Contrapunteos Diaspóricos… descolonizar la memoria o una lectura de Afroamérica como una historia de larga duración. Por Alberto Abreu Arcia

Portada del libro de Agustín Laó-Montes

Las notas que siguen fueron leídas en junio del 2020 durante la presentación virtual de Contrapunteos Diaspóricos: Cartografías Políticas de Nuestra Afroamérica de Agustín Laó-Montes realizada en el marco de la IV Jornada de Pensamiento Social Latinoamericano organizada por la Universidad Colombiana de Externado y que tuvo como tema central el de: “Epistemologías, resistencias negras en América Latina”. Entre los presentadores se encontraban, además, Ochy Curiel (República Domincana) y José Gandarilla (México). Sin embargo, este texto, inicialmente, fue escrito para la presentación de este volumen en la Feria Internacional de libro de La Habana programada para el 14 de febrero del 2020 en la sala Alejo Carpentier, según consta en el programa. Un día antes, se le comunicó al autor que la misma había sido cancelada, sin que se ofreciera más explicación. Este hecho fue la última de las “contrariedades” por lo que transitó este libro por la escena intelectual cubana. Un periplo que va desde su participación en el concurso Casa de las Américas, 2017 en la modalidad de Premio de Estudios sobre la presencia negra en el Caribe y las Américas Contempóranea, luego de los intentos de  su publicación por la Casa del Caribe, en Santiago de Cuba, postertagado por una razón u otra durante varios años.

Ofrezco estos datos con toda intención. Si como muchos expertos han señalado estamos ante un texto de lectura ineludible y tenido por una obra mayor dentro de  los estudios descoloniales. Un libro que socava las formas de conocimiento eurocéntricas prevalecientes en la academia latinoamericana. Cuyos paradigmas teóricos hegemonizan la lectura de los procesos y fenómenos sociales en América Latina, al tiempo que invisibilizan y relegan al espacio de lo residual  no sólo la rica tradición del pensamiento afrolatinoamericano y afrocaribeño, sino también a esos otros saberes producidos desde la diferencia colonial y el conocimiento ancestral de los pueblos afro e indigenas.

Adentrarse por este volumen de más de quinientas páginas es asistir a una discusión sobre la necesaria y urgente reformulación de nuestras ciencias sociales y la necesidad de una revisión radical del espíteme sobre el cual construyen sus discursos y sistemas de conocimiento.

Estamos ante un texto que se genera desde un espacio de otredad epistémica, de validación de otras formas de saber “no instuidas” o “descalificadas” por esas instancias encargadas de establecer las jerarquías y el control oficial del saber académico. Contrapunteos Diaspóricos: Cartografías Políticas de Nuestra Afroamérica coloca en su centro la producción de conocimiento afrodiaspórica y lo hace desde un espacio transversal y transdisciplinario donde se retoma y legitima toda la tradición teórica del pensamiento político y social de la academia crítica, así como el saber generado desde el activismo y los movimientos sociales.

En consecuencia, otro de los correlatos que se derivan de este libro es el debate entre el trabajo intelectual y el académico. El cual tiene su origen en la doble condición de Agustín Laó-Montes, por un lado, como docente en el Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe en la Universidad de Massachusetts, donde dirige la especialidad de diáspora africana en el doctarado de Estudios Afroamericanos, y académico otras universidades latinoamericanas y, por otro lado, su militancia durante casi dos décadas en el activismo y los movimientos sociales y antirracistas en Latinoamerica y el Caribe como ARAAC (Articulación Regional Afrodescendiente en América Latina y el Caribe). Recordemos, además, su experiencia intelectual como miembro fundandor del grupo de investigación “Proyecto latino/latinoamericano modernidad/colonialidad” o “Grupo de Binghamton”, que data de los años nonventa cuando era estudiante de doctorado, proyecto que desde su carácter transdisciplinario y plurinacional agrupó a intelectuales como Aníbal Quijano, Immanuel Wallerstein, Edgardo Lander, Ramón Grosfoguel, Fernando Coronil, Walter Mignolo, entre otros.

Conociendo estos datos, me pregunto ¿qué razones pudieran explicar el accidentado viaje de Contrapunteos Diaspóricos… por un segmento de la escena intelectual cubana de estos días y sus circuitos de validación y difusión de nuevos paradigmas epistemológicos? Sin dudas, ellas tienen que ver con ciertos habitus en la recepción de la teoría instalados en el campo intelectual cubano, y sus luchas interpretativas. Con la teoría como política y las políticas de la teoría.

Hablo de la manera en que determinados textos están llamados a desafiar ciertas hegemonías del saber en la localidad enunciativa donde se insertan. A dislocar las configuraciones teóricas-intelectuales y las relaciones saber-poder prevalecientes en ellas. Esta aseveración trae de la mano otra problemática la cual prefiero enunciar a modo de interrogante: ¿por qué ciertas teorías se vuelven más productivas en determinadas localidades enunciativas latinoamericanas que en otras? Lo que, en el caso cubano nos coloca frente a una postura (llamémosle eufemísticamente) de reticencias no sólo hacia los estudios descoloniales, sino también hacia la rica tradición teórica del pensamiento afrodiaspórico o/y de las negritudes para analizar las producciones, imaginarios, representaciones y prácticas culturales que tengan esta impronta. Lo que es igual a afirmar: el apego a ciertas modos de producir conocimientos todavía anclados en ese epísteme de la modