incauta respuesta de Mayra al artículo de Hall, solo se justifica a partir de su total desconocimiento de lo que ha sido, durante estas décadas, la historia del activismo antirracista en Cuba. Del complejo y denso entramado donde se entretejen no sólo imaginarios, discursos y prácticas intelectuales y simbólicas, sino también de sus voces más representativas, espacios de producción de conocimiento, el trabajo en las comunidades más desfavorecidas donde la población es predominantemente afrodescendiente. Todo un campo atravesado por una heterogeneidad de posicionamientos generacionales, epistémicos, políticos, religiosos, ideoestéticos, de género y disidencias sexuales. Los cuales, desde la diversidad de sus agendas, han devenido en actores políticos importantes.

Por otro lado, en Cuba el activismo sigue siendo una mala palabra. Quienes hemos venido realizando, durante décadas, esta labor desde espacios de autonomía, −es decir no oficiales−, hemos tenido que pagar el alto costo de la exclusión y el silencio. Hemos caminado sobre el filo de una navaja. Continuamente sometidos al escrutinio ideológico y las suspicacias políticas de ciertas instituciones de “adentro” que nos acusan de estar al servicio de una agenda enemiga de la Revolución. Mientras los de “afuera” nos ven como oficialistas o agentes de la Seguridad del Estado. Atormentados, vilipendiados, reprimidos, muchas veces con la participación, complicidad o anuencia de personas no racializadas como negra/os o mulata/os que ahora dicen abrazar las banderas del antirracismo. Cada uno de nosotrxs tiene su propio anecdotario de agravios y violencias no solo espirituales, intelectuales, físicas o contra su salud mental, sino también de dobleces, simulaciones y oportunismos. (Tranquilxs, no se sobresalten que no voy a mencionar nombres. Es más bien, como le gustaba decir a mi mamá: “un comentario de paso”). Como diría Guillén: que se avergüence el amo. Porque todo activismo es un espacio de crecimiento y continuo aprendizaje, de pérdidas y ganancias. Donde parafraseando a Hall (Stuart no Alexander) los sujetos están inscritos en un juego de poder y exclusión, en relación no solo con lo que se es, sino también con lo que nos falta. Donde siempre hay un exceso y un margen. Cosas que se ganan y otras que se pierden.

Volviendo a “Los artilugios de la metafísica…”  La propuesta que está en el centro de la crítica que el referido texto formula al panel “Las islas que se vacían. El caso de Cuba” y que además suscribo; (aunque la respuesta de Santos-Febres intenta a toda costa desautorizarlo) es el derecho de las personas negrxs a pensar y hablar desde nuestros propios cuerpos racializados; sin mediaciones ni el privilegio de enunciar y hablar por el otro que históricamente ha ostentado el letrado blanco de clase media en América Latina. En este sentido, el texto de Alexander no hace otra cosa que re-posicionar en la escena del debate racial cubano de estos días una de las discusiones teóricas más fructíferas e inspiradoras del campo intelectual latinoaméricano de finales del siglo pasado y principios de milenio (el hablar por/ y el hablar de).  Y que involucró a pensadores y campos disciplinarios a primera vista tan diversos como Gayatri Spivak: «Can the Subaltern Speak?» pasando por los estudios culturales y subalternos latinoaméricanos, la crítica cultural: Hugo Achugar, Ileana Rodríguez, Mabel Moraña, John Bervely, Nelly Richard, Doris Sommer hasta lo que Chucho García ha llamado las afroepistemologías y el intelectual afrocolombiano Santiago Arboleda denomina suficiencias íntimas.

Alexander Hall coloca como punto focal de su discusión la noción de soberanía intelectual de nuestras comunidades afrodescendientes, no solo como un lugar de enunciación, sino también como un posicionamiento ético-político y de autonomía epistémica. El capital simbólico sobre el cual históricamente hemos venido construyendo nuestra tradición teórica y nuestros gestos de cimarronaje y desmontaje de la modernidad/racionalidad eurocéntrica. Tan indispensables para lograr nuestras aspiraciones de descolonización y liberación, de equidad y justicia.

 El texto de Hall es un escrito audaz. Como su mismo título anuncia: “Los artilugios de la metafísica en el discurso antirracista blanco” es un ejercicio incómodo y al mismo tiempo legítimo y necesario. Por cuanto deconstruye lo que a su juicio constituyen las reconfiguraciones y mutaciones del racismo en esta era del neoliberalismo. Y nos convoca a identificar y combatir las nuevas formas de discriminación y exclusión racial a menudo clamuflajeadas o travestidas en discursos y prácticas intelectuales que a primera vista intenta pasar por anti-racistas.

Frente a esta postura, el fallido escrito de Santos-Febres, amparado tras una presunta voluntad de inclusividad racial y de la necesidad de proteger a las personas no negras de “el entrampamiento del que fueron objeto en el panel”, busca a toda costa silenciar y restar importancia a todo un debate sobre el blanqueamiento racial y termina validando lo que, como bien examina Hall, no solo constituye una usurpación de nuestras voces, prácticas y luchas, sino también un acto de extractivismo epistémico. En este sentido la respuesta de Santos-Febres al artículo de Hall, al tiempo que intenta demoler unos entrampamientos, termina colocando otros de los cuales igualmente urge preservarnos.

Por estas razones, suscribo las preocupaciones expuestas por Hall en su texto. Al tiempo que como intelectual majadero −para usar un término dilecto a Santos-Febres−, rechazo cualquier ademán, venga de donde venga, que intente dictar pautas o el deber ser de nuestra agenda antirracista y del campo cubano de la negritud y sus procesos.

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Fragmentos del prólogo a: CIMARRONAS. GENEALOGÍA DEL FEMINISMO NEGRO CUBANO de próxima aparición por la Editorial Oriente. Por Alberto Abreu Arcia

[…]si entendemos el feminismo como todas las luchas de las mujeres que se oponen al patriarcado, tendríamos que construir su genealogía teniendo en cuenta la historia de muchas mujeres en muchos lugares-tiempos. Esto es para mí uno de los principales gestos éticos y políticos de la descolonización del feminismo: retomar diferentes historias, muy poco o casi nunca dicho […] Las genealogías de la descolonización significan para nosotras una posición política que entrelaza el pensamiento intelectual y colectivo, y la acción, nuestros imaginarios, nuestros cuerpos, nuestras sexualidades, nuestras maneras de actuar y estar en el mundo, una posición política que crea una praxis de cimarronaje intelectual.
                                                                    Ochy Curiel
(“Descolonizando el feminismo: una perspectiva desde América Latina y el Caribe”).
  

Panel en la Universidad de Bogotá, Colombia durante la 1era. Semana de África en Colombia. 21 de mayo del 2008

La última vez que nos vimos fue en el aeropuerto internacional de Miami donde fui a despedirla. Habíamos viajado juntos desde La Habana hasta Carolina del Norte para participar en el coloquio “Voces y realidades de negros y negras en Cuba” organizado por la universidad de Willmington. Luego continuamos rumbo a Chicago para la presentación en el Instituto Cervantes de Chicago de su libro de cuentos Sobre las Olas, publicado por Swan Isle Press y, posteriormente, volamos a la universidad de Santa Cruz, en San Francisco. Lalita estaba físicamente extenuada por el viaje, y desesperada por regresar a Cuba, mientras yo debía permanecer en los Estados Unidos por otros compromisos. Siempre que viajábamos juntos ocurría lo mismo: a medida que se acercaba la hora de su regreso a Cuba, sobre todo dentro del avión, su impaciencia crecía, movía inquieta las piernas, sonreía sin un motivo aparente presa de una ansiedad, de un nerviosismo que no podía contener. Más que el temor a morir lejos de esta Isla era su amor a ella o quizás ambas cosas.

Ahora, mientras escribo este prólogo, vuelvo a repasar el video de su conferencia en el Instituto Cervantes de Chicago. Era una excelente conversadora. Poseía una habilidad inusual para establecer asociaciones y producir un conocimiento a partir de tópicos tenidos como “excéntricos” o marginales dentro del campo académico y el canon letrado cubano tan eurocentristas. Al mismo tiempo contaba con una cultura casi enciclopédica unida a una memoria excepcional donde, a veces, era imposible determinar la frontera que separa lo vivido de lo leído. Todo eso unido a una especie de histrionismo que empleaba para seducir al auditorio. Muchas veces, sin motivo alguno, la ví postergar su entrada a la sala donde se presentaba sus libros. Quería que su llegada acapara toda la atención de sus amigos, lectores, etc. Todo esto lo hacía desde una ingenuidad que cautivaba. Entonces sonreía con esa misma sonrisa que en el filme Plácido, inspirado en la obra homónima del dramaturgo Gerardo Fulleda, posa ante la cámara en esa escena que reproduce un baile de salón entre mulatos y negros en la Matanzas.

Conferencia ofrecida en el Instituto Cervantes de la Universidad de Chicago, 3 de octubre del 2011

Sus ensayos movilizan un conjunto de datos históricos, anécdotas, imaginarios y cosmovisiones del mundo provenientes del mundo de la oralidad, el espiritismo, y las religiones afrocubanas. Esas fuentes de saber “no instituidas”, “descalificadas” o tenidas como residuales o poco fiables por las formas de conocimiento eurocéntricas. Porque socavan ese modo de concebir la escritura de la historia como discurso veraz del pasado anclado en el archivo, “certeza” y la “seguridad”: respaldos imprescindibles de la modernidad occidental para construir esos discursos disciplinario “con sentido” productores de subalternidad.

A Martiatu le debemos muchas cosas. En primer lugar, el conocimiento y los minuciosos estudios que publicó sobre la obra de importantes dramaturgos negros o sobre el teatro de temas afrocubanos en la revista Revolución y Cultura y en varias antologías. Si en cierta medidas existió un movimiento de dramaturgos afrocubanos, con un corpus de obras, intereses temáticos afines fue porque ella no solo lo visibilizó en numerosos libros, antologías, artículos, sino que a partir del mismo construyó regularidades temáticas, morfológicas, periodizaciones, categorías y marcos analíticos para su abardaje.

Gracias a estos acercamientos crítico el debate y reflexión sobre el racismo y la identidad racial negra cuando era todavía un tema vetado: “políticamente incorrecto” se mantuvo vivo en la escena cultural cubana. Recuerdo que muchas intelectuales le echaban en cara que una mujer tan inteligente perdiera el tiempo en esos temas de negros.

Con su muerte, ocurrida en junio del 2013, nos legó una vasta producción de textos cuyas interrogantes y discernimientos filosóficos, estéticos y culturológicos trascienden el campo de la crítica y la investigación del teatro escrito por los dramaturgos afrocubanos, y se explayan a otras disciplinas como la narrativa, la teoría cultural, la etnografía, el pensamiento afrofeminista, los estudios culturales y subalternos y otras problemáticas relacionadas con los imaginarios de la cultura popular negra,  los espacios de tachadura o silencios en la memoria cultural de la nación de las últimas seis décadas.

Todas estas cosas hacen de Inés María Martiatu es una voz inusual en el ensayismo cubano del siglo pasado y comienzos del milenio.

Quien nos habla en sus ensayos lo hace desde una doble o triple exclusión: mujer, negra y caribeña. Recordemos que el Caribe históricamente ha representado el afuera, esa región expatriada de todas las geopolíticas del conocimiento, a ello hay que su sumarles su status de mujer y negra. Desconectada, de una forma u otra, de las principales redes del mercado teórico internacional, las cuales validan y hacen posible la circulación de estos textos y discursos. Las nociones de teatro ritual caribeño, el síndrome de Cecilia y otras acuñadas por Martiatu, sus interpelaciones al lugar de la mujer en el teatro bufo, sus lecturas de la obra de teatro María Antonia, de Eugenio Hernández Espinosa, esta voluntad de archivista, de cartógrafa que la lleva acercarse a La Lupe, a las escrituras de las mujeres nucleadas en torno a la revista Minerva a finales del siglo XIX, o de contemporáneas suyas como Georgina Herreras, Nancy Morejón, la documentalística de Sara Gómez pueden leerse como una alegoría de su posicionamiento intelectual y su propia experiencia vida.

Lalita, no solo incorpora estos sentir pensares provenientes de la religiosidad afrocubana, sino que las dota de legitimidad teórica y metodológica.

Así en su texto sobre la Lupe nos dice:

Entre las ceremonias de iniciación de la Regla de Ocha o Santería, hay una muy importante en que la adivinación asume la función de comunicar a los humanos y a los dioses. Los orichas hablan por los caracoles y aparecen los avatares del iyawó (iniciado), su pasado, presente y futuro, las reglas que regirán su vida en lo adelante, las dificultades y modos de vencerlas. Fe, misterio y obediencia para que no se cumplan los malos vaticinios. Aquí la desgracia no es siempre inevitable como en la ananké de los griegos. Puede haber alguna ofrenda capaz de calmar a los orichas y enderezar el destino. Se dice que La Lupe fue advertida.

Los ensayos reunidos en Cimarronas. Genealogía del feminismo negro cubano también constituyen un ejercicio de arqueología. Su autora parece sumergirse en los subsuelos de esa herencia cultural ilustrada en busca de algunas claves que expliquen por qué los procesos de la modernidad colonial confinaron al basurero de la historia cultural de la nación aquellas subjetividades y cosmovisiones del mundo provenientes de la oralidad y que llevan la impronta de la cultura popular negra.

Se trata de un ejercicio arqueológico que nos va revelando las tensiones entre la oralidad y la escritura (“atributo de civilización”), y los vínculos de la primera de estas instancias con la memoria y la tradición. Así como el rol que secularmente ha desempeñado en el pensamiento de la modernidad occidental el fetichismo de la escritura, la normatividad de la lengua como tecnologías de la subjetivación encargada de la corrección de los cuerpos y el sometimiento de la oralidad. La oralidad entendida como la palabra otra (licenciosa y monstruosa, provenientes de esas regiones de desarticulación, fractura e incertidumbre, habitadas por esas voces sin nombre, carente de autor, reprimidas y excomulgadas del discurso oficial.

De ahí las grietas y transgresiones que la oralidad, el rumor abren a esa historia oficial y sus estructuras de producción de significados del texto histórico anclados en la certeza y la seguridad del archivo como garante imprescindible para la producción de un discurso disciplinario.

Su ensayo “Elogio grande para mí misma. Georgina Herrera, la poesía como contradiscurso y la campana de la Demajagüa” y “Nuevas voces, nuevos reclamos en la canción cubana. Discurso femenino en el Hip Hop”, celebran este hecho.

Mercedes Jabardo Velasco en su ensayo “Construyendo puentes: en diálogo desde / con el feminismo negro” observa como: “A diferencia del feminismo blanco, que tiene su momento fundacional en la Ilustración y reproduce la racionalidad del pensamiento ilustrado, el feminismo negro surge en un contexto esclavista. Desde aquí, se pretende romper con la construcción individual del pensamiento filosófico ilustrado, apostando por la inclusión de distintos saberes, lógicas, actrices sociales”.  Y sitúa a la oralidad como una de las prácticas permiten entender el carácter contra-hegemónico del feminismo negro. “En primer lugar, la oralidad del relato frente a la racionalidad de la escritura de los textos fundacionales del feminismo blanco. La oralidad, y también la oratoria aprendida y practicada en los púlpitos de las iglesias”.

La mayoría de los ensayos que integran este libro, fueron inicialmente presentado en el concurso “ENRIQUE JOSÉ VARONA” de la UNEAC 2009 bajo el seudónimo Mariana y con el título Escritos de una negra cubana cimarrona en Cuba y posteriormente en 2012 con el título de ¿Y las negras qué? Pensando el afrofeminismo en Cuba, fue enviado al Premio Extraordinario de Estudios sobre la presencia negra en la América y el Caribe convocado por Casa de las Américas del donde obtuvo mención. Según el acta del jurado, integrado por Quince Duncan (Costa Rica), Rita Laura Segato (Argentina) y Esteban Morales Cuba, el libro de la Martitatu  se destaca por “gran erudición y diversidad de perspectiva, por la alta calidad de sus escritura y su compromiso personal y vivencial con el tema […]”

Salvo “El que más mira menos ve. Notas sobre raza y narrativa femeninas”   “Tocar las puertas del cielo”, y “Las criadas de La Habana. La  emergencia del sujeto subalterno”,  el resto de los ensayos conservan el mismo orden del libro primigenio. Hemos incorporado estos tres ensayos porque participan de ese ejercicio de contramameria que permite documentar las luchas interpretativas y de sentidos, las relaciones saber-poder dentro de las cuales se inscriben el feminismo negro en el campo intelectual y social cubano de principios de milenio  Además porque los mismos, de una manera u otra, sostienen un diálogo con el resto de los escritos que conforman el libro. Es decir, son consecuente con esa voluntad expresada por la Inés María Martiatu a la prensa raíz de obtener el mención en el concurso Casa de Las Américas: “Me propongo, en alguna medida, impugnar las proposiciones eurocéntricas –las de mayor circulación en Cuba – y las visiones masculinas sobre los problemas raciales de género que, muchas veces, ignoran los aportes reflexivos de las mujeres”.                                     

“El que más mira menos ve. Notas sobre raza y narrativa femeninas”, una especie de cartografía aparecida en La Jirbilla  donde su autora denuncia “los juegos de manos de editores, críticos y antologadores para invisibilizar y excluir ciertas narrativas femeninas que tienen la problemática racial en el centro de sus preocupaciones” y el cual ha servido de referente o punto de partida para otros estudios que se han realizado sobre la representación de la mujer negra en la literatura cubana contemporánea.   

Por ejemplo, el investigador Carlos Uxó, de La Trobe University, Australia comienza su ensayo “Negras y mulatas en el siglo XXI: una visión racializada del género en novelas cubanas” haciendo referencia a este texto y más adelante aclara:

El presente artículo parte de presupuestos similares a los que motivan los trabajos de Martiatu, con quien no cabe sino compartir su preocupación tanto por el estatus doblemente subalterno de las afrocubanas, como por el evidente silenciamiento que padece su labor narrativa tanto por parte de la crítica como de la industria editorial. No obstante, mi acercamiento diverge del suyo (y preferiría pensar que es una divergencia complementaria o paralela, en ningún caso antagonista), por cuanto mi análisis se centra no en la creación narrativa de mujeres afrocubanas, sino en su representación literaria, independientemente del hecho de que la autoría de la obra narrativa se deba a un hombre o a una mujer, afrocubano/a o no. Dicho de otro modo, mientras que Martiatu se centra en el reflejo que diversas mujeres afrocubanas ofrecen de su cosmovisión, mi trabajo se centra en el análisis de diversos ejemplos de la representación de tal cosmovisión, con el objetivo de señalar hasta qué punto esas representaciones contribuyen a socavar o a perpetuar la continuidad del estatus subalterno de la mujer afrocubana” . (Uxo: Revista Brasileira do Caribe, São Luis Br,, Vol. XII, nº23. Jul-Dez 2011, pp. 118-120)

“Tocar las puertas del cielo”, se trata de un texto inédito que logré preservar entre los innumerables correos que a diario intercambiábamos. Está fechado en el 2002 y toma como pretexto la puesta que del dramaturgo Gerardo Fulleda “Remolino entre las aguas”, en 1996 por la Compañía Teatral “Rita Montaner” basado en la viga de la popular cantante conocida como La Lupe, y donde como siempre ocurre la obra teatral, o el libro que se reseña es solo un pretexto para la indagación ensayístisca preferentemente historiográficas, simbólicas relacionadas con la cultura popular negra cubana desde perspectivas afrofeminista.

“Las criadas de La Habana. La  emergencia del sujeto subalterno” apareció publicada en su blog afrocubanas. Se trata de un texto escrito a partir de la novela Las criadas de La Habana de Pedro Pérez Sarduy. Donde Martiatu se adentra en otras cuestiones y problemáticas que van más allá de la digesis texto novelístico. Por ejemplo, las relacionadas con la memoria de los sujetos afrodiapóricos,  el mestizaje o lo que la autora denomina el “síndrome de cecilia” y el lugar subalterno, casi siempre invisible que han tenido los personajes negro/as en el canon narrativo postrevolucionario.

Los textos agrupados en este libro son el resultado de una labor arqueológica destinada hurgar en todo lo reprimido y silenciado por los archivos historiográficos cubanos. Un periplo que  transita desde la obra producida por las mujeres negras en el siglo XIX  hasta las primeras décadas del siglo XXI.  Donde el método genealógico se entrecruza con la crítica a la modernidad colonial. Y al mismo tiempo opera como un desmonantaje de la razón feminista eurocentrada, y sus continuas tachaduras del cuerpo de la mujer negra tan de moda en el campo académico cubano donde el feminismo blanco parece hegemonizar todas las interpretaciones.

Deysi Rubiera acomentió con Inés María Martiatu diferentes proyectos como la creación del Grupo Afrocubanas y la selección, prólogo y notas a la antología Afrocubanas: historia, pensamiento y prácticas culturales ambos proyectos tenían entre sus objetivos visualizar los aportes de las mujeres negras a la historia de la nación cubana, contribuir al desmontaje de estereotipos racistas y sexistas desde los cuales históricamente se ha representado a la mujer negra y la reconstrucción del pensamiento feminista negro cubano.

Durante la presentación de Emergiendo del silencio: mujeres negras en la Historia de Cuba, el segundo libro del Grupo Afrocubanas se decide homenajear Inés María Martiatu, en un aniversario de su desaparición física, al repsecto escribió Deysi Rubiera a nombre del grupo esta especie de evocación que me permito citar in extenso:

Homenaje merecido a una mujer que sus últimos esfuerzos estuvieron encaminados a pensar en los problemas raciales, investigar sobre el afrofeminismo, impugnar las posiciones eurocéntricas y las visiones masculinas sobre los problemas raciales y de género, que muchas veces ignoran los aportes reflexivos de las mujeres en general y de las negras en particular, como declarara en muchas ocasiones Muchos fueron nuestros proyectos, conscientes de la necesidad de insertar la voz de las mujeres negras, no solo, en el debate sobre los conflictos raciales que se llevan a cabo en el país, y que se erigiera como un contradiscurso opuesto al que sobre ellas ha venido circulando históricamente, sino que las nuevas generaciones de negras tuviesen un paradigma de que asirse para la construcción y desarrollo de una adecuada consciencia racial y se sientan orgullosas de ser negras.

Y cuenta Rubiera en estas palabras fechadas simbólicamente el 6 de enero 2017 -día del 115 aniversario del nacimiento de Reyita, su madre- como “[…] hasta unos pocos días antes de morir, cuando al visitarla en el hospital me hablaba con mucho entusiasmo de nuestro próximo libro, el que estábamos preparando las afrocubanas”.

Finalmente, mi agradecimiento a quienes han hecho posible este proyecto editorial el cual permitirá que, después de una década, este libro pueda hacer causa común con sus lectoras. Al final son ellas las que dirán sobre el mismo la última palabra.

Alberto Abreu Arcia

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DEL AYER Sección a cargo de Tomás Fernández Robaina

Le damos la bienvenida a la sección Del Ayer a cargo Tomás Fernández Robaina. En la cual irán apareciendo un grupo de textos de su autoría, escritos hace ya algunos años, y que por diversas razones no fueron publicados en su momento, sin embargo las problemáticas que los mismos examinan conservan su actualidad.

De lo negro y la africanía en la lengua literaria de Motivos de Son, de Amaury Francisco Gutiérrez.

Gutiérrez Coto, Amauri Francisco: Acerca de lo negro y la africanía en la lengua literaria de Motivos de son de Nicolás Guillén: (un nuevo análisis del problema) Colección Más luz. Ediciones Vitral. 2001. 50 págs.

Toda investigación tiene la finalidad de corroborar o negar las hipótesis propuestas, las cuales pueden variar en dependencia  de las pesquisas que se efectúen para lograr los objetivos principales y secundarios que se propone el investigador.  Acerca   de lo negro y la africanía en la lengua literaria de Motivos de son, Amauri Francisco Gutiérrez, ilustra  de forma clara, esta afirmación.  

Su análisis y no pocas de sus aseveraciones nos hacen repensar las lecturas que históricamente hemos hecho de determinados fenómenos históricos, sociales, literarios, etc. y la vigencia o no de las mismas en el presente. Una muestra la tenemos cuando afirma: “La reflexión sobre la cultura afrocubana y su incidencia en la identidad nacional ha perdido el peso que tuvo en otros tiempos” (p.5)

¿Por qué ha perdido su incidencia en la identidad nacional y el peso que tuvo en otros tiempos? ¿Es acertada dicha valoración? ¿No considera el crítico que, ante los intentos globalizantes de imponer una cultura hegemónica, hoy se hace más necesario que antes reafirmar las particularidades de las culturas e identidades nacionales?

Es cierto, que, en ocasiones, se produce una globalización de lo que se considera la cultura e identidad nacional debido a determinadas especificidades en los países plurirraciales y multiculturales. Y ante esta posición debemos reaccionar para que se respeten las diferencias culturales dentro de un mismo país como la única forma de lograr la cohesión, la unidad tan necesaria para impedir los propósitos actuales de los grandes consorcios económicos y culturales internacionales, de imponer un mundo globalizado en todos sus niveles.

No me parece muy atinado su criterio de que la cultura afrocubana haya dejado de tener la incidencia histórica y el peso que tuvo en otras épocas; muy por el contrario, la Revolución Cubana abrió la oportunidad para que se reconociera y se divulgara más ampliamente sus diferentes elementos.

No es menos cierto que esa apertura en los primeros años  de la Revolución no se hizo del modo más atinado, pero se logró un espacio y a partir de el, después de andar por un largo camino que aún no ha terminado, se han descartado los errores, y se procura, primero, disminuir las secuelas, los elementos reproductores de los prejuicios raciales y culturales para finalmente abolir las incomprensiones de todo tipo que todavía persisten en la valoración de nuestra cultura.

Por eso me interesó  este ensayo que obtuviera el Premio Vitral, porque es un claro exponente de cuanto nos queda por debatir y aprender para demostrar de manera científica los prejuicios que se hacen visibles, conscientes o no, en cada uno de nosotros cuando abordamos el estudio de la huella africana en nuestra cultura.

Por lo tanto, no me voy a detener en los análisis y comentarios que hace Amauri Francisco Gutiérrez Coto a las valoraciones guilleneanas de Alfred Melon, Nancy Morejón y Desiderio Navarro, pero sí me referiré a algunos aspectos que debió atender con más cuidado.

Él señala que la aparición de los poemas de Motivos de son en la sección “Ideales de una Raza”, en la cual el poeta colaboraba también como articulista, propiciaron: “… a la critica a identificar los poemas con los discursos sobre identidad racial imperantes allí”.

Gutiérrez Coto pasa por alto que “Ideales de una raza” era una columna y una sección dominical dedicada a la defensa de los derechos sociales del negro en Cuba, y que de forma directa o no, todo lo que se publicaba en ella formaba parte de ese empeño; esa página, creada por el periodista Gustavo Urrutia, fue un espacio donde se debatió, con un tono persuasivo, explicativo y convincente los problemas culturales y sociales que aquejaban a los cubanos negros y mulatos. Ese intercambio de opiniones sacó a la luz una problemática objetiva: las serias limitaciones que, como consecuencia del color de la piel, ellos tenían para avanzar socialmente, independientemente del nivel de instrucción que poseyeran. “Ideales de una raza” fue una tribuna desde la cual los cubanos, negros, mulatos y los blancos sensibilizados contra esa discriminación pedían justicia, y llamaban la atención sobre el problema racial en Cuba para que el pensamiento maceísta de: “nada pedir como negro, todo como cubano” no fuera una frase hueca.

En la nota número cuatro de la página once, Gutiérrez Coto expresa: “El carácter militante de la sección– se refiere obviamente a ‘Ideales de una Raza’-lo demuestra el hecho de que fue suspendida en enero de 1931 por ser considerada peligrosa.”

No sé de dónde obtiene esa información; pero más me preocupa su criterio de considerarla peligrosa. ¿Por qué peligrosa?  ¿Proponía la columna la supremacía de la raza negra sobre la blanca? ¿Incitaba el odio de los cubanos negros hacia los cubanos blancos? ¿Hubiera sido posible tal espacio en un periódico como el Diario de la Marina, representante de una parte del poder económico y político de entonces? 

La dirección del Diario de la Marina había incorporado a Gustavo Urrutia a su redacción no por simpatías filantrópicas, sino por  la fuerza del movimiento social de los cubanos negros que demandaban    la necesidad del esfuerzo mancomunado de negros y blancos para hacer realidad el sueño martiano; para muchos ese sueño era  difícil de materializar, pero no por ello se cruzaban de brazos, sino que, trataban de mejorar la situación social  no solo de  los negros sino de todos los cubanos dentro de las estructuras clasistas de nuestra sociedad de aquella época. Por lo tanto, la columna de Urrutia y su versión dominical no era en realidad un peligro sino todo lo contrario, una muy noble contribución   para hacer realidad esa Patria anhelada por José Martí, Antonio, Maceo y Juan Gualberto Gómez, entre muchos otros: con todos y para el bien de todos.

Un capítulo que no debo pasar por alto es el relacionado con El negro, las lenguas africanas y el español coloquial cubano. Al comentar el Catequismo para negros bozales apunta que:

Hay allí un empeño por blanquear la raza, cuyo eco lo podemos hallar en Motivos de son, cuando la negra se enorgullece de ser -adelanta-, es decir, ser menos negra de piel que otros. Este racismo de los propios negros tuvo una respuesta de los blancos, al menos a finales del siglo XVIII y principios del XIX. Si el negro pretende parecerse al blanco, lo más lógico es que este último trate de diferenciarse.

Me parece conveniente recordar que dicho catequismo fue uno de los instrumentos utilizados por los colonialistas europeos  para deculturar a los africanos en Cuba y en otras latitudes. Y no fue un deseo espontáneo de los negros de parecerse al blanco, lo que propició el blanqueamiento, sino objetivamente fue el resultado de la imposición y aprehensión del canon eurocéntrico, en lo cultural, en lo religioso y en lo social para poder disfrutar de algunos derechos en la sociedad esclavista. No siempre este blanqueamiento intelectual fue exitoso al cien por ciento, pero se aprecia un buen número de negros libres identificados plenamente con la cultura del colonialista. Otros, por el contrario, adoptaron una posición más compleja, pues a pesar de que decían estar ya asimilados a ese blanqueamiento intelectual, de manera oculta o no continuaron identificándose con los valores ancestrales de África.

El orgullo de la negra por ser menos negra forma parte también del blanqueamiento físico, surgido, primeramente, de forma espontánea debido a la violencia sexual ejercida por el esclavista sobre la esclava y al nacimiento de hijos de piel más clara que la madre, pero con las facciones del padre.  Este hecho objetivo hizo que el esclavista diera un trato diferenciado a sus hijos, y de ahí la posibilidad que otras esclavas anhelaran ser embarazadas por el amo blanco para que la vida del niño no fuera tan dura como la de los hijos de los esclavos. 

No es difícil percatarse de la concepción errónea del autor al decir que, si el negro quería parecerse al blanco, era lógico que este tratara de ser diferente.

La historia social del negro en Cuba, demuestra de modo particular que si el negro se apropió de la cultura dominante no fue por generación espontánea, sino obligado por los requerimientos que la propia sociedad establecía para los que aspiraban a tener un espacio social y cultural, teniendo en cuenta los derechos legales que las estructuras coloniales y más tardes las republicanas decían ofrecer a todos los ciudadanos.

No es muy sostenible el criterio que por esa reacción imitativa el blanco pretendiera ser diferente, sino que más bien, este último ejerció el poder económico, político y cultural para marginar del disfrute de esos derechos a los afrodescendientes.

 Por lo ya explicado, es insostenible su juicio de que: «Este racismo que practican los negros al querer adelantar, es un nuevo argumento contra la teoría del criollo cubano y es, además, un aspecto sólido que ha sido ignorado cuando se indaga en la dimensión lingüística del negro cubano”.

No voy a negar que esta aproximación al estudio de Motivos de son es sumamente atractiva, y aborda aristas novedosas, que provocarán comentarios, artículos que irán más a fondo que estas líneas donde simplemente llamo la atención del autor y de los lectores, para que todos reflexionemos ante algunos de los criterios subrayados, para que podamos entender mejor la historia y la lucha social del negro en nuestro país.

Destacada

Ashanti Dinah Orozco y Agustín Laó- Montes en la Jornada de Pensamiento Social Latinoamericano

Universidad del Atlántico

 Miércoles 30 de agosto del 2023

10:00 a.m. a 12:30 p.m.

¿Fabulación crítica? Exploración del archivo de la memoria en la literatura afrofeminista del gran Caribe.

Dra. Ashanti Dinah Orozco Herrera

(Universidad de Harvard)

Es imperativo leer la historia de la esclavitud en las Américas, abriendo paso a nuevas aperturas de intervención a archivos multilingües que recuperen la agencia humana de la negritud y dejen espacio a la contingencia y la subjetividad en la construcción de relatos históricos con alcance global. Un recurso que plantee cuestiones éticas distintivas, un compromiso íntimo con el pasado, con el trabajo de devolver la historia con un rostro humano a las mujeres negras, desde «reparar» la violencia de la esclavitud devolviendo a las esclavizadas a la vida. Esto es lo que la académica y feminista afronorteamericana Saidiya Hartman, profesora de la Universidad de Columbia en su ensayo  denomina «fabulación crítica» en un diálogo con la » imaginación diaspórica» de Enwezor (2007). Esto es, una combinación de la investigación histórica y del archivo con la teoría crítica y la narrativa ficticia para llenar los espacios en blanco que quedan en el registro histórico, y revelar las voces de las esclavizadas a contracorriente de las prácticas de borramiento que les excluyen de los archivos, que les localizan fuera de la representación como argumenta Gayatri Spivak. En este sentido, el ejercicio de la escritura constituye una práctica de recreación de la memoria y construcción de archivos alter-nativos que se pueden describir como contraficción de la historia /como contrahistoria de lo humano, nutriendo políticas descoloniales de liberación.  Será  una oportunidad de conversar acerca de las obras literarias de las prominentes escritoras afrocaribeña: Georgina Herrera de Matanzas-Cuba (1936-2021); Maryse Condé (1937) de la isla francófona de Guadalupe; Nancy Morejón (1944) de La Habana, Cuba; Mayra Santos-Febres (1966) de Carolina, Puerto Rico; y Yolanda Arroyo Pizarro (1970) de Guaynabo, Puerto Rico. Les espero.

Afroepistemología y descolonización de la memoria: una aproximación en clave caribeña.

Dr. Agustín Laó- Montes

(Universidad de Massachusetts)

Las Afroepistemologías son una metodología de justicia epistémica que constituyen un recurso de liberación y descolonización en aras del buen vivir en clave de africanía. En esta presentación Agustín Laó-Montes, ensayará una crítica de la mirada blanca occidentalista que prima en las narrativas hegemónicas sobre la «patria grande» –de América Latina a Améfrica Ladina/Nuestra Afroamérica) y de las «patrias chicas», lo que implica una suerte de refundación de cada país que implica cultivar praxis y procesos de descolonización del imaginario–de memorias, geografías e identidades. Dicho ejercicio de elaboración del discurso crítico caribeño ha de realizarse con un quehacer de contrapunteo y creolización de dos vertientes de pensamiento y política caribeña que denominamos la razón de Calibán y las racionalidades cimarronas de Exú-Legba, en la larga duración de la modernidad/colonialidad , desde la Revolución Haitiana hasta  los movimientos actuales por reparaciones históricas por cuenta de la esclavitud y sus secuelas, el colonialismo , y el capitalismo imperial heteropatriarcal.

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115 Aniversario del Partido Independiente de Color.

Hoy se cumplen 115 años de la fundación del Partido Independiente de Color (7 de agosto de 1908) por Evaristo Estenoz. Por esta razón, Wenilere Cardenense convocó a varios intelectuales y activistas antirracistas cubanos de diferentes generaciones (Daysi Rubiera, Tomás Fernández Robaina y Alexander Hall) para que reflexionen sobre el impacto que todavía, hoy, tiene este hecho en el Movimiento Afrocubano y sus luchas.

El silencio de ayer es la media verdad hoy

Daysi Rubiera Castillo

Cuando en 1996 Reyita, mi madre, refiriéndose a la masacre en la que murieron miles de negros en 1912, me habló de la necesidad de rescatar, para las nuevas generaciones, la real historia de los afrocubanos y sus batallas por el logro de la plena igualdad y la verdadera justicia social. Lo menos que podría imaginarme es que 28 años después, no solo las nuevas generaciones desconocerían en toda su magnitud aquella historia, sino que aún aquel hecho tiene una repercusión en el presente mientras la población afrodescendiente siga sobrerrepresentada en el camino hacia la pobreza y desigualdad (vulnerabilidad) y la injusticia social y que el silencio de ayer sea una media verdad hoy.

Una forma de lucha no ensayada hasta entonces

Tomas Fernández Robaina

Me parece muy positivo el estreno de la obra teatral 1912 de Jorge Enrique Caballero porque pone en conocimiento de muchos espectadores lo que significó la matanza de más de tres mil miembros del Partido Independiente de Color (PIC) que  luchaba contra la discriminación racial de la cual eran víctimas. Sus derechos sociales, políticos y  educacionales fueron publicitados ampliamente para que se tomara conciencia de las razones por la cuales se habían agrupado políticamente.

El PIC  refleja de manera muy singular  el modo vanguardista de los negros cubanos al  vislumbrar  una forma de lucha no ensayada hasta  entonces. La oposición fue muy fuerte por parte de los racistas y de unos cuantos negros que no comprendieron las ideas progresistas del PIC en la oposición al racismo de la época.

En el presente  debemos valorar altamente lo ocurrido entonces como una prueba del adelanto de los negros cubanos para dar a conocer y batallar por sus derechos.

Notas a raíz del aniversario del PIC. Reflexiones pos-centenarias.

Alexander Hall

El Partido Independiente de Color (1908-1912) significó la organización política más radical e inclusiva de su época. Con su fundación, la membresía se propuso derrocar el carácter oligárquico-bipartidista que impuso el régimen republicano a las clases empobrecidas del país, relegadas como grupo social cuyos intereses políticos fueron secuestrados por sus antiguos compañeros de lucha anticolonial. Una vez alcanzada la independencia, la población negra padeció los rigores del racismo, la segregación pública y la marginación económica por la dirigencia antiguamente mambisa que ejercía el mando interior bajo el amparo estadounidense; hecho que demuestra el carácter reducido del proceso de liberación nacional.

El sustrato tranformador de su programa, marcó un hito para la región y sirvió de bujía inspiradora para futuros movimientos u organizaciones antirracistas, siendo la primera de su tipo en el hemisferio.

Su triste aniquilación, a manos del Ejército Nacional en una masacre sin precedentes en la Isla, ratificó el lugar que las clases dominantes le tenían reservada a los sectores populares de extracción humilde, sujetos al margen excluyente del pensamiento patriótico, construido para sí por las elites fundacionales del Estado nacional [racista, masculino y heterosexual], cuya racionalidad fue subvertida por el radicalismo democrático y probadamente anti-anexionista de la agrupación revolucionaria, para cuya veracidad confirmatoria bastaría solamente consultar el órgano oficial del partido: Previsión. De modo que semejante forma de resistencia y articulación política, tan avanzada para su tiempo, no resultaba concebible en el imaginario de quienes ostentaban el monopolio del poder en la Isla, de manera que procedieron a su impune extirpación del tejido social cubano.

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Una genealogía afrofeminista cubana que construye olvidos. Por Alberto Abreu Arcia

¿Sobre qué bases se asienta la legitimidad y el rigor intelectual de un artículo donde sus autoras excluyen de manera deliberada a un conjunto de voces, textos representativos, proyectos y sucesos que marcaron un hito en la gestación y devenir del feminismo negro cubano? ¿Qué clase de genealogía y cartografía es esta que termina volviéndose contra su propio objeto de estudio y sus demandas de justicia histórica? Y algo más grave todavía: ¿dónde empieza la falta de ética del investigador/a que lo/a lleva, de forma irresponsable, a una lectura plena de tachaduras, silencios y omisiones, por lo tanto falseada de los procesos que intenta pensar o describir?

Estas y otras interrogantes vienen a mi mente mientras leo “El pensamiento feminista y antirracista cubano: Una mirada al activismo de las mujeres desde la República hasta la sociedad cubana contemporánea”, firmado por Yulexis Almeida Junco y Aracely Rodríguez Malagón e incluido en la compilación (Anti-)racismo y republicanismo negro en Cuba, publicada bajo el sello de CALAS y CLACSO y compilada por la propia Yulexis Almeida Junco, junto a José Antonio Figueroa y Jochen Kemne.

El volumen -según sus compiladores- tiene la intención de explorar: “los legados humanistas y radicales del pensamiento cubano afrodescendiente, que tiene como meta un horizonte de igualdad y un cuestionamiento a las desigualdades económicas y sociales, heredadas del colonialismo y fundamentadas en la racialización” (Anti-racismo…8), así como: “visibilizar las maneras como los legados de igualdad, entendidos como punto de convergencia entre la revolución de 1959 y el republicanismo popular, puede contribuir a visibilizar y afrontar el último problema de la permanencia de exclusiones fundamentadas en la racialización y en la condición sexo-genérica en la Cuba posrevolucionaria ( Anti-racismo…8)”.

A partir de estos presupuestos, me pregunto: ¿Desde qué coordenadas se construye el sujeto de enunciación en esta cartografía y genealogía que intentan diseñar Yulexis Almeida Junco y Aracely Rodríguez Malagón? ¿Cuál es el lugar -no solo del campo cubano de las negritudes, sino también teórico, epistémico- desde el que se nos habla y en consecuencia se leen y piensan las dinámicas y los procesos complejos, heterogéneos y contradictorios que se derivan del transitar (histórico, cultural, social, económico, político, religioso, estético) de las mujeres negras y mulatas por la nación cubana?

Si tenemos en cuenta, como reconocen los compiladores en la Introducción de este volumen, que muchos de los artículos aquí incluidos fueron presentados en el Simposio Internacional “Republicanismo popular y racialización en los Andes y el Caribe”, celebrado en enero de 2020 en la Universidad de La Habana como parte del programa Cátedra CALAS/Cuba y la Universidad de La Habana, y el agradecimiento a  CLACSO por la incorporación de la referida compilación en la colección CALAS/CLACSO (Anti-racismo…24), coincidirán conmigo en que (Anti-)racismo y republicanismo negro en Cuba… es un libro enunciado, no desde del activismo, sino desde la academia o un segmento de ella. 

Esta aclaración es medular para entender cómo sus antologadores, y en particular las autoras del texto que nos ocupa (Almeida Junco y Rodríguez Malagón) construyen el juego entre lo dicho y lo desplazado; lo realmente inscripto y lo tachado. Y cómo determinan los textos y autores “políticamente correctos” y aptos para hablar desde allí, y cuáles marcos analíticos, posicionamientos teóricos, epistémicos y políticos quedan excluidos.

De ahí la voluntad de los editores de (Anti-)racismo y republicanismo negro en Cuba -actitud típica de la academia- por jerarquizar, clasificar, construir y proponer un corpus de autores y textos canónicos sobre el tema. . En otras palabras, lo que, Es decir, establecer una línea divisoria entre formas de conocer y pensar legítimas y las “ilegítimas”, entre los saberes “emergentes” y los consolidados desde los protocolos hegemónicos de conocimiento de esa academia, podría constituir una “verdadera contribución” en este campo de estudio, y lo que queda proscrito de la misma a manera de excedente o desecho.

En este sentido, estimo reveladoras de este orden de cosas las palabras el investigador Julio César Guanche –cuyos estudios sobre el Republicanismo Negro Cubano son de lectura imprescindible- cuando refiriéndose a este evento (Simposio Internacional “Republicanismo popular y racialización en los Andes y el Caribe”) y, en consecuencia, a esta antología expresó: “La Facultad de Historia de la UH decidió en ese momento que ni Zurbano ni yo éramos dignos de pisar sus pisos, y que nuestras palabras debían ser prohibidas en sus predios. Acto no por común menos lamentable”.

No obstante, al margen de este hecho y de cualquier consideración nuestra sobre determinado artículo, es innegable que (Anti)racismo y republicanismo negro en Cuba agrupa un conjunto de textos de gran valía y verdaderamente iluminadores para los estudios en este campo. Y eso es digno de encomio.

Ya que estamos hablando de exclusiones, otro dato a tener en cuenta es que una de las autoras de este artículo (Yulexis Almeida Junco) figura como compiladora principal de este volumen.

Retornemos a nuestra lectura de “El pensamiento feminista y antirracista cubano…”, cuyos escandalosos silencios y tachaduras llegan al punto de invisibilizar la labor fundacional en este campo de pensadoras y activistas como Inés María Martiatu, Daysi Rubiera y Sandra Álvarez… (añádase aquí un etcétera larguísimo). Y, como consecuencia de esto, a excluir de su análisis un período de luchas, producciones teóricas, simbólicas y activismo afrofeminista que cubre más de cinco décadas de la historia cultural de la nación cubana. 

En el caso de Martiatu y Rubiera llegan al punto de no incluir en la bibliografía de su artículo la referencia a textos como “Tirando piedras y rompiendo cabezas. De deshacer tachaduras y exclusiones al discurso afrofeminista se trata” (Martiatu, 2011); “La mujer de color en Cuba (mediados del siglo XVI mediados del siglo XIX)” (Rubiera, 1990); “Apuntes sobre la mujer negra cubana” (Rubiera, 2011); “Quebrar silencios y exclusiones” (Rubiera, 2013); “Afrofeminismo: pensamiento y discurso afrofeminista cubano” (Rubiera, 2015) y “El discurso femenino negro de reivindicación (1888-1958)” (Rubiera, 2016), los cuales constituyen referentes ineludibles en los estudios sobre el desempeño de las mujeres negras y mulatas en la colonia y los primeros años de la República.

De ahí que, desde una dimensión intertextual e interdiscursiva es posible constatar cómo Almeida Junco y Rodríguez Malagón en este estudio son incapaces de romper con una matriz de interpretación y un modelo de lectura del período acuñados justamente por los textos de María del Carmen Barcia, Daysi Rubiera e Inés María Martiatu.

¿Cómo explicar que este empeño de Yulexis Almeida Junco y Aracelys Rodríguez Malagón de construcción y validación, desde la academia, de una genealogía del afrofeminismo cubano se sustente en las mismas estrategias de exclusión y sucesivos ninguneos empleadas por la historiografía hegemónica, escrita por letrados blancos, para invisibilizar la producción de pensamiento y la agencia histórica de negra/os y mulata/os en la nación cubana? ¿Cómo reclamar el rótulo de feminista, negra, descolonial y seguir releyendo y pensando los procesos de la negritud, y en particular de las mujeres negras, desde el lenguaje y la epistemología  disciplinante y colonizadora del amo?

Esta pasión de Almeida Junco y Rodríguez Malagón en este texto por excluir, borrar y silenciar es de una irresponsabilidad intelectual que no tiene precedente en la historia del campo intelectual cubano. Ni siquiera en los mapeos y periodizaciones trazados sobre el arte y la literatura cubana en plena parametrización o decenio gris.

“El pensamiento feminista y antirracista cubano…” desde su propio título nos informa que el mismo abarca dos segmentos temporales: el primero corresponde a la República y el otro sociedad contemporánea, aunque sus análisis se remontan, a manera de antecedentes, a finales del siglo XIX. Detengámonos en el apartado titulado “Ruptura y continuidad: el activismo feminista de mujeres negras y mestizas, después del 1959”. ¿A partir de qué presupuestos examinan las autoras la agencia de las mujeres negras en este período? Antes de intentar responder a esta pregunta, recomiendo  no perder de vista el hecho de que estamos ante un texto donde el acto de mapear y de construir una genealogía deviene, paradójicamente, un ejercicio de producción tachaduras, vacíos y desmemorias.

El escrito traza un segundo segmento temporal que transcurre desde 1959 al 2010. (Desde el triunfo de la Revolución hasta la aparición del Grupo Afrocubanas). Sus autoras, en un texto que tiene aproximadamente veinte páginas, incluyendo las dos de la bibliografía, consagran cinco de ellas a examinar la labor que, desde su fundación, desplegó la FMC a favor de las mujeres afrocubanas. Los discursos de Fidel Castro sobre el racismo pronunciados en la décadas del noventa y el 2000. El impacto que tuvieron, en la agenda regional del  feminismo negro, la Conferencia Mundial de Mujeres de Beijing, 1995, la Conferencia Mundial contra el Racismo en Durban, en el 2001; así como los gobiernos progresistas y de izquierda que por esa fecha se instauraron en varios países de la región. Además de la influencia de la Red de Mujeres Afrolatinoamericanas, Afrocaribeñas y de la Diáspora en la agenda regional del feminismo negro y en Red de mujeres cubanas afrodescendientes.

De esta manera tejen una cortina de silencio sobre la agencia de las mujeres negras en este período 1959-2010. Silencian gestos, prácticas simbólicas y otros eventos productores de contrahegemonía y contramemoria, enunciados desde un conocimiento situado que parte de la experiencia de estos sujetos/as involucradas en el activismo y que fueron sentando las bases para leer las experiencias de las mujeres negras desde categorías, marcos teóricos y analíticos nacidos del acto de hablar y de pensarse a sí misma desde su propio cuerpo racializado.

Por ejemplo, en 1970 Nancy Morejón da a conocer su poema “Mujer Negra”, escrito especialmente para el espectáculo Richard trajo su flauta que, bajo la dirección de Luis Brunet, estrenó el grupo Teatro Estudio en la Sala Hubert de Blanck. En esta misma línea se inscribe la documentalística de Sara Gómez (La Habana, 1942-1974), su carácter problematizador y las interpelaciones que su obra realiza a esas lecturas apacibles, de colores radiantes, sobre el lugar y desempeño de la mujer negra en la sociedad cubana de las décadas de los sesenta y setenta, y el rol de instituciones como la FMC.

Sara Gómez

El discurso documentalístico de Sara está atravesado por un grupo de preocupaciones en torno a la marginalidad de los negros/as, la desigualdad social, la equidad racial y la sobrevivencia del racismo en la sociedad cubana de aquellos años (Martínez-Echazábal; Martiatu, 2014). Una zona significativa de su producción documental, censurada durante mucho tiempo, lleva la impronta de una realizadora que nos habla desde un espacio subalterno dentro del ICAIC y la cinematografía cubana de aquellos años, al que fue relegada por su condición de negra y mujer (Álvarez, 2015). 

No por casualidad, Sara Gómez devino un ícono para el emergente feminismo negro cubano de principios del milenio. A Sandra Álvarez y a su tesis de maestría “De cierta manera feminista de filmar”, realizada en la Universidad de La Habana (Cátedra de la Mujer, Programa de Maestría Estudios de Género), debemos el rescate y la relectura de su documentalística desde la perspectiva del feminismo negro.

En noviembre de 2007, Álvarez y un grupo de colegas en coordinación con el ISA organizaron el coloquio “Sara Gómez: Imagen múltiple. El audiovisual cubano desde la perspectiva de género”, el cual contó con la intervención de Inés María Martiatu, amiga e investigadora de la obra de Sara. Este evento se produjo justo cuando todavía el término feminismo sonaba como una mala palabra (Álvarez, 2021).

Recuerdo también lo que significó para el emergente feminismo negro cubano la obra de Belkis Ayón. Sus incursiones antropológicas, los ejercicios de apropiaciones y contra-apropiaciones que realiza del mundo abakuá, y sus mitos, desde el rol de excluida que tiene la mujer en esta hermandad religiosa (Menéndez, 2011). No por casualidad, una obra de Ayón fue seleccionada para la portada de Afrocubanas,  historia, pensamiento y prácticas culturales (Ediciones de Ciencias Sociales, 2011). No podemos dejar de mencionar las tempranas reflexiones sobre la mulata en las que, en los años noventa, se explaya la iconografía de Gertrudis Rivalta, enunciada desde su propia identidad de género y racial, donde prevalece un discurso visual que tiene un marcado carácter dialógico con la historia nacional.

Otro hecho que el estudio de Almeida Junco y Rodríguez Malagón elude es que desde los primeros años de la década de los noventa tanto Daysi Rubiera como Inés María Martiatu dan a conocer un grupo de obras que, leídas desde el prisma de los años transcurridos, resultan de gran relevancia para el feminismo negro cubano, por la manera en que se cruzan la raza y el género. Por ejemplo, en 1990 Martiatu obtiene el premio en el concurso de cuento femenino convocado por El Colegio de México y Casa de las Américas. El reconocimiento generó varias tensiones. Tengamos presente que esto ocurre en un momento del campo intelectual cubano marcado por la efervescencia de los estudios de género, liderados desde la literatura por el feminismo y el pensamiento académico blanco.

Rubiera, por su parte, en 1997 obtiene mención en el concurso Casa de las Américas con su libro Reyita, sencillamente, devenido dentro de la comunidad interpretativa internacional, junto a la autobiografía del poeta esclavizado Juan Francisco Manzano, y el Cimarrón de Esteban Montejo y Miguel Barnet, un clásico de la literatura oral cubana. Reyita… presenta el testimonio de una mujer negra y transforma su voz negada y subalterna en una voz pública.

Llegado aquí, es obvio preguntarse: ¿por qué siendo Reyita… la historia de vida de una mujer negra cuya existencia transcurre mayormente dentro de la República, Almeida Junco y Rodríguez Malagón ignoran este hecho en un texto que forma parte de un libro que precisamente intenta explorar y recuperar el legado y las contribuciones del Republicanismo Negro Cubano a la historia de la nación? Digna de atención en este sentido resulta la obra poética de Georgina Herrera producida en este período, y su libro Golpeando la memoria: testimonio de una poeta cubana afrodescendiente escrito junto a Daysi Rubiera.

Detengámonos en lo que considero la operación de borramiento más grave en el texto de Almeida Junco y Rodríguez Malagón donde, como venimos documentando, la relación del investigador con el pasado no solo opera desde un rigor y seriedad verdaderamente cuestionable, sino que es productor de desmemoria. Me refiero a Inés María Martiatu (Lalita), cuya fecunda militancia dentro del activismo antirracista cubano se remonta a la década del sesenta y quien fuera una de las figuras más activas e inspiradoras del feminismo afrocubano desde su gestación. No por azar, Agustín Laó-Montes en su utilísimo Contrapunteos Diaspóricos. Cartografías políticas de nuestra Afroamérica dedica a su memoria el capítulo ocho titulado “Feminismos negros que dan a la luz nuevas corrientes políticas y epistémicas” (2020, 329).

Digno de atención resultan los acercamientos y problematización que hace Martiatu a la manera en que el discurso dramatúrgico cubano construye su representación de las mujeres negras y mulatas, las categorías que propone en este sentido como el “síndrome de Cecilia”, las cuales resultan de gran operatividad metodológica para el feminismo negro  como campo de estudio a nivel latinoamericano y caribeño (Martiatu, 2004). Ni qué decir de sus estudios sobre la producción poética de Nancy Morejón, Excilia Saldaña, Georgina Herrera, la documentalística de Sara Gómez, las mujeres en el hip hop cubano, la narrativa cubana, los imaginarios de la música popular cubana, finalmente reunidos en Cimarronas. Genealogía del feminismo negro cubano,volumen querecibió mención en el Premio Extraordinario del concurso Casa de las Américas 2012, y de próxima aparición por la editorial Oriente.

Prosigamos nuestro viaje por esos fatigosos e incabalgables parajes de silencios, olvidos y exclusiones que resultan de la propuesta de genealogía de Almeida Junco y Rodríguez Malagón. Detengámonos en el párrafo donde se refieren al activismo que en la actualidad realizan las mujeres negras, disidentes sexuales y cita a los proyectos Casa Tomada MirArte, Afrodiverso, Nosotrxs, al tiempo que silencia la labor pionera desempeñada, durante más de quince años, por el blog Negra cubana tenía que ser de Sandra Álvarez, el primer espacio digital afrofeminista cubano. Para suerte de todos los estudiosos del tema, una selección de textos publicados durante más de una década en su bitácora personal y en otros medios digitales ha sido recogido en formato impreso por Wanafrica Ediciones, bajo el rótulo de Negra cubana tenía que ser. Por su parte, la profesora de la Universidad de Pensilvania, Judith Sierra, ha publicado Afro-Cuban Cyberfeminism: Love/Sexual Revolution in Sandra Álvarez Ramírez’s Blogging, investigación acerca de las intervenciones intelectuales de Álvarez Ramírez. La misma ha sido incluida además en el volumen Affective Intellectuals and the Space of Catastrophe in the Americas (Ohio State University Press, 2018).

Otra omisión inexcusable es la labor que desde la década del noventa viene desarrollando el grupo de hip hop Krudxs Cubensi: sus prácticas de producción cultural y acción política con un discurso que impugna y subvierte de las convenciones patriarcales y heteronormativas adquieren una dimensión decolonial. Su posicionamiento político se reafirma  desde el título de uno de sus conciertos: “Retumbe de cimarronas contra la violencia racista, sexista, capitalista y colonial”.

De vergonzosa puede calificarse la omisión del Directorio de Afrocubanas (que está cumpliendo siete años por estos días), ideado y administrado por Sandra Álvarez, cuyo objetivo fundamental es “visibilizar la vida y obra de mujeres cubanas afrodescendientes a partir de la creación de una herramienta digital que todas las personas puedan consultar en internet”, a lo que Álvarez añade que: “Usualmente a estas mujeres se les excluye de las antologías, compilaciones o enciclopedias. De ahí mi interés de concentrar toda la información en un mismo lugar” (Álvarez, 391). De manera similar la revista Afrocubanas, la única de su tipo en el país, ha sido “olvidada” en dicho artículo. Esta publicación ha sacado a la luz hasta el momento once números en pdf y está pensada sobre todo para una Cuba donde aún la conectividad no es la ideal.

Las hablantes en “El pensamiento feminista y antirracista cubano…” (Almeida Junco y Rodríguez Malagón) no solo son contemporáneas de muchas de estas autoras a quienes su propio análisis silencia y excluye, sino que se formaron y crecieron dentro del feminismo negro cubano leyendo sus textos, siguiendo sus debates en las plataformas digitales y además han integrado algunos de esos proyectos/grupos como el Grupo Afrocubanas (2010-2019) coordinado por Daysi Rubiera y que tuvo como gestoras a Inés María Martiatu, Sandra Álvarez, Carmen González y Paulina Márquez.

En el caso de Almeida Junco no solo fue miembro del Grupo Afrocubanas sino que también un ensayo suyo, “Género y racialidad: una reflexión obligada en la Cuba de hoy” (Almeida, 133), fue incluido por Rubiera y Martiatu en el volumen Afrocubanas: historia, pensamiento y prácticas culturales,el cual cuenta con una traducción al inglés.

Lanzar un manto de silencio y olvido sobre estas mujeres y su labor fundacional dentro del feminismo negro cubano contemporáneo es una praxis intelectual condenable y que mueve a la repulsión. Un insulto a la memoria de Inés María Martiatu, quien sin lugar a discusión es, en todos los planos, una de sus figuras más icónicas a nivel internacional. La labor fundacional de estas mujeres se desarrolló en un escenario político, intelectual y académico complejo, cargado de incomprensiones de todo tipo, incluso de colegas hombres quienes, al interior del Movimiento Antirracista Cubano, se opusieron bajo el argumento de que hablar de feminismo negro era una excentricidad que podría dividir nuestras luchas, y de tensiones teóricas con el feminismo blanco hegemónico y sus continuas exclusiones de eventos, antologías, cartografías, etc.

Como he intentado demostrar, en esta espesa madeja de olvidos voluntarios y borramientos sobre los cuales Almeida Junco y Rodríguez Malagón construyen su genealogía del feminismo negro en Cuba, el silencio y la tachadura operan como dispositivos de control y una táctica de producción y conservación de poder. Estamos entonces ante un ensayo que dice tener entre sus premisas el reconocimiento del feminismo negro cubano contemporáneo y su producción de conocimiento, pero acaba conduciéndose frente al mismo con métodos extractivistas.

Referencias:

Almeida Junco, Yulexis (2011). “Género y racialidad: una reflexión obligada en la cuba de hoy” Afrocubanas: historia, pensamiento y prácticas culturales, Rubiera, Daisy y Martiatu Terry, I. (Comp.) Editorial de Ciencias Sociales, La Habana.

Álvarez Ramírez, Sandra (2009). «De cierta manera feminista de filmar». En Benemelis, Juan F. (ed.). La memoria y el olvido. Syllabus afrocubano. Kingston: La Ceiba, págs. 286-298.

_____________________ (2015). “El aporte de Sara Gómez”.  Afrocubanas, historia, pensamiento y prácticas culturales. Selección de Daisy Rubiera Castillo e Inés María Martiatu. La Habana: Instituto Cubano del Libro.

______________________ (2021“Lo que Sara me dejó, de cierta manera” disponible en https://afrocubanas.com/2021/06/27/lo-que-sara-me-dejo-de-cierta-manera/ consultado por última vez 1/7/2023.

Colón Pichardo, Maikel (2016). “Racismo y feminismo en Cuba: ¿dos mitades y una misma naranja? Claves históricas para su estudio”. Boletín Iberoamericanista, no. 72.

Faguaga, María I. (2009). «La mujer afrocubana». En Benemelis, Juan F. (ed.). La memoria y el olvido. Syllabus afrocubano. Kingston: La Ceiba, págs. 250266.

______________ y Benemelis, Juan F. (2019). Mujer negra. Independently Published.

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Laó-Montes, Agustín (2020). Contrapunteos Diaspóricos. Cartografías políticas de Nuestra Afroamérica. Bogotá: Universidad Externado de Colombia.

Martiatu Terry, Inés María (2004). “Chivo que rompe tambó, Santería, género y raza  en María Antonia”. Una pasión compartida: María Antonia. Selección y prólogo Inés María Martiatu. Editorial Letras Cubanas, La Habana.

______________________ (2008). “El negrito y la mulata en el vórtice de la nacionalidad”  Bufo y Nación. Interpelaciones desde el presente. (Ensayos). Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2008.

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_____________________ (2000). Reyita, sencillamente. Editorial Verde Olivo. La Habana.

_____________________, Martiatu Terry,  Inés María comp. (2011) Afrocubanas: historia, pensamiento y prácticas culturales, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana .

___________________(2011). “Apuntes sobre la mujer negra cubana” Cuban Studies no. 42.

___________________ (2013). “Quebrar silencio y exclusiones” en La intimidad de la Historia, comp. Elizabeth Mirabal, Ediciones ICAIC, La Habana.

____________________ (2015). “Afrofeminismo: pensamiento y discurso afrofemenista cubano” Disponible en https://afromodernidades.wordpress.com/2015/06/ consultado por última vez 4/7/2023.

____________________: “Grupo Afrocubanas: ¿Por qué y para qué?” Cuban Studies, 48 s/f

Menéndez Vázquez, Lázara 2011. “Belkis Ayón Manso entre sensibilidades heterogéneas.” Martiatu Terry,  Inés María comp.  Afrocubanas: historia, pensamiento y prácticas culturales, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana .

Destacada

DIME DE QUIÉN TE RÍES…Por Roberto Zurbano

Lo que escribí hace diez años
aun produce picazón.
Lo saqué del corazón
Y hoy me hace menos daño.
Pero no me llamo a engaño,
ni me duermo entre laureles,
pues no es asunto de pieles,
ni dejárselo a la ciencia.
A quien le falta conciencia
¡Seguro que no le duele!
 

El Festival Nacional Aquelarre es uno de los eventos más riesgosos del panorama cultural cubano porque el filo del humor sigue indagando en los conflictos sociales y políticos del momento. De ahí que la censura haya perseguido a este festival desde su fundación. No hubo desde entonces, suficiente capacidad para amordazar sus mejores chistes, tal y como fue imposible encarcelar al Bobo de Abela. ¿Hay muchas razones para reírse en la Cuba de hoy? No alcanzo a responder esta pregunta, sólo admiro la pasión por la cual muchos defienden ese arte, del cual celebro la dimensión crítica con que pretende mejorar al país.

Roberto Zurbano

El choteo suele generar, entre cubanos, una visión mediocre y deshumanizadora que marcó esta edición del Aquelarre durante su evento teórico: una conferencia, indirectamente, pretendió distorsionar un debate que cumplió 10 años, a propósito de un texto que publiqué un domingo como hoy en el New York Times sobre el racismo en Cuba (NYT, marzo 23, 2013). El material de estudio que la experta manejó fue la décima “humorística” (véase foto,) escritas a propósito de aquel debate, por El Club del Poste y otras piezas de humor racializado y homofóbico, que refuerzan su práctica discriminatoria y su menosprecio por la cuestión racial al que apuntó el texto del 2013. Este Club… es un grupo o tríada autoral de la provincia Villa Clara que alcanza fama a finales de los años ochenta por su labor satírica a través de la décima, siguiendo una tradición campesina que logran insertar en el entorno urbano de Santa Clara.

La conferencista, Laidi o Adelaida Fernández de Juan, a quien se agradece la reedición de las crónicas de Eladio Secades, es una narradora premiada por sus cuentos y conocida por su activa participación feminista en las últimas décadas. Mas, su visión feminista no roza el trasfondo homofóbico, machista y racista de buena parte de la obra de El Club del Poste y, en cambio, toma varias piezas para ilustrar su conferencia. No me sorprende que haya excluido ciertas décimas, públicamente lesivas, para importantes figuras públicas. Entre los vacíos del feminismo cubano más establecido está su ceguera ante el racismo y su falta de solidaridad con otros discriminados, en pacto cómplice con un modelo patriarcal que oprime más allá del sexo y el género. El chiste racista, aunque naturalizado en nuestra cultura, daña tanto como uno machista u homofóbico, generando la misma opresión sobre el pecho y sobre la sociedad.

En principio hubo una elección: ¿de quién nos reímos? Luego, un intencionado gesto de poder, oliendo a privilegio, que unas personas usan para someter a otras a “simpático” escarnio público, aderezado de comentarios que devalúan la obra y la persona escogida. Hay un exceso de poder y de la violencia simbólica con que la hegemonía blanca se está renovando en Cuba. Digo hegemonía blanca y no incluye a todas las personas así racializadas, sólo aquellas que configuran una sociabilidad estructurada por relaciones de poder (político, económico, mediático, cultural), a veces acompañadas de un grupito de subalternos negros y mestizos, todos centrados en la visión eurocéntrica que trata con prejuicios y otros sesgos a nuestra diversidad socio-cultural, imponiendo estrechas normativas y practicas institucionales verticalistas.

La decima de marras (en la foto) intenta minimizar el tema racial tras varios tipos de carcajadas: la primera, elitista y arrogante, sobre Pogolotti, conocido barrio obrero, particularmente de tabaqueros y mayoría negra, que mejoraron sus calles y viviendas gracias a los Pogolotti, apellido que aun mencionan con respeto. La segunda carcajada osa empobrecer la figura nada provinciana de Regino Eladio Boti, el gran intelectual oriental cuya obra es puente del modernismo a nuestra vanguardia literaria, ejemplo de compromiso con la ciudad en que nació y murió, dejando una familia de profesionales y patriotas poco estudiados en Cuba. La tercera carcajada es más común y reaccionaria: mezcla de burla y molestia política anti-negra, que intenta zaherir y provocar resentimientos, fabricando rabia donde hay orgullo, boicoteando la resistencia crítica para tornar sospechoso cualquier reclamo de dignidad ante una eficiente maquinaria burocrática que solo produce disidentes o subalternos. Cada una de estas carcajadas recicla viejas fórmulas del escarnio socio-racial. Sólo cambia el contexto que hoy resulta más propicio que veinte años atrás.

Laidy Fernández de Juan

Quizás la tradición racista de Santa Clara borró de su memoria el estallido racial de 1925 donde fueron heridos varios jóvenes negros que un domingo como hoy rompieron la absurda e ilegal obligación de pasear sólo por un área restringida del Parque Vidal. Si tales fantasmas no se exorcizan por la historiografía y la educación, lo natural es que salten, enmudecidos aun, en ciertos textos discriminatorios actuales, donde muy pocos lectores sabrán de qué historia hablamos. Reducir el debate racial a un escarceo entre negros intelectuales es irrespetar la numerosa población negra que ocupa la mayoría de los barrios pobres, los peores trabajos, las cárceles, el mercado informal y la parte dura de la vida cotidiana allí, donde la pobreza abrasa negros, mulatos y blancos y no existen privilegios ni remesas con que atenuar los golpes del “sálvese quien pueda” y” ordénese quien tenga MLC”. Estas personas también necesitan reír y llevar una vida digna que nadie les pueda embromar. Si alguien sugiere que lo racial es un ruido que aporta poco sentido (pocas nueces), no entiende Cuba. Luego, la infeliz cuarteta final no es a mí a quien demerita, si se interpreta el referido dicho (Mucho ruido y pocas nueces), endilgándome (Mucho negro y pocas nueces) el ruido que provocó el texto del 2013, como si el tema del racismo y de lo que llamo neoracismo en Cuba no fuera tan silenciado como tan vergonzante durante varias décadas después de 1959.

La infeliz décima, cierra con una mueca que niega el esfuerzo antirracista, mostrándolo como alarde, sin respeto a la necesidad humana y política que ello significa e insiste en descalificar la condición racial, de la cual muchos nos enorgullecemos como el Maceo que es recordado con fruición dos veces al año en nuestras logias. Mucho faltó a esta décima para llegar a sátira o poco más. Entonces, ¿qué obliga a citarla que no sea reproducir su mal intención contra la familia Pogolotti o la malograda línea sobre Regino Boti? ¿Se trata de anular nuestra capacidad intelectual cuestionando la presencia negra, llamando a Boti “negro intelectual”? O burlarse, en otra pieza, de autores como Julio Mitjans, por su orgullosa condición de negro gay? Solo apunto que vivimos una cultura light donde la chismografía es más importante que la obra y diz que la orientación sexual vende más que la experticia del autor. Eso está al nivel de la visión aldeana del Club del Poste, pero no agrega mucho sentido a una conferencia magistral en la UNEAC, a no ser que se prefiera esa tendencia anti-intelectual presente en medios y espacios culturales, que rebaja o destruye figura o proyecto que no asuma las normativas dominantes en cuanto a raza, sexo, criterios o proyectos de felicidad y de futuro en Cuba.

Julio MItjan y Roberto Zurbano

En momentos que el humorísmo cubano, dentro y fuera de la isla, indaga con profundidad, a través de diversos formatos y enfoques, en las causas de la precariedad material, la opacidad de lo real en nuestros medios y los derechos de grupos sociales (mal llamados minoritarios) como negros, mujeres, homosexuales y de artistas independientes, jóvenes inconformes, ancianos desamparados, migrantes, presos y enfermos; resulta anacrónico e inconsecuente elegir tales décimas. En su origen, no fueron creadas para la amplia recepción; yo las ví surgir del interregno alternativo de El Mejunje, en el tráfico alcohólico y desprejuiciado de las noches en que Silverio construía la mejor plaza en defensa del sujeto y la vida gay en la isla, rechazando la visión clínica y disciplinaria que entonces agobiaba a un emergente movimiento LGTBIQ.

Feminista insolidaria
Que me quisiste chotear:
Yo no pretendo alardear
ni curarte la urticaria
¿Ya encontraste boticaria
que te venda intersección?
Es la mejor curación
para cualquier privilegio.
Yo vengo de otro colegio,
pero en la misma nación.

No creo que la avalancha de memes sobre la realidad cubana produzca las mismas carcajadas que se oyeron en la Sala Villena, porque estos atentan contra la reputación de gente importante. Pero si las personas motivos de risa no son VIP, este público se permite carcajear, sin pensar adonde llega el puñal de una carcajada que, si no irresponsable, sí es cómplice de la nada sutil discriminación de esa décimas. Nótese que la nueva ola racista gana espacios que fueron tribuna del antirracismo como la sala Villena de la UNEAC, donde se sucedió una saga de importantes eventos y debates antirracistas durante los años noventa y al principio de este siglo.

Lo peor es que no creo posible un reclamo sin que salten las hordas privilegiadas a reivindicar su derecho al choteo de plantación o traten de convencerme de mi exagerada reacción. Este tema alcanza una perversión tal que el discriminado, a menudo, pasa a ser culpable y se nos criminaliza o critica por denunciar. Ya sucedió una y otra vez, porque el castigo racial, como en la plantación, no prescribe. Pero, ejerzo mi derecho ante un acto denigrante, aun naturalizado a pesar de la reciente Constitución de la República, ocurrido en una institución pública del país. Aunque no abrigo intención punitiva alguna, todos sabemos que en cualquier ciudad del mundo, no quedarían impunes autor, divulgador o institución que haga pública una línea tan irrespetuosa (Mucho negro y pocas nueces) portadora de un racismo inconcebible años atrás en la propia UNEAC.

Si se permite esta afrenta, llegaran otros gestos y acciones más peligrosas y excluyentes. Acabemos de enfrentar el racismo sin tanto temor y juego de palabra. En la tradición del humor cubano la negra y el negro suelen salir malparados casi siempre, para no ser absoluto: también a la realidad se extiende esta farsa histórica. Escribo en la realidad, no en la pantalla con la tanda de filmes afroamericanas que parecen destinadas a evitar que nuestros televidentes reconozcan por qué y cómo se expresa aquí y ahora el racismo del cual mucho se habla y casi nadie quiere ver. Nuevas y viejas formas racistas crecen juntas en Cuba, respaldadas por la vieja impunidad, el neoconservadurismo y la colonialidad, más la nueva configuración post-racial y neoliberal que ciertas castas disfrutan a su antojo.

Por estas razones se ha impuesto una tendencia que minimiza los peligros del racismo en nuestra sociedad y que fragmentó y aun viene cooptando, al activismo social que colocó el antirracismo en la agenda nacional a fines del siglo pasado. Así, se aplaza la tarea de deconstruir los racismos invisibles, conscientes y paternalistas que afectan la nación. Las discriminaciones no suceden en abstracto; siempre hay pretextos, cuerpos y contextos. Se trata de una disputa sobre rol y el lugar que nos corresponde. ¿A qué lugar nos condena la burla irresponsable y prejuiciosa? ¿Qué instituciones asumen estrategias descolonizadoras, cierto respeto a la diversidad y se oponen, en la práctica, a cualquier forma de discriminación? ¿Sabrán distinguirlas en la vida cotidiana, en las prácticas profesionales y en las interacciones con los demás, cercanos o no a nuestras experiencias de vida?

Sin voluntad ciudadana y política esto no va a pasar. Porque el racismo cultural marca todas las instituciones que no creen en la dimensión estructural de nuestro racismo, mientras asumen al debate racial como amenaza a la unidad nacional y suelen inferiorizar a (esta vez, burlándose de) la gente negra y sus proyectos. Mi análisis no es personal, solo es el modo en que advierto un repliegue ético y político, de raíz neoliberal, que precariza el campo socio-cultural cubano y empodera a sus elegidos: un sector que patologiza o criminaliza cualquier sujeto crítico, marginándole por las estrechas normas institucionales que anulan sus demandas e imponen el discurso ideológico con que el racismo, los derechos y la nación deben abordarse, según el criterio autoritario de dicho selectivo grupo, al cual se le permite excesos, extremismos, perretas e inmerecidos premios, prebendas y permisibilidad versus la negación, el castigo y el ninguneo de otros, en un caprichoso juego de tronos en que no cabemos todos, ni para el bien ni para todos. Nada de esto parece ser revolucionario, justo ni emancipatorio. Y exige ser transformado. Mañana será tarde…

No quise ser aguafiestas y publicar mi reclamo en medio del Aquelarre, sin aportar las tres décimas, quizás jocosas, que aquí inserto. Sostengo que no me da ninguna risa saber que habitamos un país donde se irrespeta la enorme diversidad y diferencias entre los cubanos. No es hora de reírse a carcajadas porque el humor en Cuba, más allá de sus salas y privilegios, hoy se debate en el difícil y hermoso momento que les ha tocado no solo a cineastas, escritores y otros artistas, sino a la masa inmensa de cubanas y cubanos que necesitamos reír, ¡muchísimo!, pero no de nuestras diferencias y defectos; sino de este tiempo en que parece que sólo unos pocos transformaremos nuestras propios talentos y miserias para lograr una nación más coherente entre lo que pensamos, lo que decimos y lo que hacemos. Una nación digna, donde para reír no haya que denigrar a otro cubano!

Que ya no existe racismo,
Me dices con mucho humor.
Tantas nueces y el rumor
no me confirman lo mismo.
Hoy salgo de mi ostracismo,
Me incorporo a la querella,
¡Si hasta la propia Graziella
Reclama nuestro derecho!
Y hay gente poniendo el pecho
Entre el yugo y las estrellas.

Roberto Zurbano.

Crítico cultural y militante antirracista.

Destacada

Zuleica Romay y su propuesta de genealogía del Movimiento Afrocubano como parte de los movimientos y luchas sociales en Afroamérica. Por: Alberto Abreu Arcia

Una de las ponencias más significativas e incitantes leídas en el I Encuentro Nacional sobre Racialidad, Equidad y Políticas Sociales fue “Movimientos y luchas sociales en Afroamerica: una visión desde Cuba”, de Zuleica Romay. Un texto que, a manera de una historia de larga duración, transita de la genealogía a la cartografía. Propone rutas e itinerarios. Al tiempo que grafica la pluralidad y complejidad de ciertos procesos, espacios políticos, y discursos históricos, sus lógicas, dinámicas e insurgencias posibles. Un verdadero ejercicio de contramemoria y de insurrección epistémica.

Romay toma como referente la polémica que en el 2016 sostuvieran  Víctor Fowler, Roberto Zubarno y Alberto Abreu a partir de la afirmación que hiciera este último  de la existencia de un Movimiento Afrocubano. (“El movimiento antirracista cubano inicia la batalla por una plataforma común” y “El movimiento antirracista cubana como punto de partida para el estudio de los nuevos movimientos sociales (MS) en Cuba”) sobre la existencia de un Movimiento Afrocubano.  Debate que fue reseñado por Agustín Laó-Montes en su libro Contrapunteos Afrodiáporico. Cartografías políticas de Nuestra Afroamérica (Laó-Montes, 2020, pp 455-484).

Portada del libro de Agustín Laó-Montes

En la investigación  de Romay el Movimiento Afrocubano se construye, por un lado como parte de un campus (Bourdieu) que contiene una identidad cultural y política; además posee carácter transnacional.  Y por otra parte, como  una historia de larga duración. Una historia no sólo de luchas sociales, políticas, sino también una tradición intelectual, de insurgencias, y narrativas contrahegemónicas. No en por azar su intervención comienza con esta aseveración: Desacreditada la narrativa colonialista sobre la mansedumbre y la resignación como comportamiento “naturales” de los y las afrodescendientes hoy pocos discuten que el cimarronaje está en la base de todas las formas de conciencias afroamericanas.

Lo que sigue a continuación es la transcripción que de la intervención de Zuleica Romay en esta sección de trabajo del Encuentro, así como de las notas contenidas en el PowerPoint que ilustró su exposición. Todo lo colocado en cursiva corresponde textualmente a la autora. Por lo demás le aclaro a los lectores que se trata de un texto en elaboración. Susceptible, como me comentó Zuleica, de ser perfeccionado, no obstante contiene ideas y tesis medulares para comprender lo que ha sido el devenir del Movimiento Afrocubano. De dónde venimos y hacia dónde vamos.

Los primeros antecedentes de este movimiento la investigadora los coloca:  En agosto de 1920 varios miles de personas reunidas en Harlem bajo el liderazgo de Marcus Garvey, aprobaron una declaración de derechos humanos solo antecedida por la proclamada por la Revolución Francesa. Se trata, según la investigadora de un gesto precursor  y también soslayado por los estudios afrolatinoamericanos y  “que antecede 28 años a la Declaración Universal refrendada por Naciones Unidas, es totalmente ignorado por la ‘historia oficial’ ”.

En genealogía que construye  Zuleica,  Marcus Garvey: es el fundador del panafricanismo como corpus ideológico y el primer promotor de una identidad cultural y política de naturaleza trasnacional en las poblaciones negras del mundo.

Y recuerda como: El pensamiento socialista, en particular el marxismo, fue muy crítico con Garvey y sus doctrinas de empoderamiento panafricano, debido su conciliación con el ideal burgués de bienestar y desarrollo.

Y le otorga al garveyismo la condición de “primera forma de conciencia negra en la era poscolonial”, y estima pertinente reconocerle al mismo:

  • Su reivindicación de África como referente histórico, ético y cultural.
  • El regreso a África como condición de posibilidad para recuperar la libertad y restablecer la justicia.
  • La percepción de África y sus diásporas como una  gran familia, fragmentada y dispersa por el mundo por obra del colonialismo
  • La apuesta por el empoderamiento económico como base para conquistar independencia, dignidad y bienestar.
  • El firme propósito de que las personas negras se emanciparan por sí mismas.

Por su nivel de influencia, otra relevante forma de conciencia negra es la Negritud, un corpus teórico y espiritual panafricano nacido en Europa en los años treinta del siglo XX y regresado al Caribe por sus diásporas. Muy combatido por cierta zona del pensamiento marxista, por su presunto esencialismo, ha originado un vocablo genérico (que alude a las culturas y poblaciones negras) y nutrido la espiritualidad panafricana, con notable reflejo en diferentes expresiones de las artes y la literatura negra.

Otras formas de conciencia negra surgidas en la primera mitad del siglo XX fueron:

Rastafari, sistemas de ideas y proyectos de vida que también nació en el Caribe anglófono, extendiéndose a Norteamérica y el Caribe hispano hacia a inicios de los años sesenta del pasado siglo.

El afrocubanismo, una adecuación creativa de las ideologías del mestizaje, más tarde trascendido por la parábola nacionalista condensada en la cubanidad, y resignificado, en términos políticos, por el activismo antirracista y el cimarronaje intelectual de fines del siglo XX.

El indigenismo haitiano, una corriente de fuerte sustrato antropológico que expresaba una reivindicación de autoctonía cultural frente al tradicionalismo y el elitismo de la cultura francesa.

En la segunda mitad del siglo XX se consolidarían las dos corrientes de mayor complejidad teórica y beligerancia política: el pensamiento radical negro, con sus múltiples expresiones (nacionalismo, marxismo, republicanismo) y el afrofeminismo

Pese a la hegemonía de sus tendencias más dogmáticas durante casi todo el siglo XX,  la teoría marxista es parte de los nutrientes de la conciencia y el pensamiento social afrodescendiente. Construido casi siempre desde los márgenes (de los partidos políticos y la comunidad intelectual “reconocida”), también en Cuba tuvo el marxismo notables pensadores.

 -Sandalio Junco Camellón, anarcosindicalista, fundador en Cuba  del Partido Bolchevique Leninista (Trotskista).

-Juan Ramón Breá Landestoy, poeta surrealista, disidente del PSP  y afiliado al trotskismo.

-Raúl Cepero Bonilla, economista y periodista, sin militancia partidaria.

-Ángel César Pinto Albiol, pensador autodidacta, disidente del PSP  y afiliado al trotskismo.

¿Cuáles son los rasgos distintivos de las formas de conciencia afroamericana?

  • Postulan el cimarronaje intelectual, político y cultural como estrategia de lucha.
  • Se alimentan de los diálogos (reales o imaginarios) y de los intercambios (materiales y espirituales) entre las Américas, África y sus diásporas.
  • Fuerte discurso identitario, elaboración de códigos y signos de autocomprensión, los cuales se traducen en recursos/acciones políticas para la transformación de la realidad.
  • Construcción de alianzas y articulaciones intrarregionales y trasatlánticas.

El movimiento antirracista cubano está aún en construcción, pero no puede negarse su existencia, evidenciada en:

  • Proyectos comunitarios, iniciativas y agrupamientos ciudadanos con diversidad de perfiles, propósitos y membresía que sitúan la lucha contra el racismo y la discriminación racial entre sus objetivos fundamentales.
  • Esfuerzos sostenidos de definición identitaria, mediante el diseño de una “imagen corporativa”, perfiles y publicaciones en redes, establecimiento de marcas comerciales de productos o servicios de impronta africana y la sistematización de procesos de formación, entre otras acciones.
  • Aprovechamiento gradual de los espacios de autonomía reconocidos por la Constitución de la República, las leyes (Código de las Familias) y los programas de gobierno (Programa Nacional de Lucha contra el Racismo y la Discriminación Racial, Programa para el Adelanto de la Mujer).
  • Voluntad negociadora.
  • Diálogos y alianzas (todavía frágiles) entre activistas, iniciativas y proyectos y de estos con gobiernos locales y territoriales.

Principales características de las iniciativas, proyectos y agrupamientos ciudadanos surgidos en Cuba en las primeras décadas del siglo XXI.

  • Muestran diversidad en sus áreas de acción, con énfasis en los ámbitos barrial, cultural, artístico, legal y religioso.
  • Proponen nuevas formas de organización, caracterizadas por el rechazo al verticalismo funcional y la existencia de liderazgos colectivos.
  • Exhiben liderazgos renovados, con fuerte presencia de mujeres, jóvenes y personas LGTBIQ.
  • Marcado interés en la acción comunitaria, la cual se realiza en barrios populares y comunidades precarizadas, aunque existen algunos núcleos en universidades e instituciones culturales.
  • Expansión paulatina de la educación popular como concepto de trabajo y metodología para la acción.
  • Empleo efectivo de las tecnologías de información y comunicación para la promoción en las redes sociales, difusión de publicaciones y podcast y para la realización de eventos virtuales.
  • Preferencia por el trabajo social en red, estableciéndose, de manera natural, colaboraciones y alianzas entre agrupamientos e iniciativas con intereses diversos.
  • Desbalance notable del nivel de actividad entre La Habana y el resto de las provincias.
  • Con mucho trabajo, han conquistado cierta visibilidad y reconocimiento político; pero aún carecen de personalidad jurídica.

                                                   

[A partir de aquí la autora apela al semáforo como alegoría.]

Luz Verde

                          

¿En qué contexto se desarrolla este incipiente movimiento? ¿Qué factores les favorecen o no?

Entorno institucional favorable.

Correspondencia de paradigmas, preceptos y objetivos con los del Estado y su sistema de instituciones.

Reconocimiento, de hecho y de derecho, de las demandas y reivindicaciones del movimiento antirracista.

Aunque el ritmo es lento, se observa creciente sintonía (más en las acciones que en los conceptos) con la academia y el gobierno a todos los niveles.

Contextos internacionales favorables:

Existencia y consolidación de mecanismos internacionales de vigilancia y promoción de la igualdad racial (ONU, Celac, Caricom, etc.) que legitiman la labor de los movimientos sociales.

 Creciente nivel de relaciones con organizaciones, iniciativas y proyectos de otros países de Afroamérica.

 Inserción en redes de diferente alcance para trabajar, sobre todo, en el universo digital.

                                [Semáforo: Luz amarilla]

Entorno tecnológico de desarrollo medio-bajo:

Posibilidades de comunicación/articulación limitadas por la eficacia de la tecnología y los costos de su empleo

Entorno legal de lenta evolución:

-Indefinición del estatus legal de las iniciativas, proyectos y agrupamientos ciudadanos, lo que redunda en escasas opciones de autosostenibilidad.

Cultura política frágil, muchas veces desconectada  de sus antecedentes históricos:

-Poco conocimiento de la historia de luchas de las personas negras en Cuba y Afroamérica.

-Pereza intelectual y poca sistematicidad de los intercambios de metodologías y saberes con otros activistas y movimientos.

Entorno político de lenta evolución:

-Poca sinergia de estrategias y propósitos con las instituciones formadoras (MES, MINED), así como las organizaciones revolucionarias más masivas (con excepción de la FMC).

 -Relación asimétrica con el Estado y el gobierno a todos los niveles.

-El empleo de los espacios institucionales de comunicación es infrecuente y de naturaleza “conmemorativa”.

-Culturalismo (reducción de la problemática racial al ámbito cultural; reivindicación extemporánea de paradigmas identitarios trascendidos por la práctica política del siglo XX.

-Bajo nivel de politización (desaprovechamiento del potencial político de procesos sociales e  institucionales (Ej: Censo de Población y Viviendas).  

-Ausencia de proyección estratégica de una parte de las iniciativas y proyectos.

[Semáforo  en Luz Roja]

Estanflación económica (recesión + inflación)

Precarización de la vida, fragilidad alimentaria, incremento del tiempo dedicado al aseguramiento de la subsistencia, “encogimiento” espiritual y estrés continuado, con un subsecuente deterioro de la salud física y mental.

Incremento de la desigualdad y la disfuncionalidad social

Incremento de las brechas de desigualdad, expansión de la pobreza, fragmentación familiar, migraciones internas de carácter masivo, con sus secuelas de hacinamiento, precarización y marginación.

Aumento de la competitividad social (económica, laboral y simbólica).

Expansión de la frustración y el desencanto, escapismo, hedonismo y migración externa como estrategias frente a la percepción de  insolubilidad de la crisis.

Biografía:

Abreu Arcia, Alberto: “El movimiento antirracista cubano inicia la batalla por una plataforma común”https://afromodernidades.wordpress.com/2016/09/17/afromodernidades-150/

_____________________: “El movimiento antirracista cubana como punto de partida para el estudio de los nuevos movimientos sociales (MS) en Cuba”).https://afromodernidades.wordpress.com/2016/09/17/afromodernidades-150/

Laó-Montes, Agustín (2020). Contrapunteos afrodiaspóricos: Cartografías políticas de nuestra afroamérica, Universidad del Externado de Colombia.

Destacada

Palabras de Bienvenida a los participantes en el I Encuentro Nacional sobre Racialidad, Equidad y Políticas Sociales para el Desarrollo. Por: Yoelkis Torres

A más de 20 años de la adopción de la Declaración y el Programa de Acción de Durban, donde se establecieron objetivos para la lucha contra todas las formas de racismo, discriminación racial, xenofobia y otras formas conexas de intolerancia, podemos decir que aún no se han alcanzado, ni se han conectado del todo con metas como los ODS 2030 u otras políticas internacionales y locales.

Por el contrario, la crisis multidimensional agravada por la pandemia de COVID-19, ha exacerbado las desigualdades estructurales que fomentan la discriminación, la intolerancia y la exclusión de las personas negras y otros grupos étnicos.

Entonces, preocupa profundamente la subsistencia del racismo estructural, y las violencias e inequidades asociadas en tal caso, así como los intentos de eludir su deuda histórica con los pueblos víctimas de la esclavitud.

Cuba, desde el Macro programa de Desarrollo Humano, Equidad y Justicia Social con la coordinación ejecutiva del Ministerio de Cultura y la responsabilidad de la Comisión Nacional del Programa COLOR CUBANO contra el Racismo y la Discriminación Racial compuesto por 18 instituciones y 18 organizaciones de la sociedad civil, han alcanzado una mediana implementación que ha permitido identificar brechas de equidad y a partir de ello, trabajar de forma intencionada para eliminar los vestigios de discriminación existente y negada por muchos años en un contexto revolucionado.

Es la intención y debe ser el camino.

En este proceso, la sociedad civil cubana ha jugado un papel fundamental y el crecimiento de movimientos antirracistas ha propiciado un profundo análisis de la crisis a la cual se han sometido comunidades y sus familias, pobreza, marginalidad, economía deprimida, entre otros aspectos que se relacionan hoy al concepto de zonas vulnerables.

Durante la inauguración oficial del encuentro

Se ha mantenido un diálogo e intercambio con organizaciones y ciudadanos, pero nos falta mucho por hacer, principalmente dando sentido a este escenario institucional creado, que no puede volverse un sitio de informes y pocas acciones con los reales afectados o sin tener en cuenta las miradas de todes los que emprenden estos procesos antirraciales críticos o no.

Para pensar Cuba, necesitamos de todos sus cubanos y cubanas, para hacer un país, necesitamos de todas las manos.

Academia, estado y activismos, deben estar conectados con el fin de contribuir a la eliminación de las condiciones que generan inequidades y discriminación racial asociadas al color de la piel, que colocan a las poblaciones negras y mulatas en Cuba en situación de desventaja y vulnerabilidad con relación al acceso al bienestar.

Y con estos elementos llegamos aquí, para decirles muy buenas tardes a todas, todos, todes los presentes. Grata bienvenida tengan en este nuestro Museo Ruta del Esclavo, Castillo de San Severino, edificación testigo y fundadora de ya casi 330 años de historia en esta nuestra ciudad de Matanzas, La Atenas de Cuba, la Ile Ife Lucumi, la pequeña África, la Roma Yoruba, la tierra ancestral del ritmo y la vibración del grito de independencia y libertad desde el cimarronaje.

El I Encuentro Nacional sobre Racialidad, Equidad y Políticas Sociales para el Desarrollo abre caminos del 22 al 25 de febrero del presente año con el propósito de:

• Intercambiar aprendizajes y experiencias de iniciativas, proyectos y programas de diversas zonas de Cuba que, a través de la cultura, inciden sobre las desigualdades por color de la piel (priorizar en las zonas de Cuba los territorios que trabajamos como plataforma).

• Compartir herramientas y metodologías para incorporar la dimensión color de la piel en proyectos territoriales para el desarrollo inclusivo y sostenible.

• Proyectar articulaciones entre proyectos y experiencias territoriales de la Plataforma PyE para tributar a los objetivos de la política pública del programa Color Cubano.

• Sensibilizar a los participantes sobre la necesidad de incorporar la dimensión color de la piel en los proyectos de desarrollo.

• Aproximar a los participantes a los principales conceptos y herramientas para trabajar el tema desde las comunidades.

• Identificar fortalezas y necesidades para trabajar el tema en cada uno de los espacios.

Un espacio de debate e intercambio afirmativo para la adquisición de herramientas y el análisis de estrategias de atención a las prácticas de discriminación racial y superación de brechas de equidad asociadas al color de la piel por territorios, localidades y sectores productivos y sociales, potenciando el trabajar en la mejoría de la situación socioeconómica de los grupos poblacionales negros y mulatos en relación con la calidad del empleo, el nivel de ingresos, los logros educacionales, la vivienda y el hábitat, la salud y acceso a espacios de dirección; y la eliminación de prácticas discriminatorias por color de la piel en diferentes ámbitos y planos —institucionales, interpersonales, comunicacionales—, prejuicios y estereotipos racializados.

Una Cuba con todes, desde la mirada crítica constructiva.

Nos preguntaremos:

• ¿Existe una problemática racial en la Cuba de hoy?

• ¿Están erradicados realmente el racismo y la discriminación racial en la sociedad cubana actual?

• ¿Qué causas motivaron la ausencia de debate sobre los problemas raciales después de 1959?

• ¿Existen nuevas formas de racismo (neo-racismo) en el país?

• ¿Qué opina una muestra de cubanos sobre el racismo en Cuba en la actualidad?

• ¿Qué retos debe afrontar el gobierno y Estado cubanos para lograr la deseada equidad racial?

Para ello tenemos un amplio y productivo programa nos recibe en estos días gracias a la Plataforma Equidad Cuba de la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación COSUDE de la Embajada Suiza en Cuba, con la organización de la Fundación Nicolás Guillen, el CIERIC y el Proyecto AfroAtenas, así como el apoyo de la Dirección Municipal y Provincial de Cultura u otras instituciones, amigos y amigas que estuvieron generando ideas para estar aquí reunidos.

Dra. Geydis Fundora a través de un video conferencia

Hoy estamos con iré, con bendiciones, con ashé, abrimos el debate y nuevos caminos trayendo consigo el privilegio de tener en este momento entre nosotros al Excelentísimo Sr. Embajador de Canadá Geoffrey Gartshore. Al cual estaremos eternamente agradecido por todos los esfuerzos que tienen a favor de estas temáticas en Cuba y el mundo.

A todes muchas gracias por estar y que no sea la primera vez que nos veamos juntos luchando por justas y necesarias causas.

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“Cuerpos que cuentan” Por Alison Infante Zamora

Liliana Salgado Barnet: rostros, manos y sombras que iluminan

Dos líneas fundamentales matizan las piezas de Liliana. Una, la re-creación del claroscuro, en ocasiones casi tenebrista, en la que las poses y el regodeo esteticista ganan la partida de la composición, en una suerte de declaración expresa del cuerpo de la persona negra como espacio de belleza. Otra, la instantánea incidental que favorece la expresividad de los rostros y la gestualidad, y que es también una declaración, esta vez, de las esencias de lo cotidiano. Ambas líneas, tiran de la cuerda del estilo de tal forma que parecieran dos artistas y no una. Pero es en esa tensión precisamente en la que se manifiesta la capacidad de Liliana de asumir magistralmente estos dos ámbitos casi autónomos del arte fotográfico. Claroscuros, rostros y manos, son los protagonistas de una fiesta que consagra como plural el espacio común de exposición de esta sui generis convivencia visual. Claroscuros que realzan, rostros que hablan, manos que revelan.

Yailen Ruz Velazquez: la metonimia y la luz

Resulta osado aventurar a las macros y close up el concepto de una muestra, y que esta sea coherente. Yailen lo logra, y valida sus presupuestos a través de un abordaje sincero y sugerente del cuerpo, cuyo tratamiento más que llevarnos a una definición cerrada, es un espacio que se abre, que insinúa, que invita a imaginar.

El coqueteo con el abstracto propiciado por acercamientos nada suspicaces, sino más bien desinhibidos, espontáneos, inoculan a cada obra de un desbordamiento de lirismo y audacia. El ejercicio intrépido de sustraer al marco su capacidad de limitar la realidad, y conseguir así que el texto se desborde, es quizás el más genuino logro de esta selección. Hacernos capaces de navegar el universo más allá de los marcos de la obra física, es una suerte de metonimia en que la parte holo-grafica un todo que no se muestra, pero que es perceptible. Es un “ir más allá” de la mano de signos de identidad que promueven trascender el realismo que le es propio al arte fotográfico, para proyectar una identidad filtrada y magnificada por las luces y las sombras, una toma de partido a favor de lo raigal, a partir de la invisibilidad de lo que es esencial y la revelación de lo ocultado.

Ayamey Mclean Sàenz: muestra “Dolor y fe”

Como bien refiere el título de esta muestra, la artista nos regala un interesante balance entre los desafíos sociales del presente cubano y la capacidad de esperar una realidad diferente, mejorada. Esto lo hace sin catastrofismos ni edulcoramientos. Es un lente cuya objetividad solo cede ante la intensidad de las miradas, y el sincero encauzamiento que hace la composición. En las obras de Ayamey, el lugar de la corporalidad negra se establece en escenarios diversos, definidos por determinismos socio-históricos unos, y por una neutralidad selectiva otros.

Cada fotografía apela a elementos de la identidad racializada, pero no aquellos convencionales cuya simplificación y banalización estereotipan y hasta denigran el sello de la negritud como esencia de la cubanidad, sino a elementos de lo cotidiano que dan cuenta de carencias, urgencias, sueños, esperas y esperanzas. Para decirlo con palabras de la propia artista “Dolor y fe tiene que ver con las barreras que nos pone la vida, tanto aquellas devenidas de nuestra historia de esclavización/racialización, como las geográficas, determinadas por nuestra condición insular. La fe es a lo que nos aferramos para romper los barrotes tantos físicos como mentales y poder avanzar en nuestros sueños.”

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Palabras de Daylíns Rufín  Pardo a la muestra “Cuerpos que cuentan”

La muestra a la que estamos asistiendo viene a decirnos dos o tres verdades agudas sobre la realidad de las mujeres y hombres negros de nuestra Cuba de hoy. Gestos, sentimientos, fragmentos de sus cuerpos nos cuentan de forma hermosa esa historias de dolor y prejuicios que penden sobre nuestras cabezas como espadas de un Damocles cimarrón, alertándonos como en el viejo mito, que el poder está precisamente en la palabra que no adula, no se deja someter, sino que corta lo que duele. Contar es una forma de cortar.

Liliana Salgado Barnet

Imagen de la serie «Dolor y Fe» de la fotógrafa Ayamey Mc lean Sáenz.

La belleza de cada una de estas fotos también hace una escisión en un imaginario que ata al bailar sobre las cuerdas que no pueden encerrar, precisamente, lo bello en ningún preconcepto. Este moverse, esta cadencia de las mismas es también una danza que nos susurra imágenes e historias de libertades, quiebres necesarios, realces y resistencia.

Las artistas que hoy traen su discurso a través de estas fotos, saben que la palabra que se suelta al viento mueve los aires de indiferencia. Que las historias que captó su lente pueden ondear hoy delante nuestro re- moviendo los límites de una estética pétrea. Observemos, sintamos. Cada una de sus fotos cuenta.

Yailén María Ruz Velázquez
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Palabras de presentación del panel “Tenemos un sueño: Cartografía por la lucha de los derechos raciales. Desde Marting Luther King hasta el presente cubano” Por: Alberto Abreu Arcia (Moderador).

Buenos días a todas, todes y todos:

Queremos dar las gracias a la Biblioteca Gener y Del Monte por su colaboración a este segunda sesión de trabajo del Aula de Saberes Afro que tiene como tema “Nuestra lucha antirracista: itinerarios y rostros”. Especialmente por brindar su sede para la realización de este panel titulado “Tenemos un sueño: Cartografía por la lucha de los derechos raciales. Desde Marting Luther King hasta el presente cubano” . Como se habrán percatado, el título de esta mesa abarca itinerarios muy complejos y difícil de mapear en un solo panel, por la heterogeneidad de los procesos, sujetos sociales, dinámicas, tensiones, y ciclos de luchas que se han venido sucediendo en el campo cubano de las negritudes desde la década del cincuenta hasta la fecha.

En consecuencia, lo que aquí intentaremos será proponer determinados itinerarios,  detenernos en aquellos nódulos o momentos que han marcado hitos en el devenir de nuestras luchas antirracistas. Fundamentalmente los vinculados a su tradición teórica o de producción de conocimientos enunciado, no desde la academia sino del activismo antirracista,  y lo que ha sido (consciente o inconscientemente) la presencia inspiradora de ese icono de las luchas por los derechos civiles de los negros y negras  el  pastor bautista afroestadounidense Marting Luther King nacido en Atltanta el 15 de enero de 1929, quien mañana cumpliría 94 años.

Me acompañan en esta aventura:

Daysi Rubiera: Investigadora, activista antirracista y autora de ese clásico de la literatura testimonial cubana Reyita, sencillamente,  además de otros libros como Golpeando la memoria, escrito en coartaría con Georgina Herrera, y compiladora junto a Inés María Mariatu de Afrocubanas, historia, pensamiento y prácticas culturales.

El Reverendo Luis Carlos Marrero. Teólogo y Subdirector del Grupo de Reflexión y Solidaridad Oscar Arnulfo Romero. La voz más representativa, autorizada de lo que se ha dado en llamar Teología de Negra de la liberación en Cuba. Una de las vertientes de la lucha antirracista menos conocida e invisibilizada por las cartografías que hasta el presente se han venido realizado del movimiento afrocubano y su activismo antirracista.

Tomás Fernández Robaina: Investigador, luchador antirracista, bibliografo, autor entre otros libros de ese otro clásico que es El negro en Cuba, además de otros libros como Hablen paleros y santeros, Historia de dos mujeres públicas, Misa para un Ángel.

Roberto Zurbano: Investigador del Centro de Estudios Literarios de la Casa de las Américas, crítico cultural, y a quien le debemos un grupo de textos de consulta obligatoria sobre la problemática racial cubana como: “Raza, literatura y nación”, “Cuba: Doce dificultades para enfrentar el neo racismo” y CINCO MINUTOS DE REFLEXIÓN CONTRA EL RACISMO. Una Propuesta en vísperas del Decenio Internacional de los Afrodescendientes”.

De más está decirle que los panelistas cuentan con quince minutos de intervención de lo contrario sonará la campana. Posteriormente contestarán las preguntas del público

Para comenzar -a manera de provocación- voy a colocar en este panel los párrafos de la convocatoria que hacíamos en el 2016 al II Coloquio: La nación que estamos imaginando nuevas cartografías de la racialidad negra en Cuba realizado los días 3, 4 y 5 de noviembre, bajo el auspicio del Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo/ CCDR-Cuba  cuando expresábamos:

El actual contexto genera desigualdades: el racismo, entre otras,  que desgarran el tejido social. Por ello, asumimos nuestro derecho ciudadano y la tradición antirracista nacida del cimarronaje y las tropas mambisas, arraigada en el mejor pensamiento republicano y reafirmado en el internacionalismo. Tradición aun subestimada, que hoy recupera su espacio local en tiempos globales. Abrazamos un antirracismo como ejercicio democrático, revolucionario, crítico y autocrítico que construye  nuevos caminos de participación, equidad y justicia social.

Y, en aquel entonces, proponíamos:

la construcción de una plataforma común que genere diálogos, alianzas y soluciones a conflictos no siempre vistos como raciales, a pesar del dolor físico y moral que producen en personas y comunidades, así como en los grupos y organizaciones que le acompañan. Unir voces críticas y propositivas dispuestas a encontrar razones y soluciones más allá del discurso,  nos impulsa acompañar el activismo más responsable y reclamar políticas públicas. Convocamos el Coloquio en el Decenio Internacional Afrodescendiente de la ONU, seguros de que el pensamiento antidiscriminatorio cubano y sus prácticas emancipatorias e inclusivas enriquecerán la nación más allá de sus fronteras.

Tienen la palabra los panelistas

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La biblioteca de la Sociedad Económica de Amigos del País y yo. Por Tomás Fernández Robaina

Una vez más estoy en esta biblioteca, consultando sus fondos, respirando y  empapándome  de noticias, de hechos que se desbordan de las páginas de los libros, diarios y revistas, ansiosas de hablar, de dar a conocer todo lo que hay en sus entrañas, que no siempre se abren ante ojos ávidos de navegar por sus aguas, aguas que no siempre nos permiten flotar, porque son aguas secas,  convertidas en polvillos, como cenizas de algo que fue, y que no dejan ver  el fondo donde yacían tantas palabras que significaban tantas cosas que ya nunca se sabrán.

He tenido que emigrar temporalmente, los montacargas de la Biblioteca Nacional ya no pueden ascender y bajar como lo hacían antes, los años pasan  y se hacen sentir, y también ellos conocen de ese transitar, aparentemente  invisible,  no como a nosotros, a pesar de que solemos ignorarlos, y de pronto, nos negamos  a pasar cerca de los espejos, para no ver sus flores, que en cada uno de nosotros brota de modos diferentes.

Nunca olvido el texto de Carlos Manuel Trelles, cuando aconsejó a finales del siglo XIX, en su aun valioso recuento histórico de las bibliotecas en Cuba, que cuando se fuera a crear nuestra Biblioteca Nacional, la indicada para ser considerada como tal debía ser la Biblioteca de la Sociedad Económica de Amigos del País.  Sabia reflexión que por muy diversos intereses no se tuvo en cuenta. Pero de entonces acá ha llovido mucho, y han pasado muchos ciclones, pero también tornados internos muchos más destructivos que esos fenómenos atmosféricos en los espacios de nuestras bibliotecas, sean estas públicas, especializadas, universitarias, escolares, o en la Nacional

Alguien pudiera decir que milagrosamente esta biblioteca aún conserva cierta solera de la época cuando comencé a visitarla, a pesar de los visibles cambios  habidos desde entonces, donde el maquillaje inicial se ha deteriorado, y parece que seguirá su proceso dialéctico, pues aún no se avizora ninguna computadora terminal, desde donde acceder a la información sobre las colecciones que atesora. Aun los ficheros repletos de títulos de autores y materias, a veces tan compactos que se hace difícil su búsqueda, pero esos catálogos, cada vez más fuera del tiempo actual, hace que aún se respire ese añejamiento, que conjuntamente con el olor a periódicos  viejos,  me hace recodar no solo esta biblioteca sino también la Nacional que visité en el Castillo de la Fuerza, cuando ni siquiera me imaginaba que el destino me deparaba el ser bibliotecario, contra el viento y la marea, huracanes que llegaron a ser, no pocos de ellos,  de cinco, en la escala de Simpson, como diría Rubiera.

Siempre me atrapan los recuerdos cuando entro en este edificio de la calle Carlos III, que aún seguimos llamando así, a pesar de que dejamos de ser colonia, hace ya más de un siglo, y  nadie conoce realmente quien fue ese  Carlos tercero que se niega a ser borrado a pesar de haber sido rebautizada con nombres más contemporáneos, son nombres colocados en las esquinas, para confusión de los que no conocen a profundidad La  Habana, que como bien se dice, es la capital de todos los cubanos.

De nuevo aquí, y me parece estar de nuevo en aquel histórico curso brindado por Mario Parajón sobre la novela de Cirilo Villaverde Cecilia Valdés, o La Loma del Ángel. Recuerdo sus comentarios sobre el argumento, los personajes, y sobre todo la teatralidad  de las descripciones, que facilitaron mucho la versión musical. Subrayaba en este sentido la entrada de Cecilia Valdés en la narración y en la zarzuela.

También mantengo fresca la anécdota que nos narró sobre la selección del espacio donde se encuentra el edificio que alberga la Biblioteca de la Sociedad Económica de Amigos del País. En aquella época, era un lugar no distante del centro de la ciudad, pero tranquilo, sin ruidos en los alrededores, el sitio perfecto para  construir una biblioteca. Sin embargo, cuando impartía sus clases, había momentos que su voz quedaba oculta detrás de los gritos, de los alumnos jugando en una escuela que se había abierto al lado, y en otras ocasiones por la música y cantos de los aficionados, o  de las actividades de la Casa de la Cultura de Centro Habana, no distante de la biblioteca.

He pasado muchas horas y días  revisando periódicos y revistas que no se encontraban en mi amada Biblioteca Nacional, a pesar de que muchos de los títulos, que conformaban los fondos originales de esta institución fueron llevados  a la Nacional en los primeros años de la Revolución. Pero además,  a partir de la lectura de Trelles, me convencí de que fue un error la creación de la Biblioteca Nacional de Cuba del modo que se hizo. No obstante ser todos ellos  intelectuales reconocidos, historiadores, no tuvieron en cuenta que la mayoría de las Bibliotecas Nacionales surgidas después de la independencia,  se nutrieron y se crearon  a partir de las ya históricas bibliotecas de las Sociedades Económicas de Amigos del País.

¿Cómo se decidió crear una Biblioteca Nacional sin libros, sin un espacio local, y sin una visión precisa de la política que se debía seguir? ¿Qué razones determinaron que no se siguiera la tendencia de fundarse la Biblioteca Nacional en América a partir del fondo existente en la Biblioteca de la Sociedad Económica de Amigos del País?

Agua pasada no mueve molino, y lo que sucede, como dice el refrán popular, siempre conviene.  Sobre todo, si sabemos sacar conclusiones positivas de los análisis que realicemos, y por lo tanto, ya no hay marcha atrás, pero no debemos pasar por alto  la importancia y el peso que tuvo en la Colonia, y en la República Burguesa, dicha Sociedad, y sus miembros en el avance científico, educacional y literario de nuestro país, y en particular su Biblioteca; pero además, fue también en cierto modo muy avanzada y muy justa  a finales del siglo XX, como lo señalara  José Martí, cuando aplaudió la entrada  de Juan Gualberto Gómez a tan selecta institución, por lo tanto como intelectuales y bibliotecarios  de este momento, démosle aún más el reconocimiento público que se merece a dicha institución,  y a su biblioteca.

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RECORDANDO A GEORGIANA HERRERA.POR DAYSI RUBIERA.

Georgina, seis años han transcurrido desde que escribiste «La misma guerra es otra», uno de tus tantos poemas donde pusiste de manifiesto tu resiliencia. La defensa  de un legado y una memoria cultural que eran tu propia identidad, también la nuestra; pero nada ha  cambiado desde entonces hasta acá.

Viviste y moriste escribiendo para dejarnos ese legado, y hoy, a pocos días del primer aniversario de tu desaparición física,  permanecemos sujetas  fuertemente aquella bandera porque, parafraseando el exergo de tu poema: «seguimos sin entendernos».

Descansa en paz, amiga. Quienes te quisimos y admiramos no dejaremos que se cierre la brecha que abrieron las negras viejas de antes, que tú, junto a muchas y muchos, mantenemos abierta.

Daisy Rubiera, en un día triste.

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Contrapunteos Diaspóricos… descolonizar la memoria o una lectura de Afroamérica como una historia de larga duración. Por Alberto Abreu Arcia

Las notas que siguen fueron leídas en junio del 2020 durante la presentación virtual de Contrapunteos Diaspóricos: Cartografías Políticas de Nuestra Afroamérica de Agustín Laó-Montes realizada en el marco de la IV Jornada de Pensamiento Social Latinoamericano organizada por la Universidad Colombiana de Externado y que tuvo como tema central el de: “Epistemologías, resistencias negras en América Latina”. Entre los presentadores se encontraban, además, Ochy Curiel (República Domincana) y José Gandarilla (México). Sin embargo, este texto, inicialmente, fue escrito para la presentación de este volumen en la Feria Internacional de libro de La Habana programada para el 14 de febrero del 2020 en la sala Alejo Carpentier, según consta en el programa. Un día antes, se le comunicó al autor que la misma había sido cancelada, sin que se ofreciera más explicación. Este hecho fue la última de las “contrariedades” por lo que transitó este libro por la escena intelectual cubana. Un periplo que va desde su participación en el concurso Casa de las Américas, 2017 en la modalidad de Premio de Estudios sobre la presencia negra en el Caribe y las Américas Contempóranea, luego de los intentos de  su publicación por la Casa del Caribe, en Santiago de Cuba, postertagado por una razón u otra durante varios años.

Ofrezco estos datos con toda intención. Si como muchos expertos han señalado estamos ante un texto de lectura ineludible y tenido por una obra mayor dentro de  los estudios descoloniales. Un libro que socava las formas de conocimiento eurocéntricas prevalecientes en la academia latinoamericana. Cuyos paradigmas teóricos hegemonizan la lectura de los procesos y fenómenos sociales en América Latina, al tiempo que invisibilizan y relegan al espacio de lo residual  no sólo la rica tradición del pensamiento afrolatinoamericano y afrocaribeño, sino también a esos otros saberes producidos desde la diferencia colonial y el conocimiento ancestral de los pueblos afro e indigenas.

Adentrarse por este volumen de más de quinientas páginas es asistir a una discusión sobre la necesaria y urgente reformulación de nuestras ciencias sociales y la necesidad de una revisión radical del espíteme sobre el cual construyen sus discursos y sistemas de conocimiento.

Estamos ante un texto que se genera desde un espacio de otredad epistémica, de validación de otras formas de saber “no instuidas” o “descalificadas” por esas instancias encargadas de establecer las jerarquías y el control oficial del saber académico. Contrapunteos Diaspóricos: Cartografías Políticas de Nuestra Afroamérica coloca en su centro la producción de conocimiento afrodiaspórica y lo hace desde un espacio transversal y transdisciplinario donde se retoma y legitima toda la tradición teórica del pensamiento político y social de la academia crítica, así como el saber generado desde el activismo y los movimientos sociales.

En consecuencia, otro de los correlatos que se derivan de este libro es el debate entre el trabajo intelectual y el académico. El cual tiene su origen en la doble condición de Agustín Laó-Montes, por un lado, como docente en el Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe en la Universidad de Massachusetts, donde dirige la especialidad de diáspora africana en el doctarado de Estudios Afroamericanos, y académico otras universidades latinoamericanas y, por otro lado, su militancia durante casi dos décadas en el activismo y los movimientos sociales y antirracistas en Latinoamerica y el Caribe como ARAAC (Articulación Regional Afrodescendiente en América Latina y el Caribe). Recordemos, además, su experiencia intelectual como miembro fundandor del grupo de investigación “Proyecto latino/latinoamericano modernidad/colonialidad” o “Grupo de Binghamton”, que data de los años nonventa cuando era estudiante de doctorado, proyecto que desde su carácter transdisciplinario y plurinacional agrupó a intelectuales como Aníbal Quijano, Immanuel Wallerstein, Edgardo Lander, Ramón Grosfoguel, Fernando Coronil, Walter Mignolo, entre otros.

Conociendo estos datos, me pregunto ¿qué razones pudieran explicar el accidentado viaje de Contrapunteos Diaspóricos… por un segmento de la escena intelectual cubana de estos días y sus circuitos de validación y difusión de nuevos paradigmas epistemológicos? Sin dudas, ellas tienen que ver con ciertos habitus en la recepción de la teoría instalados en el campo intelectual cubano, y sus luchas interpretativas. Con la teoría como política y las políticas de la teoría.

Hablo de la manera en que determinados textos están llamados a desafiar ciertas hegemonías del saber en la localidad enunciativa donde se insertan. A dislocar las configuraciones teóricas-intelectuales y las relaciones saber-poder prevalecientes en ellas. Esta aseveración trae de la mano otra problemática la cual prefiero enunciar a modo de interrogante: ¿por qué ciertas teorías se vuelven más productivas en determinadas localidades enunciativas latinoamericanas que en otras? Lo que, en el caso cubano nos coloca frente a una postura (llamémosle eufemísticamente) de reticencias no sólo hacia los estudios descoloniales, sino también hacia la rica tradición teórica del pensamiento afrodiaspórico o/y de las negritudes para analizar las producciones, imaginarios, representaciones y prácticas culturales que tengan esta impronta. Lo que es igual a afirmar: el apego a ciertas modos de producir conocimientos todavía anclados en ese epísteme de la modernidad occidental y ese sujeto íntegro de la razón universal (blanco, varón, heteresexual) productor de una infinidad de otredades.

Desde luego, que una lectura de Contrapunteos Diaspóricos Cartografías Políticas de Nuestra Afroamérica desde el campo intelectual cubano nos lleva a deconstruir las diferentes estrategias y sutilezas discursivas desde las cuales este campo intelectual históricamente ha construido la colonialidad del ser en tanto categoría que viene a significar la negación de la memoria, cultura e identidad de los sujetos de la africanía; y acentuar ese entramado de violencia epistémica y simbólica sobre los que se articula el racismo moderno. El ejemplo más claro de estas estrategias y argucias discursivas a que me refiero es el rechazo del campo intelectual cubano a los términos afrocubano y afrodescendiente.

Lo que se esconde detrás de este rechazo es una tensión entre los conceptos de nación y diáspora africana. Un contrapunteo (para utilizar el término tan caro al autor de este libro) entre la nación y la construcción que los discursos del nacionalismo cubano históricamente han realizado de los sujetos de la diáspora africana. A propósito de esto, Laó-Montes establece la siguiente comparación: de la misma manera que “la diáspora cubana es la cubanía fuera del archipiélago de Cuba”; la diáspora africana, entendida como comunidad de afinidades y afectos integrada por sujetos transnacional/translocales, son los afrodescendientes que no habitan en el continente africano.

Aquí, la noción de diáspora africana supone un reconocimiento tanto de la memoria como de los procesos de exilio, destierro y sus contribuciones fuera del territorio estatal. “Más allá de la oposición binaria entre naciones y diáspora, una perspectiva diaspórica debe problematizar la nación como discurso maestro de la identidad, y plantear la posibilidad de imaginarios geohistóricos que trasciendan mapear el mundo como una yuxtaposición de continentes y una suma de Estados-nacionales.” (Laó-Montes, 197).

El ejercicio deconstructivo que estoy proponiendo presupone en primer lugar: la demolición del epísteme higienista de la blanquitud. Cuyos paradigmas teóricos, por una parte, siguen condicionando la manera en que leemos los diferentes procesos sociales, históricos y culturales de la diáspora africana. Como pueden ver este último concepto resulta una herramienta clave en esta demolición por cuanto su significado remite al de la comunidad política cultural “no sólo dentro de la nación sino también más allá de la nación”, que a pesar de sus diferencias está unida por lazos históricos de exclusión racial, reivindicación que han culminado en movimientos transnacionales de resistencias como la Revolución de Haití, y otros que se han extendidos por el Caribe, las Américas y más allá.

Un epísteme higienista que, desde su colonialidad del saber, invisibiliza, silencia, y desautoriza textualidades, identidades y discursos como la salsa, el spokem word, el reggae, el rap que, como nos viene a recordar este libro de Laó-Montes, se generan en imaginarios atravesados por el flujo y reflujo entre lo local y lo transnacional, por contagios culturales, la diseminación, la fragmentación. Otro(as) sujeto(as) culturales y representaciones simbólicas escindidas en un sinnúmero de problemáticas: raciales, de clase, géneros, geoculturales, oralidad, memoria, ciudadanía, subalternidad e inscritas en un espacio de negociación potsnacional. Quienes desde una aspiración inclusiva, democratizadora del hecho artístico y cultural vienen a interpelar al pensamiento sociocultural cubano sobre los modos en que su actual status teórico revalida un modelo de intelectual que, desde la pureza de lo genérico, lo estilístico, la disciplinariedad del saber reproduce un concepto racista y blanqueador del saber y la cultura.

Otro aspecto que me seduce poderosamente en Contrapunteos Diaspóricos… está relacionado con los modos de hacer y de escribir la teoría. “No la teoría como voluntad de verdad, sino la teoría como un conjunto de conocimien­tos en pugnas, localizados y coyunturales” (Stuard Hall). El ejercicio de imaginar nuestras propias categorías y marcos analíticos, de hablar y pensarnos por y desde nuestro propios cuerpos racializados, sin tener que recurrir a un reperto rio de conceptos tomados de la casa del amo, ni mucho menos al rol ventrílocuo ni al poder de enunciar o de hablar por el otro; privilegio que históricamente ha ostentado el letrado blanco y de clase media en Latinoamérica. 

Sandra Heidl, Alberto Abreu Arcia y Agustín Laó-Montes en el Malcolm X Cultural Center, abril del 2017

Estamos ante un libro donde el hablante se desplaza de lo macro a lo micro, de lo global a cada una de nuestras respectivas comunidades afroenunciativas (Estados Unidos, Brasil, Haití, Colombia, Cuba, etc.). Sin perder de vista los diferentes procesos de microdiferenciación que la atraviesan.  Laó-Montes no sólo dialoga con sus lectores desde un espacio de otredad epistémica. Sino también desde una perspectiva donde lo transversal y lo transdisciplinario devienen en espacios creativos de nuevos paradigmas metodológicos y conceptuales para el estudio del campo de las negritudes (sus historias, religiosidades, cosmovisiones, prácticas, e imaginarios) que subvierten los mecanismos de hegemonía y control que históricamente ha ostentando el conocimiento oficial (patriarcal y eurocéntrico) a la hora de pensar al otro de la negritud.

Me resulta altamente revelador el hecho de que Eshu Elegguá el orisha que inaugura y clausura el discurso de Laó-Montes. En este sentido el libro se abre de manera performática con este saludo a Elegguá, como si se trata del comienzo de una ceremonia religiosa:

MOYUGBA

Elegguá, dueño de los caminos y de las puertas. Él es el de las llaves y los nudos. Él es el que ata y desata. Es el inicio y el fin de todos los caminos. Es el vigía de los días y las noches. Elegguá mezcla el azúcar con la sangre. Siempre está en acecho, espía de los dioses, y su mensajero, es a quien primero se le saluda y pide permiso; él es el que primero come y bebe. El tambor lo proclama así.

En este contexto el Moyugba a Elegguá está cargado de simbolismos: es una reverencia al mundo de la oralidad (la única expresión posible para el esclavizado en el mundo de la plantación). Un reconocimiento a la autoridad de la palabra dicha y su tradición. La oralidad, no sólo como forma de narrar y depositaria de la memoria, sino también como una manera otra de producción de la historia y el conocimiento frente a los modos escriturales de validación de la verdad que legitimó la herencia ilustrada.

Elegguá no es sólo la obertura del discurso, sino también de la ontología y lo onto-existencial. Elegguá, según Laó-Montes, es el principio epistémico por excelencia, quien proporciona el arte, la ciencia, y la interpretación en clave de africanía.

 Las notas que siguen fueron leídas en junio del 2020 durante la presentación virtual de Contrapunteos Diaspóricos: Cartografías Políticas de Nuestra Afroamérica de Agustín Laó-Montes realizada en el marco de la IV Jornada de Pensamiento Social Latinoamericano organizada por la Universidad Colombiana de Externado y que tuvo como tema central el de: “Epistemologías, resistencias negras en América Latina”. Entre los presentadores se encontraban, además, Ochy Curiel (República Domincana) y José Gandarilla (México). Sin embargo, este texto, inicialmente, fue escrito para la presentación de este volumen en la Feria Internacional de libro de La Habana programada para el 14 de febrero del 2020 en la sala Alejo Carpentier, según consta en el programa. Un día antes, se le comunicó al autor que la misma había sido cancelada, sin que se ofreciera más explicación. Este hecho fue la última de las “contrariedades” por lo que transitó este libro por la escena intelectual cubana. Un periplo que va desde su participación en el concurso Casa de las Américas, 2017 en la modalidad de Premio de Estudios sobre la presencia negra en el Caribe y las Américas Contempóranea, luego de los intentos de  su publicación por la Casa del Caribe, en Santiago de Cuba, postertagado por una razón u otra durante varios años. Transita de la sociología a la historia (su re-escritura), pasando por los estudios descoloniales, el afrofeminismo, el activismo y sus luchas políticas hasta la construcción de una historia del campo intelectual afrolatinoamericano. Al tiempo que, a manera de paratexto, incorpora imágenes y citas provenientes de otras formaciones discursivas como los cantos y rezos a diferentes orishas en lengua yoruba, fragmentos de conversaciones con santeros, poemas de autoras y autores afrodescendientes que habitan en la periferia del canon literario occidental, y otras  formas de producción de conocimiento vernáculas y cimarronas: siempre en fuga ante la voracidad del saber académico y sus intentos por aprenhenderla, convertirlas en objeto dócil de conocimiento. Se trata de saberes, ademanes y prácticas intelectuales que en este libro encuentran un escenario para su validación y puesta en escena en la medida en que operan como ejercicios de descolonización del conocimiento.

Contrapunteos Diaspóricos… nos aboca a otro modo de escribir nuestra historia como afrodescendientes. Mientras despliega esta propuesta va demoliendo el viejo episteme de la modernidad occidental, mostrando sus límites y falacias a la hora de abordar cuestiones referentes al campo de las negritudes y los sujeto/as de la afrodiáspora.

Las notas que siguen fueron leídas en junio del 2020 durante la presentación virtual de Contrapunteos Diaspóricos: Cartografías Políticas de Nuestra Afroamérica de Agustín Laó-Montes realizada en el marco de la IV Jornada de Pensamiento Social Latinoamericano organizada por la Universidad Colombiana de Externado y que tuvo como tema central el de: “Epistemologías, resistencias negras en América Latina”. Entre los presentadores se encontraban, además, Ochy Curiel (República Domincana) y José Gandarilla (México). Sin embargo, este texto, inicialmente, fue escrito para la presentación de este volumen en la Feria Internacional de libro de La Habana programada para el 14 de febrero del 2020 en la sala Alejo Carpentier, según consta en el programa. Un día antes, se le comunicó al autor que la misma había sido cancelada, sin que se ofreciera más explicación. Este hecho fue la última de las “contrariedades” por lo que transitó este libro por la escena intelectual cubana. Un periplo que va desde su participación en el concurso Casa de las Américas, 2017 en la modalidad de Premio de Estudios sobre la presencia negra en el Caribe y las Américas Contempóranea, luego de los intentos de  su publicación por la Casa del Caribe, en Santiago de Cuba, postertagado por una razón u otra durante varios años.

Este libro también recorre un grupo de discusiones relacionados con lo descolonial y lo racial en América Latina, los cuales están transformando las relaciones de saber y los antiguos modos de pensar las relaciones entre cultura y poder, así como entre raza, pueblo y nación. Tales debates apuntan, justamente, a un clima de reformulaciones en los paradigmas del pensamiento teórico-cultural y las batallas del saber dentro y fuera de la academia en América Latina y Estados Unidos. Al tiempo que nos presenta otros horizontes epistémicos para el estudio de los procesos constitutivos de la racialidad como elemento central de la matriz de poder moderna/colonial que configura el sistema-mundo capitalista en su larga duración. Así como un marco categorial, referentes teóricos y metodológicosque cristalizan en la propuesta de una cartografía política de Nuestra Afroamérica.

Estamos ante un texto cuya aparición era imperiosa, si queríamos continuar refiriéndonos a lo afrolatino o afroamérica no sólo como un campos de estudios, sino también como una entidad onto-existencial. Es decir, “como parte de un universo histórico mayor que denominamos Diáspora Africana Global”. (Lao-Montes, 187)

 Contrapunteos Diaspóricos: Cartografías Políticas de Nuestra Afroamérica es el relato de los diferentes devenires de la afrodiáspora en Latinoamérica y el Caribe. Una historia silenciada y proscripta de la historiografía latinoamericana. Por estas razones, en sus páginas el discurso historiográfico se construye en términos de proceso o de una historia de larga duración que se remonta al medioevo en la península ibérica. Una narración que no se articula desde esa linealidad y voluntad teleológica de la historiografía latinoamericana la cual, desde sus orígenes, tuvo como paradigma a Europa, su temporalidad y sus diferentes filosofías de la historia. Esta reproducción de modelos europeos, entre los que se encontraban la filosofía de la historia hegeliana, le permitió a la élite letrada en Latinoamérica articular los emblemas y discursos de un deber ser de la nación y del sujeto nacional que desterró al indio, al negro, a la mujer, al disidente sexual al espacio de execrable y de la abyecto.

Es decir, el tiempo y el espacio aquí están lejos de esa construcción colonial/imperial desde la cual Europa se piensa así misma y al resto de la humanidad. Se construye a partir de “condiciones de explotación capitalista, dominación racial y patriarcal, que enmarcan procesos de diasporización –dislocación violenta, destierro- como también de resistencia y ejercicio de agencia histórica negra o afrodescendiente”. (Laó-Montes, 189)   Es el tiempo de las religiones de origen africano y del cimarronaje. Sus segmentaciones temporales, eso que Laó-Montes denomina ciclos raciales, nacen de una relectura de la larga historia de sublevaciones y otros eventos antisistémicos donde las negritudes han sido protagonista, así como de una relectura de la ciudad letrada negra y la tradición teórica de las y los pensadores de la afrodiásporas. “Se trata de momentos de excepcional vigor y efervescencia en el accionar colectivo, la organización política, la producción intelectual y la creación cultural de comunidades, corrientes y movimientos afrodescendientes.” (Laó-Montes, 130)  

Los cuatro ciclos raciales que se proponen en uno de los capítulos de este libro están en correspondencia con los momentos de crisis y restauración del sistema-mundo moderno/colonial capitalista.  Un relato historiográfico cuyo cronotopo está atravesado de choques, bifurcaciones, contrapunteos, fracturas y dislocaciones.

Los rótulos de afrolatinoamérica o afroamérica, tanto en su dimensión conceptual como práctica (proceso de construcción de sus luchas) deviene entonces en una categoría de integración que se articula con el carácter múltiple, de esa totalidad contradictoria, (Cornejo Polar) que está en la génesis de nuestra Abya Yala.

En la última parte de esta intervención, voy a intentar una lectura cruzada de Contrapunteos Diaspóricos… con zona bastante influyente del discurso teórico-crítico sobre las producciones simbólicas en el campo de las negritudes en Cuba de finales de siglo pasado y principios de milenio. Me interesa, sobre todo, afirmar la voluntad de varios intelectuales afrocubanos por imaginar sus propios marcos analíticos y aparato de conceptual para el estudio de aquellas prácticas simbólicas que tematizan o toman como asunto los universos de la religiosidad y la cultura popular negra; a partir de la validación de esos saberes y cosmovisiones ancestrales provenientes del mundo de la oralidad, la santería, el espiritismo, la regla de palo y el abakuá los cuales han sido subyugados por el pensamiento científico y ese sistema de saberes sobre lo social todavía vigentes dentro de la academia latinoamericana. Y que Laó-Montes sintetiza en el concepto de Razón Cimarrona. (Laó-Montes, 39-40)  

Inés María Martiatu

Inés María Martiatu (a quien  el autor de este libro dedicada el capítulo ocho (“Feminismos negros que dan a luz nuevas corrientes políticas y epistémicas”) nos ha legado una serie de conceptos, analisis y teorizaciones que estimo significativas como las de “teatro ritual caribeño”, “wenilere”, etc. Según la Martiatu tanto el rito como el mito en el Caribe son un medio de conocimiento de la realidad, una vía para cambiarla mediante la praxis ritual, al tiempo que ofrecen una segunda explicación a los diferentes eventos de la vida cotidiana y espiritual de nuestros pueblos transculturados. Y evoca el rol protagónico que históricamente han tenido las religiones de origen africano no solo en la vida religiosa y cultural cubana, sino también social y política. Cita, como ejemplos, el papel que desempeñó el Cabildo Changó Teddúm con su dirigente Oni Changó (José Antonio Aponte) en las luchas antiesclavistas de principio del XIX, o el caso del conocido percusionista cubano Chano Pozo, hijo de Changó, quien muere en New York la víspera de Santa Bárbara, a la misma hora que en Cuba se celebran los toques en honor a ese orisha, dicen que por desobediencia, por no pagar una deuda a este orisha. Así como la influencia, en el movimiento sindical cubano de la primera mitad del siglo XX, de Aracelio Iglesias líder de los trabajadores portuarios, comunista, abakuá y babalao, a quien todavía en muchas ceremonias tradicionales de la santería se le moyuba.

Desde sus estudios de la producción de los dramaturgos afrocubanos y el afrofeminismo es la pensadora que más ha insistido en el desmontaje de esa geopolítica del conocimiento que históricamente ha invisibilizado al Caribe.

Las tensiones entre oralidad y escritura, y la capacidad de la primera de estas instancias para activar los dispositivos de la memoria colectiva, que sobreviven en las leyendas, mitos, bailes y otros rituales de las religiones afrocubanas, son aspectos que Martiatu explora en los incontables textos. Curiosamente, a ella le debemos uno de los actos de justicia que se han llevado a cabo sobre la obra de Fernando Ortiz. Hablo de los actos de canabalismos eurocentristas a de los que ha sido víctima el término orticiano de transculturación presentado en 1940 por Fernando Ortíz en su monumental obra: Contrapunteo cubano del azúcar con el tabaco, que ha inspirado el método empleado por Agustín Laó-Montes en este libro.

En su ensayo “Transculturación e interculturalidad. Algunos aspectos teóricos” después de aventurarse en un rastreo bibliográfico que comprende glosarios, índices temáticos, ediciones y traducciones de antropólogos y teóricos europeos y latinoamericanos ( Corand Phillip Kolta, Martín Lienhard, James A. Boon, Jerzy Grotowski, Eugenio Barba, Peter Brook, Richard Schechner, Patrice Pavis, Jacques Roubine, Ángel Rama…) la Martiatu va develando estos actos que califica de “apropiación colonialista”, y “autoapropiación colonizada”.

Por su parte, el dramaturgo, guionista de cine y músico afrocubano Tomás González, cuyo inspirador ensayo “La moda de la ritualidad”, bien pudiera figurar como uno de los capítulos de Contrapunteos afrodiaspórico…es autor de un método de actuación sui generis donde recurre a los sistemas de adivinación de la santería, el espiritismo y el trance en la preparación de los actores. Su denominado Método de Actuación Trascendente o Danza Oráculo define la labor del actor en términos del trabajo de un adivino o espiritista. Y que se amplía durante el “trance” exigiéndole al actor-adivino una perspectiva ubicua. “El adivino (actor) cuando se encuentra en la situaciónespecial del trance o posesión, está en muchas partes.” Los contenidos de la dramaturgia de la danza oráculo se definen por la propuesta que establece una relación con el mundo de los muertos, inspirada en la práctica del espiritismo en Cuba y en su importancia en el universo de la santería cubana.

Tomás González

Lo que me interesa poner de manifiesto en esta última parte de mi presentación, al hacer traer aquí la obra de la Martiatu y González, escomo el libro de Laó-Montes que presentamos en esta tarde en esta Feria de la Cabaña, rezume un ciclo de intranquilidades, búsquedas y desafíos tantos teóricos como epistemológicos de un sector de la intelectualidad afrocubana de finales del siglo XX y principios del nuevo milenio.

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 Los negros se toman la palabra… una re-visitación al campo de la negritud en los años setenta. Por Alberto Abreu Arcia

Valero, Silvia. “Los negros se toman la palabra”. Primer Congreso de Cultura Negra de las Américas: debates al interior de las comisiones y plenarias. Bogotá, Cartagena: Universidad Javeriana, Universidad de Cartagena, CEA. 2020. 309 págs.

“Los negros se toman la palabra”. Primer Congreso de Cultura Negra de las Américas: debates al interior de las comisiones y plenarias de Silvia Valero reúne tanto de las exposiciones de los delegados en la Conferencia Preparatoria al Primer Congreso de la Cultura Negra de las Américas como las discusiones y debates sostenidos en cada una de las cuatro comisiones y en la asamblea plenaria del cónclave celebrado en Cali entre el 24 y 27 de agosto de 1977.

Antes de continuar precisa que repasemos los distintos avatares por los que transitaron las memorias de este Congreso para luego conocer, finalmente, la letra impresa. Casi diez años después del evento, la Société africaine de culture a través de su editorial Présence africaine se negó a publicar las ponencias y resoluciones del Congreso, alegando el tiempo transcurrido y una falta de interés de los lectores potenciales. Un año más tarde, en 1988, la Fundación Colombiana de Investigaciones Folklóricas dirigida por Manuel Zapata Olivella y con el auspicio de la UNESCO, pudo realizar la publicación de trece ponencias.

Silvia Valero,

Este es el eje sobre el cual se articula el libro de Valero, y sus consecuentes juegos entre la memoria y el olvido, lo inscrito y lo tachado, entre la materialidad del archivo y lo que ha quedado fuera de él a manera de desecho y que no es otra cosa que la oralidad.  

A primera vista “Los negros se toman la palabra”… es fruto del peregrinar de la investigadora por hemerotecas y de una labor exhaustiva que van desde la revisión y cotejo de numerosos documentos y fuentes, traducciones, la elaboración de esclarecedoras notas al pie, hasta las transcripciones de audios donde la secuencia del discurso a veces se quiebra, adelanta o anticipa como explica la autora en el iluminador ensayo que sirve de pórtico a estas transcripciones. Pero no nos dejemos engañar, estamos ante un proyecto que rebasa cualquier pesquisa intelectual o voluntad arqueológica, que trasciende su propio objeto de estudio para inscribirlo dentro de una dimensión mayor: el campo de las negritudes y su historicidad.

Es decir, Valero nos propone leer estos debates y discusiones como un hito dentro del proceso evolutivo de eso que hoy llamamos Afrolatinoamérica. Como un capítulo crucial dentro de su historia intelectual o de las ideas. Desde luego, dicha propuesta también lleva implícita una voluntad de periodización: “En el caso que nos interesa, las reuniones previas a Cali 1977 conformaron espacios de interpelación en el campo de las negritudes, por lo que las confrontaciones que se fueron dando a lo largo de dos décadas configuraron regímenes de significación en pugna por su legitimidad” (p. 19).

Son dos las herramientas metodológicas sobre las cuales se construye esta propuesta de periodización. Una declarada, explícita; la otra, oculta. La primera, es la apropiación de la categoría “campo de interlocución” elaborada por el antropólogo Alejandro Grimson, deudora de Pierre Bourdieu y su definición de campo intelectual como un horizonte de los conflictos estéticos y políticos, y un espacio de producción y circulación de discursos socialmente diferenciados. Con su propia lógica, sistema de relaciones internas y luchas por la imposición y el control de las representaciones, el monopolio de hacer ver y hacer creer. La otra, es la polifonía de Mijaíl Bajtín.

La primera de estas herramientas, desde sus requerimientos de inclusión y pertenencia, le permite a la autora de este libro delimitar la especificidad de su objeto de estudio en el tiempo y en relación con los discursos, ideas y tesis circulantes sobre la negritud en la década de setenta en las Américas e informarnos sobre los diversos posicionamientos de los participantes en este Congreso en función de determinados procesos de microdiferenciación histórica, social y económica, propios de sus respectivas comunidades afroenunciativas.

La segunda permite la construcción del libro a manera de un texto polifónico que, desde su heteroglosia, acoge una diversidad de voces y discursos que dialogan desde múltiples perspectivas. En este sentido, leer las transcripciones de estos debates es asistir a una especie de plataforma desde cuya transversalidad nos permite mirar hacia el interior de los procesos de producción, circulación y recepción de discursos sobre la negritud en la América Latina de los años setenta; hacia sus apropiaciones de determinados ideologemas provenientes de otros campos disciplinarios como la política, el marxismo, la historia, etc. Se trata de un espacio de luchas interpretativas donde determinados categorías y criterios se rechazan, discuten, comparten; un escenario no excepto de los ruidos y distorsiones (como la noción del negro como co-colonizador de la América) que van surgiendo en el mismo acto del de imaginar una Afrolatinoamérica.

Tengamos en cuenta que el sujeto de enunciación, dentro de esta provincia que Valero ha dado en llamar “campo de interlocución”, se construye a partir de un grupo de dilemas culturales, identitarios e históricos típicos de una subjetividad formada en la diferencia colonial. Un sujeto escindido entre sus orígenes afrodiaspórico y su pertenencia a América Latina, y que busca desesperadamente los modos de articular esta doble conciencia. Veamos como la re-escritura de la historia deviene, según los participantes en este Congreso, en uno de esos modos de articulación y reconocimiento de esta doble conciencia afro-latina.

Al respeto, resulta reveladora esta interrogante presentada por uno de los delegados de Estados Unidos durante la Conferencia Preparatoria: “Quiero presentar una pregunta: ¿Cómo perdimos nuestra identidad? […] Si podemos explicar a nuestro pueblo cómo perdimos nuestra identidad, entonces al mismo tiempo podemos explicar la relación histórica que hemos tenido al desarrollo de este sistema. De manera que no es un proceso de dos estados, sino que están integrados” (p.86).

En varias de sus intervenciones durante la Conferencia Preparatoria, Zapata Olivella patentiza esta voluntad programática por una escritura de la historia que refleje el rol desempeñado por negros y negras, mulatos y mulatas en la conformación de los perfiles identitarios de América Latina:

Y es esto en lo que todos estamos de acuerdo, es que el congreso de julio es un congreso que se ha convocado para estudiar la realidad histórica del negro en las Américas, la presencia del hombre africano en el proceso de formación social de las Américas […] y nosotros deseamos realizar en ese próximo congreso es definir en una forma concreta, específica, analítica, científica la participación del negro en el proceso de desarrollo de la cultura de las Américas. (p.90)

Lo que me interesa resaltar en esta cita es el lugar desde el cual se nos habla. Y que nos otro que el espacio marginal y deshistoriado que tiene la identidad negra y mulata dentro de esas meganarrativas historiográficas que dan cuenta de los procesos formativos de la identidad latinoamericana.

Desde luego que detrás de estos reclamos de visibilidad y por el derecho de entrar en la historiografía latinoamericana subyace otra problemática todavía más importante: el ser del intelectual negro en Latinoamérica y la construcción de un locus de enunciación racialmente diferenciado. Un tópico atravesado en el Congreso por diferentes posicionamientos. 

Resulta paradójico que muchas de las intervenciones de Zapata Olivella y otros delegados provenientes del mundo académico clamen por la búsqueda de un lugar y sujeto de enunciación que habita en las afueras de la academia. Para ello recurren, a manera de paradigma, a la figura del intelectual comprometido (Sartre) en oposición a la del letrado tradicional, y una militancia cuya praxis resulta muy cercana a lo que hoy conocemos como activismo antirracista.En este punto, cito nuevamente a Zapata Olivella: “Ayer estos amigos plantearon dos problemas, con los cuales yo estoy plenamente identificado: primero, que no podemos asumir la posición del intelectual tradicional de creer que nosotros poseemos la verdad y como tales estamos en condiciones de enseñar a las masas, sino, como decía Early debemos aprender también de esas masas”. (p.98)

No perdamos de vista que durante las décadas del sesenta y setenta la política constituyó el principal parámetro de legitimación intelectual. El decenio del sesenta estuvo atravesado por el triunfo de la Revolución Cubana, la emergencia de los movimientos sociales y su lucha por los derechos civiles de los negros y demás minorías en Estados Unidos. Fueron los años de la guerra en Viet Nam, la latinoamericanización de la cultura y la construcción de América Latina como un espacio de pertenencia. Fueron, sobre todo, los años de los procesos de descolonización en Asia y África, los cuales produjeron políticas etno-raciales que sirvieron de acicate para que muchos activistas negros militaran en movimientos antimperialistas y anticapitalistas. El mapa político de los setenta, por el contrario, va a estar rubricado por el triunfo de las dictaduras latinoamericanas a través de una sucesión de golpes militares en distintos países del hemisferio como Chile, Argentina, Uruguay.

Así que no sorprende el marcado carácter antimperialista de muchos planteamientos, donde la noción de imperialismo, capitalismo y colonialismo a veces resultan intercambiables. Resulta digno de atención las relaciones que a nivel interdiscursivo sostienen estos criterios con un pensamiento marxista que hacia la década del setenta vive sus momentos de mayor dogmatismo en las ciencias sociales y las izquierdas latinoamericanas. Así lo demuestran los conceptos de “alienación”, “falsa conciencia”, “alienación funcional” o el modo de entender las religiones y en particular las prácticas religiosas de origen africano como un factor negativo y alienante. O percepciones sobre el racismo y la discriminación racial como un fenómeno que responde a la lucha de clases. El caso de Cuba es un ejemplo de las fatales consecuencias que sobre la cultura popular negra, las religiones de origen africano y el campo de la política cultural revolucionaria de los años setenta tuvieron esos conceptos de “enajenación”, “alienación” provenientes del marxismo dogmático de la época del stalinismo.

Escuchemos esta intervención del delegado colombiano Carlos Calderón Mosquera, y observemos el modo en que los tópicos de identidad racial, lucha de clases, imperialismo y religiosidad se interseccionan:

Y como se trata, resumo, de la alianza de las clases oprimidas dispersas por una cultura de alienación imperialista –ahí está la iglesia católica metida en esa alienación, la iglesia protestante, todo en beneficio de una clase dominante, opresora, desde los tiempos de la colonia hasta hoy. Y como necesitamos aliados, la alianza de clases, la clase oprimida, si nos ponemos a hablar de que somos africanos, de que somos africanos, perdemos la ayuda de otros no africanos. (p.88)

Me detengo en esta cita porque creo que ilustra el modo en que estas interpretaciones dogmáticas del marxismo circulantes en el pensamiento social latinoamericano durante el decenio del setenta participan de la producción de categorías y marcos analíticos sobre la identidad racial negra en Latinoamérica y de la construcción del campo de las negritudes.  

Si, por un lado, algunos nódulos que concurren en estos debates como el mestizaje, las prácticas de blanqueamientos, las encendidas discusiones en torno a la pertinencia del concepto de negritud, etc., han sido impugnadas por el ir y venir de los estudios culturales y de raza, por sus descentramientos epistemológicos, propios de un fin de siglo y un comienzo de milenio signado por tantas reconfiguraciones teóricas y crisis de paradigmas, especialmente los relacionados con el tema de la identidad y la deconstrucción del sujeto íntegro de la filosofía occidental y sus lógicas binarias, por otro lado, muchas inquietudes, interrogantes y propuestas atraviesan el mapa del pensar la negritud y los discursos circulantes de la década del setenta del siglo pasado y llegan a nuestros días. Como el tema de la mujer negra y la tentativa de uno de los delegados de “introducir una resolución relativa a la importancia de la mujer negra en la lucha, no sólo históricamente, en cualquier programa o cualquier país dónde estemos ubicados.” (p.203) La propuesta opera como una interpelación dentro de la dimensión genérica de un Congreso donde lo masculino se perfila como el principal sujeto de enunciación,  productor de saber y agente para el cambio socio-político.

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DETRÁS DE LA CONGA DEL MESTIZAJE, NO ARROLLO YO. Por ALBERTO ABREU ARCIA

Constituye una total falta de rigor científico y una verdadera contradicción criticar al racismo y al colonialismo proponiendo como solución el paradigma del mestizaje. Las falacias del mestizaje: su rol tanto en la re-simbolización  del racismo como en el fortalecimiento de la blanquitud y sus imaginarios aristocratizantes; y todas las desarticulaciones, relaciones asimétricas de poder que dicha noción enmascara, relativiza y perpetúa; han sido expuestas por prestigiosos pensadores dentro de estudios culturales latinoamericanos, los estudios afrolatinamericanos y decoloniales.

Repasemos algunas de estas opiniones:

«[…] pese a su tradición y prestigio, – asevera Antonio Cornejo Polar- el concepto de mestizaje es el que mejor falsifica de una manera  más drástica la condición de nuestra cultura y literatura. En efecto lo que hace es ofrecer imágenes armónicas de lo que obviamente es desgarrado y beligerante, proponiendo figuraciones que en el fondo solo son pertinentes a quienes convienen imaginar nuestras sociedades como tensos y nada conflictivos espacios de convivencia»(Cornejo, 1989, p.21).

Jean-Loup Amselle antropólogo y africanista, director de estudios en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (París) y redactor en jefe de los Cahiers d’études africaines en una entrevista titulada “El mestizaje: una noción que es una trampa” sostiene:  “En mi opinión, la primera trampa de esa noción es obligarnos a pensar que han existido culturas puras, del mismo modo que se pensaba que habían existido razas puras. Todo mestizaje remite a la idea previa de que la humanidad está compuesta de linajes separados que finalmente, quizás, van a verse reunidos. Detrás de la teoría del mestizaje, está la de la pureza de las culturas” (Amselle, 2000, p. 63).

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Eugenio Hernández: los desasosiegos del canon letrado frente a la cultura popular negra. Por Alberto Abreu Arcia

Con la publicación de este artículo intento saldar una deuda que tenía con Eugenio Hernández. Desde aquel evento Heredades Africanas en Escena organizado por Alberto Curbelo en marzo del 2016 (como demuestran las imágenes que lo acompañan).  Y en el que también participaron Desiderio Navarro, Xiomara Calderón, y Gerardo Fulleda. Según me comentó Fulleda, tiempo después, Eugenio estaba muy molesto conmigo pues esperaba que mi escrito versara sobre su obra, sin embargo yo había elegido hablar sobre otro grande de la dramaturgia cubana: Tomás González.
Tiempo después, en el 2020 en el marco de la Feria Internacional del Libro dedicada él, Ulises Rodríguez me invitó a participar en una mesa sobre su obra, para lo cual escribí este texto cuya principal finalidad era saldar aquella deuda. A última hora, Eugenio comunicó que no pudía asistir por motivos de salud de su esposa y el panel quedó suspendido.
La última vez, que lo llamé por teléfono pidiendo su autorización para incluir su monólogo “Gladiola la empreratriz” en la antología Cuerpos de las sombras: negritudes y afrodisidencia sexual en Cuba que preparo con David Tenorio de la universiad de Pittsburgh, intenté comentarle la existencia de este texto pero lamentablemente la comunicación telefónica se interrumpió.

Eugenio Hernández: los desasosiegos del canon letrado frente a la cultura popular negra.

Por Alberto Abreu Arcia

¿Cuándo comenzaron —dentro del campo cultural postrevolucionario —las voces subalternas a mostrar sus signos de insubordinación frente al lenguaje oficial? ¿Cómo llegaron a institucionalizarle los dispositivos de coerción y violencia simbólica, que condujeron a la devaluación muchas expresiones artísticas que llevaban la impronta de lo popular? ¿Es posible, entonces, leer el concepto de cultura popular negra como ese otro relato de lo suprimido por la historia oficial y la razón letrada?

En las líneas que siguen intentaré responder estas interrogantes a través de la obra de Eugenio Hernández. Me interesan aquellos momentos en que las representaciones simbólicas de aquellos sujetos racialmente subalternos, sus discursos y prácticas, se tornan ininteligibles o “sospechosos” frente a los marcos interpretativos del canon simbólico hegemónico. En la medida en que los descoloca, los pone en crisis.

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DOSSIER HOMENAJE A ROGELIO MARTÍNEZ FURÉ. «LA PALABRA SAGRADA DEL CONTINENTE AFRICANO» POR INÉS MARÍA MARTIATU TERRY.

 La palabra  sagrada  del continente africano

Por Inés María Martiatu.

Presentar  la  personalidad y la obra de Rogelio Martínez  Furé  es siempre un privilegio y un reto. Este  hombre  de cultura universal  ha desempeñado un papel fundamental en el rescate y accionar de la cultura cubana a partir  de los  años 60. Investigador erudito, ha hecho visible no sólo la presencia  de la cultura de la llamada  “gente sin historia” sino el acervo africano que también nos es propio. Fundador del Conjunto Folklórico Nacional y animador de instituciones importantes tiene el don de cantar, componer música y hacer poesía. Sabemos además de su generosa contribución como asesor y promotor  de muchos  proyectos y realizaciones surgidos en el campo artístico-literario de nuestro país.

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DOSSIER HOMENAJE A ROGELIO MARTÍNEZ FURÉ. «PALABRAS DE ADIOS A MI MAESTRO»: TOMÁS FERNÁNDEZ ROBAINA.

Palabras de adiós a mi maestro

Por Tomás Fernández Robaina

Mi querido Rogelio Martínez Furé, la noticia de tu salida para el desconocido más allá me llegó cuando poco me faltaba para terminar mi almuerzo, que abandone de inmediato ante la imposibilidad de tragar mi último bocado. De repente, y a la velocidad de la luz cruzaron por mi mente los recuerdos de nuestros encuentros en la Biblioteca Nacional, cuando conversábamos sobre la importancia de los pueblos africanos por sus aportes históricos y culturales a la humanidad, y en particular a la formación nuestro país.

Siempre destacaste relevancia de la literatura tradicional oral, y de la escrita, que abordaste con pasión y sistematicidad, traduciéndola al español, dándola a conocer a los investigadores y estudiosos en nuestros países y a los amantes de ellas en otras latitudes.

Tengo presentes tus sueños entonces de las obras que deseabas hacer, y de las que ya tenías escritas sobre las religiones africanas, sus cantos, vestuarios, bailes, sus dioses, orishas que siempre espere leerlas como libros, pero al cotejar algunas con las vigentes aun en mi memoria, no las veo en tu bibliografía activa.

FuÍste el etnógrafo de mayor sapiencia en Cuba, y uno de los continuadores del laboreo iniciado en 1906 con Los negros brujos, por Fernando Ortiz (1881-1969), sumándosele años más tarde Lydia Cabrera, Rómulo Lachateré, Gustavo G. Urrutia, y Teodoro Díaz Fabelo. Brindaste charlas y conferencia, en fábricas, sindicatos, escuelas primarias, en los sábados de la rumba, adecuando el rigor que empleabas en los centros docentes del mayor nivel académico a los diversos espacios desde los cuales difundiste tu amor por nuestra cultura, sus diversas raíces, subrayando siempre la importancia de los aportes africanos a la formación histórica y cultural de Cuba, de nuestra nacionalidad. Nunca faltó en tus charlas y conferencias el sentido de pertenencia a nuestra Isla. Contribuiste en ese sentido, de modo muy especial, a la concientización de muchos estudiantes, profesores e investigadores de las partes esenciales que integran la cubanidad, fuiste un vivo ejemplo de lo que es reamente un cubano.

Juntos nos veremos en ese mundo desconocido hoy por mí, pero en el cual estaré, más tarde o más temprano. Gracias mi querido Rogelio, por haberme enriquecido con tus enseñanzas en la lucha que libramos contra la discriminación racial en nuestras repúblicas en América y en otras latitudes para dar a conocer la historia actual de los descendientes del holocausto de más de tres siglos que duro la esclavitud entre nosotros y que perdura aisladamente en determinadas regiones de nuestro planeta, gracias de nuevo por provocarme a escribir estas líneas.

Gracias, Rogelio.

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DOSSIER HOMENAJE A ROGELIO MARTÍNEZ FURÉ. PREFACIO A POESÍA YORUBA (EDICIONES EL PUENTE, 1963).

                                                                            

Fragmento del prefacio de Rogelio Martínez Furé a Poesía Yoruba (Ediciones El Puente, 1963).

A casi cincuenta años de su publicación los prejuicios, estereotipos y desconocimiento de la rica tradición cultural africana denunciados por Rogelio Martínez Furé en este prefacio continúan manteniendo su vigencia.

                                                       África, he conservado tu memoria, África

                                                                                                       estás en mí

                                                                           como la astilla en la herida…            

                                                                                           Jacques Roumain

Estamos en un período de revalorización de nuestro acervo cultural. Cualquier información sobre los pueblos que nos conformaron, en especial, aquellos a los que la actitud prejuiciosa de muchos ha querido negarles facultades creativas, nos ayudarán a conocer y comprender mejor nuestras características. Este hurgar en el pasado y en sus prolongaciones presentes, nos servirán para hallar soluciones a muchos conflictos de índole cultural y reafirmarnos en nuestra personalidad como pueblo.

Sigue leyendo «DOSSIER HOMENAJE A ROGELIO MARTÍNEZ FURÉ. PREFACIO A POESÍA YORUBA (EDICIONES EL PUENTE, 1963).»
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Dossier homenaje a Rogelio Martínez Furé.

Con la publicación del poema “Última Advertencia” de Rogelio Martínez Furé (1937-2022), iniciamos este dossier homenaje a quien fuera uno de los intelectuales y creadores afrocubanos más influyentes en la lucha por la re-valorización, preservación y difusión del legado religioso, oral, musical, danzario y filosófico de la afrodiápora.

Conocido como el Principe de la Negritud, tenido por muchos de sus colegas como un sabio, un erudito. Autor de libros capitales en esta línea. Etnólogo, profesor; asesor, gestor y animador de importantes proyectos e instituciones culturales como el Conjunto Folklórico Nacional. Furé también poseía  el don de cantar, componer música y escribir poesía. Premio Nacional de Danza y Doctor Honoris Causa del Instituto Superior de Arte en La Habana.  Con  su muerte -ocurrida el pasado 10 de Octubre- Rogelio Martínez Furé deja un enorme vacío, y uno de los  aportes más monumentales realizados, desde la segunda mitad del pasado siglo y principios de este milenio, a los estudios afrolatinamericanos y al campo cubano de las negritudes.

                                   Última Advertencia

“La Historia tiene dos partes: Lo que se cuenta…y que sucedió”.

Ivor Millar, oré mi.

Axioma Abakuá

        

Nuestra historia

está hecha

de mi versión.

De lo que decimos

y lo que ocultamos

De la memoria y el Olvido.

Algunos afirman

que jamás abrazaremos

la Verdad:

espejismos de aguaceros

en el Sájara.

Pero yo

la buscaré

dentro de mí.

O en el ricón

más recóndito

del Universo.

Kaidara existe.

¡Recuperemos la Memoria…

y también el Olvido!

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Oba Ilé soy yo.

Por Carlos Alberto Guillén.

Oba Ilé es una agrupación músico danzaría creada el 4 de diciembre de 1994 por el bailarín Héctor Vinent perteneciente a la empresa de música y espectáculos Rafael Somavilla.

Al año siguiente la agrupación se divide y pasa a ser dirigida por el percusionista y trompetista Alfredo Magdaleno Pintado Alfonso. Ese año, también, se vincula al catálogo de Artex (Varadero) y de MUSICARIBE ofreciendo sus presentaciones en las cadenas hoteleras de la Península Hicacos.

En nuestros espectáculos recorremos casi todo el espectro cultural africano como el carabalí, el yorubá, lucumí, arará, vodú; el ciclo de la rumba (yambú, guaguancó y columbia), además de las tradiciones musicales campesinas.

En el año de 1997 gracias al proyecto Perla dedicado a estimular los grupos y solistas de gran incidencia cultural y de interés para las diferentes sucursales de Artex fuimos seleccionados para grabar nuestro primer CD en el estudio de grabaciones “Eusebio Delfín”, de Cienfuegos. El cual se llamó Oba Ilé soy yo, que es el título de uno de los números incluidos en este CD. Y salió bajo el sello editorial de Bis Music y tuvo mucha aceptación en el mercado.Gracias a esto estuvimos participando en varios lanzamientos y en varias ediciones del Cubadisco.

Cuando se fundó la agencia Clave Cubana tuvimos el altísimo honor de formar parte del Catálogo de Excelencia de dicha empresa. También tomamos parte en el curso A B C dedicado a difundir los bailes cubanos y sus ritmos como el Pilón, el Mozambique, la Rumba y la Conga occidental y oriental.

En el 2012, cuando se realizaron en el país audiciones para categorizar como profesionales a grupos y solistas; Oba Ilé –con un nuevo formato y otras perspectivas musicales donde fusionaba los ritmos afrocubanos con otros géneros y ritmos como el son, el pop, baladas, etc.- recibió su aval con categoría de Excelencia.

En la actualidad la agrupación está en un cambio generacional, pero con los mismos criterios y objetivos musicales: brindar un buen arte a todos y en todos los lugares donde se nos solicite.

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Experiencia comunitaria Wenilere Cardenense: prácticas culturales resilientes en escenarios complejos.

Tal problemática tienen un carácter transversal y multidimensional dada las variables tan heterogéneas que en ella confluyen y se entrecruzan como las de género, la clase, religión etc.

Según constatamos en los diagnósticos, encuestas, entrevistas y observaciones realizadas nos encontramos ante un escenario donde la reproducción de la pobreza en la población afrocubana resulta un elemento clave. De gran utilidad para el reconocimiento de esta problemática, los factores que la condicionan; así como para el diseño de nuestra lógica de intervención han sido los conceptos: brechas de equidad racializada (Espina) y el de dimensión racial en los procesos de reproducción de la pobreza (Zabala). Igualmente, los estudios realizados por otros prestigiosos cientistas sociales como Rodrigo Espina Prieto, Pablo Rodríguez Ruíz, Zuleica Romay, Yulexis Almeida Junco y Esteban Morales se convirtieron en referentes teórico-metodológicos imprescindibles para nuestro trabajo. Sus investigaciones, en el campo de la equidad, la diversidad e inclusión no sólo incorporan la variable raza, sino que nos proponen un grupo de conceptos como: grupos vulnerables, desventaja social, población en riesgo de pobreza, pobreza de ingresos, etc. Los cuales han resultado de gran operatividad conceptual y metodológica para el diseño y análisis de nuestras prácticas, aprendizajes y las transformaciones sociales, económicas, culturales que estamos acometiendo.

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Por: Alberto Abreu Arcia

La experiencia comunitaria Wenilere Cardenense se inserta en un espacio físico donde su población, predominantemente afrodescendiente, está inmersa en condiciones de vulnerabilidad[1] las cuales configuran a sus pobladores como un “grupo social marginado”. Aquí asumimos el concepto de vulnerabilidad tal y como lo asume Mayra Paula Espina Prieto cuando lo define “como una situación en la cual personas y hogares se encuentran en una condición límite en cuanto a sus posibilidades de satisfacción de necesidades, con muy baja capacidad para enfrentar cambios y eventualidades que, de producirse, los situarían inmediatamente en la pobreza” (Espina 2008, 177).

Tal problemática tienen un carácter transversal y multidimensional dada las variables tan heterogéneas que en ella confluyen y se entrecruzan como las de género, la clase, religión etc.

Según constatamos en los diagnósticos, encuestas, entrevistas y observaciones realizadas nos encontramos ante un escenario donde la reproducción de la pobreza en la población afrocubana resulta un elemento clave. De gran utilidad para el reconocimiento de esta problemática, los factores que la condicionan; así como para el diseño de nuestra lógica de intervención han sido los conceptos: brechas de equidad racializada (Espina) y el de dimensión racial en los procesos de reproducción de la pobreza (Zabala). Igualmente, los estudios realizados por otros prestigiosos cientistas sociales como Rodrigo Espina Prieto, Pablo Rodríguez Ruíz, Zuleica Romay, Yulexis Almeida Junco y Esteban Morales se convirtieron en referentes teórico-metodológicos imprescindibles para nuestro trabajo. Sus investigaciones, en el campo de la equidad, la diversidad e inclusión no sólo incorporan la variable raza, sino que nos proponen un grupo de conceptos como: grupos vulnerables, desventaja social, población en riesgo de pobreza, pobreza de ingresos, etc. Los cuales han resultado de gran operatividad conceptual y metodológica para el diseño y análisis de nuestras prácticas, aprendizajes y las transformaciones sociales, económicas, culturales que estamos acometiendo.

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Experiencia Comunitaria Wenilere Cardenense — Afromodernidad

Originalmente publicado en AFROMODERNIDADES: Wenilere Cardenense ofrece tambor de agua a los siete negros y mulatos fusilados en la Plaza Malcof el 1 de octubre de 1844 y a los abakua caídos el 27 de noviembre. 27 de noviembre de 2020: Representantes de organizaciones juveniles y políticas recuerdan el fusilamiento de los ocho estudiantes de…

Experiencia Comunitaria Wenilere Cardenense — Afromodernidad
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«Cosas de negros, negocios de blancos» Conversación con Roberto Zurbano.

Alberto Abreu, Tomás Fernández Robaina y Roberto Zurbano

Roberto Zurbano Torres: crítico cultural y militante antirracista conversa con Alberto Abreu sobre las alarmantes brechas de desigualdad y pobreza asociada al color de la piel, el Programa Nacional contra el racismo y la discriminación racial, las afrorreparaciones y otros temas más.

«Cosas de negros, negocios de blancos» — La Joven Cuba
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Una relectura de la Cuaresma desde nuestra negritud. Incitadoras reflexiones de Sarahi García Gómez — AFROMODERNIDADES — Afromodernidad

«Una relectura de la Cuaresma desde nuestra negritud». Por Sarahi García Gómez

Hoy, comenzamos a transitar la Cuaresma. Para la tradición cristiana este es un tiempo para la penitencia y el arrepentimiento, un tiempo para el reconocimiento de nuestra vulnerabilidad y así siempre repetimos: «somos polvo y al polvo volveremos». Pero para nuestros cuerpos negros[…]

Una relectura de la Cuaresma desde nuestra negritud — AFROMODERNIDADES — Afromodernidad

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MONUMENTO EN RECORDACIÓN A LOS FUSILADOS EN EL PROCESO DE LA ESCALERA.

Unos de los sitios históricos más relevantes que se encuentran en las demarcaciones donde está enclavada la experiencia comunitaria Wenilere Cardenense es el monumento en memoria a los fusilados el 1 de octubre de 1844 acusados de participar en la supuesta conspiración de La Escalera.

La supuesta conspiración tuvo en el partido de Cárdenas y Soledad de Bemba (Jovellanos) como jefe, al pardo libre y sastre de profesión, Luis Seguí. Como segundo el carnicero y también chino libre, un tal Vicente Morejón, y ambos fueron presos. El plan del levantamiento debía empezar por el ingenio Gabriel en Guamutas; seguido por Roque, Artemisa, Cañongo, Soledad, Corral Falso, Cimarrones, Lagunillas, Guamacaro y el Coliseo, todos en la misma hora de la misma noche.

En el mes de marzo se levantaron las dotaciones de tres ingenios del Partido de Bemba comenzando por el Santa Catalina y otros dos más.

En la finca “Sonora” de Theodoro Phinney se estableció el Tribunal Militar encargado de juzgar y torturar brutalmente a los presuntos implicados en la conspiración. A partir del 2 de mayo de 1844 dicho Tribunal juzga a 7 negros y mulatos incluyendo al chino libre. En medio de las crueles torturas que le dieron el nombre a este proceso de “La Escalera”, el mulato Luis Seguí confiesa el 4 de mayo que la sublevación era parte de un complot planeado por él y otros mulatos y negros, libres y esclavos, para matar a los blancos entre los que se encontraba el poeta Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido) como principal cabecilla. Lo curioso de estas dudosas confesiones de Seguí, es que no sólo fueron arrancadas bajo crueles torturas, sino que su narrativa resulta conveniente y coherentes con los argumentos esgrimidos por las autoridades coloniales para justificar sus represiones en la ciudad de Matanzas.

El 1 de octubre de 1844, a las 6:00 p.m. en la plaza de Souberville, hoy Plaza Malacoff, en el sitio donde hoy se levanta un monumento en recordación a los fusilados, se lleva a cabo la sentencia de pena de muerte, por fusilamiento, al mulato Luis Seguí y sus compañeros:

  • José Flores (alias Cañizo), mulato libre
  • Francisco Espinosa, mulato libre
  • Vicente Morejón, chino libre
  • Juan Lugones, negro libre
  • Manuel Morales, negro libre
  • Eduardo Carrera, negro esclavo

Al ser puesto ante el cuadro y escuchar la voz de mando, Seguí se volvió de frente gritando “… que él no moría como los cobardes de espalda”, y así recibió la muerte de frente y en forma contraria a sus compañeros.

Fueron fusilados por un cuadro formado por 2 compañías del Regimiento “La Unión” – una, del Regimiento de Tarragona y otra, de la Octava de Lanceros del Rey, pertenecientes ambas al Ejército colonial Español. Todos habían sido hallados culpables, durante la causa que les siguió, desde el 20 de marzo de 1844, el Tribunal Militar constituido con ese fin en Cárdenas. Esta fue la primera ejecución realizada en Cárdenas desde la fundación del poblado.

En estos días el terror y la represión se esparcieron por todo el territorio de Cárdenas. Como escarmiento y para exacerbar el pánico imperante, le fue cortada la cabeza a un esclavo, el cual pertenecía a la dotación del súbdito inglés Teodoro Phinney, este último acusado de conspiración contra los blancos. La misma se llevó a cabo en el Camino Real de Cárdenas a Lagunillas. Los militares reunieron allí a todas las dotaciones cercanas. La cabeza del negro decapitado fue colocada en un trípode y exhibida como advertencia. Desde entonces se le llamó al lugar Cabeza del negro o Monte del ahorcado.

También se autorizó a dar de forma libérrima los “bocabajo”, para ello establecieron algunos lugares como el almacén del Sr. Carrerá. Allí, eran castigados los negros procedentes de las plantaciones limítrofes. Los sobrevivientes eran conducidos a la enfermería del Depósito del Ferrocarril mientras que, los muertos, eran llevados en carretones al cementerio o arrojados al mar.  Otro lugar de castigo fue el tejar de Torriente, situado en el ingenio del mismo nombre. El cuero y el bocabajo fue empleado ampliamente en dotaciones enteras.

Fuentes

  • Álvarez Blanco, Ernesto. Guía Turística a Cárdenas. Portal del Historiador de Cárdenas.
  • Archivo Histórico Municipal de Cárdenas. Actas Capitulares y documentos varios.
  • Colectivo de Autores. Versión publicable de la Historia Local. Inédita. 2007
  • Colectivo de Autores. Cronología de la Historia Local. Monografía mecanografiada en el Centro de Información del Museo “Oscar María de Rojas. Cárdenas, 1997.
  • Hellberg, Carlos. “Historia estadística de Cárdenas – 1893”. Edición Comité Pro – Calle. 1953.
  • Portel Vilá, Herminio: Historia de Cárdenas.

https://www.ecured.cu/Plaza_Malacoff_%28C%C3%A1rdenas%29#Comit.C3.A9_Plaza_Malacoff

http://afromodernidades.wordpress.com/2021/02/23/experiencia-comunitaria-wenilere-cardenense-3/

http://www.facebook.com/ipscuba/posts/4028925977136008/

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Elijo despertar

Por Sarahí García Gómez

De niña solía preguntarme por qué tuve que ser negra. Junto a esa pregunta había otros por qué, todos relacionados con las burlas, las acciones o comentarios desagradables que me invitaban a odiar mi color de piel y todo lo que representaba. En ese momento yo no entendía muchas cosas, no me interesaban las historias ancestrales de mis abuelas, pero una cosa sí aprendí desde pequeña, herencia de toda mi parentela «Siempre tienes que dar más y esforzarte, porque tú eres negra». Esa frase me ha acompañado como pesada extensión de mi cuerpo. Confieso que aún me es difícil deshacerme de ella. Así, fui creciendo, y la incorfomidad con mi negritud se fue tornando en rechazo a lo que era diferente a mí. Fui entrenada para responder «blanco peste a leche» a quien me dijera “negra mona”… ¡y sentía tanta satisfacción al proferir esa frase! Pero no aprendí a responder al rechazo de una mirada desdeñosa o ese rechazo que no necesita de palabras sino que viene vestido de invisibilización o descalificación.

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Ángel Luis Servía Boada: la cabeza fuerte y el corazón limpio.

En días pasados diferentes instituciones matanceras como el museo provincial Palacio de Junco, la Casa de la Memoria Escénica, y el museo Farmacéutico de Matanzas realizaron un homenaje a la memoria de investigador, coreógrafo y escritor Ángel Luis Servía Boada. Wenilere Cardenense suma al concierto de estas evocaciones. A los textos del teatrista René Fernández, director del Grupo Papalote y Premio Nacional de Teatro, y del dramaturgo y novelista Ulises Rodríguez Febles director de la Casa de la Memoria Escénica aparecidos en el contexto de aquellos homenajes, se suman en esta ocasión los del narrador y ensayista Alberto Abreu Arcia Premio Casa de las Américas 2007, y del músico Jesús Berrio, radicado en España, así como imágenes de la filmación una extensa entrevista que Ángel Luis le concediera en noviembre del 2009 al programa Afrolatinos Tele. Todos estos documentos dan fe del poderoso magisterio y la huella indeleble que dejó en quienes lo conocimos.

El Brujo y la enorme sabiduría de los imaginarios que me fue develando

Por: Alberto Abreu Arcia

Mi amistad con Ángel Luis (El Brujo) se inició justamente en 1982 cuando comencé a trabajar como asesor literario en la Brigada XX Aniversario en el municipio de Jagüey Grande, donde ya él laboraba como profesor-instructor en la cátedra de Danza. Le debo muchos aprendizajes que fueron decisivos en mi construcción como intelectual negro. El más trascendental de todos fue el reconocimiento y orgullo de mi identidad racial, la sabiduría y espiritualidad mis ancestros.

En el estudio del escritor Alberto Abreu en la ciudad de Cárdenas

Poseía una inteligencia intranquila, excesivamente confrontacional, receloso de verdades acuñadas. Su formación por esa fecha era eminentemente autodidacta. No es hasta finales de la década del ochenta que concluye el curso de instructores de arte y, posteriormente, en los noventas, que se gradúa del ISA. Pero poco debió aportar la academia a su peculiar modo de leer los procesos, y prácticas que configuran nuestro universo santero en tanto expresión de la religiosidad popular cubana. Como investigador su metodología era bastante heterodoxa descansaba en eso que hoy llamamos “conocimientos situados” que, en su caso, provenían de la misma praxis religiosa (fundamentalmente arará), de sus inserción y continuo diálogo en el espacio santero donde creció.

A

Recién hoy, cuando acaba de aparecer por ediciones Ilíada mi novela La noche es testigo, me doy cuenta de su impronta en mi vida. La novela, —y justo ahora que escribo esta líneas evocándolo es que reparo en ello—es un homenaje a él. A los imaginarios que les robé o que me fue develando: el barrio matancero de Los Mangos, la legendaria Fermina Gómez, el espiritismo, Enriqueta Alfonso (su muerta). Su cuarto ubicado en Marchena entre Buena Vista y Capricho, en pleno corazón del Callejón del Chivo, con el entra y sale de los ahijados, amantes furtivos, la rumba, nuestras discusiones sobre literatura, arte y la vida, porque el alcohol lo ponía a filosofar. Sus razonamientos establecían conexiones insospechadas, demasiadas escandalosas para mi pensamiento bastante ortodoxo en aquellos años. Iba de Lezama al  espiritismo. Tildaba al primero y toda la literatura que como joven escritor leía de eurocentrista.  La contraponía con África, su ancestralidad y sabidurías silenciadas. Qué forma extraña de articular un saber donde todo se mezclaba: Frazer (La rama dorada), Stanislavski,  Fernando Ortiz, Furé, el Yi King, el Tarot, los caracoles, las cartas, el libro de los Rosas Cruces. Un fenómeno que solo pude entender años después cuando conocí a Tomás González y leí su ensayo “La moda de la ritualidad”.

Como hijo de Eleguá, el Brujo, tenía la capacidad de subvertirlo todo. Donde quiera que llegaba, incluso si nos montábamos en una guagua secuestraba las miradas de los presentes, todo lo viraba al revés. Era su forma de llamar la atención. De robarse el show. O a lo mejor estaba en su temperamento. Esto lo hacía un creador incansable y versátil, no solo montaba coreografías espectaculares que eran premiadas en festivales ante la envidia profesional de sus colegas, dirigía una comparsa infantil en los carnavales, sino que escribía teatro, poesía, investigaba, leía de manera voraz. Sus textos siempre relacionados con el mundo y la cosmogonía de la diáspora africana, su ritualidad estaban cargados de proverbios y sentencias reveladoras. Su trabajo con René Fernández y el tono de los parlamentos en El gran festín, inspirado en la cultura de raíz Arará Dahomey es una muestra de ello.

Entre sus mitomanías, —como todo gran artista él también tenía las suyas—, decía que había nacido en tierra de ewardo, y que era rey por naturaleza. Lo cierto es que, como la mayoría de nosotros, provenía de una familia desclasada; aunque (como hace Juan Francisco Manzano en su Autobiografía) continuamente se preciaba de que en su infancia había transcurrido con lujos, y que fue un niño “diferente”. Contaba que su padrastro, un exconcejal, y lo llevaba y recogía en su carro de la escuela antes la mirada envidiosa de todos. Lo cierto es que provenía de un entorno marginal. Y esto, para gracia o desgracia, lo condicionaría profundamente. Negro, maricón e intelectual en un barrio como Los Mangos es algo que marca profundamente, o en una sociedad tan racista y homofóbica como la cubana te obliga a esforzarte el doble o el triple, caminar por encima de las trampas para “poder llegar”. Aunque el continuamente repetía que los negros abakuas de su barrio decía que los problemas de la leche nunca llegan al corazón.

La certeza de que aún  hoy, seguimos caminando.      

Por: Jesús Berrio

Durante la grabación de una extensa entrevista concedia para Afrolatinos Tele

A veces, resulta difícil medir la impronta que deja un alma grande en quienes le rodean. Tal es el caso de mi querido amigo Ángel Luis Servía (el Brujo) como todos le llamábamos. Aunaba misterio e ímpetu a partes iguales, emanaba esa rica ancestralidad negra que no puede ocultarse porque tiene voz propia, y aflora como brisa marina en la noche. El Brujo llegó a mi vida en los albores de mi juventud, resultaba imposible sustraerse a tanta  algarabía, a tal torbellino de talento, a aquella risa hechicera y edulcorada a la vez.  Era el paroxismo de la danza, la música, la poesía, una profusión de filosofías y auténticas revelaciones, un iniciado en todos los templos ocultistas y de sapiencia inefable. Cómo no recordarte querido amigo, si estás en la carta locuaz de la baraja, en la voz del Éggun  que susurra mi oído cada noche, y en la libación de miel que necesita el mundo. Quiero quedarme con tu alegría desmedida, tu risa descomunal y tu trato afable, esto, me da la certeza de que aún  hoy, seguimos caminando.     

Ángel Luis Servía Boada: Por siempre 

Por: René Fernández Santana

Con Alicia Anabel Santos del equipo de Afrolatinos Tele

Me es difícil hablar de Servía sin el auxilio de mis manos que para el significaban mucho, y con las que me hizo escribí mucha mitología de sus sueños.

Servía es por naturalezas humana un artista religioso soñador. Calderon de la Barca decía («y los sueños sueños son») en Servía los sueños eran, nacían en las no realidades del rito y la escena. Renía el don de herencias ancestrales y la cosmogonía del reflejo de lo que aún somos y es alma de la identidad donde religión y arte se enlazan y es sujeto y no objeto en nuestro patrimonio cultural.

En el templo de Daoiz 83 Servía nos enseñó, educó el  acento y valores  lingüístico de origen yoruba, arara, congo, su semántica, su sintaxis, su verbo de tierra y rios,  sus cantos y bailes.  De Servía es imposible olvidar recuerdos de su particular carácter humilde, ocurrente, revelador, jaranero, bebedor, refranero, sentencioso, siempre  amigo, hermano y familia de todos los que realizamos juntos ∆ él la memoria historia del ciclo afrocubano en papalote.

Teatro papalote respira su legado.

En mayo de este 2025 Servía se paseaba por la escena de Papalote en los ensayos de Ochún y el espejo mágico, se sentó junto mí y me dijo con su única voz de sabiduría: Ochún no es un cliché de diosa, es la interpretación y expresión de múltiples mujeres  cubanas. Se que no puedes estar en mí homenaje, /me lo dijo Marcia /, y se que no estás bien de salud, pero te aseguro que pronto estarás mejor. Me voy allá  arriba a organizar el archivo de las leyendas de Olofí, tengo esa orden y tú bien sabes que con el no se juega. No se fue nunca de mi lado, el es  irreverente por naturaleza. Sus sueños fueron y son hermano de los títeres cubanos.

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Servía, el legado

Por: Ulises Rodríguez Febles

Es meritorio que Ángel Luis Serviá Boada haya sido recordado en el Museo Farmacéutico, con la presencia de varios de los que conocieron. Se le agradece ese acto de justicia a la directora de la institución Marcia Brito, con un  vínculo  auténtico  con la escena matancera, y que haya propiciado  que el espíritu  del bailarín, coreógrafo, asesor, investigador y sabio de los temas negros, se revelará en la voz de muchos.

El Museo Provincial Palacio de Junco, un mes antes,  también  le había  dedicado una muestra, que tuvo entre otros  documentos y objetos, los que conservamos de él, en la Casa de la Memoria Escénica.

En la Ermita de Monserrat con el equipo de Afrolatinos Tele y el escritor Alberto Abreu

El homenaje, suscitó  testimonios cruzados de muchos de los que lo conocieron, como fue el recuerdo  del pintor Luis Felipe Franco de Jagüey ,  que rememoró  su presencia  en la emblemática  Brigada XX Aniversario  en Jagüey Grande, que fue donde también,  yo lo vi por primera vez,  en su intensa labor como instructor de arte, propiciando la creación de nuevas agrupaciones, en el Plan de Escuelas al Campo.

Pero Servía, fue además de investigador, acucioso estudioso y practicante, uno de los fundadores  de la Compañía Danza Espiral, a la que le entregó  su sabiduría danzaria y ancestral; pero también   algunos de los espectáculos  de tema negro, de esa etapa, en los que demostró  su sabiduría y  creatividad, por su amiga y compañera de creación, la maestra Liliam Padrón.

 Su presencia también estuvo en los Concursos de Coreografía  e Interpretación  Danzandos, y en el  Boletín oficial del evento, en los que se pueden leer varios artículos y reseñas, que dan cuenta de su pensamiento.

 El ensayista, narrador e investigador  cardenense  Alberto Abreu Arcia Arcia, Premio Casa de las Américas, refiere sobre Serviá: «Excelente investigador y coreógrafo. Le  debo muchas cosas que con el tiempo resultaron claves para mi formación intelectual y para mi entrada al mundo de la Negritud.  Le debemos un gran evento que esté a su altura»

 En Papalote, donde contribuyó, con su labor como asesor folclórico  y danzario, René  Fernández Santana, Premio Nacional de Teatro 2017 opinó:  “Escribí  mucha mitología de sus sueños. Servía era un artista soñador. Sus sueños provocaban el rito y la representación, porque tenía  el don de herencias ancestrales  y la cosmogonía  del reflejo. Nos enseñó, educó el acento y valores lingüísticos de origen yoruba, arará, Congo, su semántica, su sintaxis, su verbo»

Varios recuerdan a Servía por su carácter humilde, ocurrente, revelador, jaranero, bebedor, refranero, sentencioso y buen amigo. También  refieren «sobre su labor en espectáculos de cabaret, como lo fue el desaparecido  El pescadito, de la ciudad de Matanzas. Jugó un papel importantisimo en la formación de los bailarines en la provincia, el fue el promotor de los cursos de habilitación en esa especialidad», apuntó  Cari Padilla

En Servía Boada, se sintetizan muchas aristas de su creación, conocimientos y sabiduría. Su legado permanece en muchos, se evidencia en su formación, y su recuerdo, revela lo imprescindible, que son ciertas figuras para la cultura matancera cubana  y especialmente, para la escena.

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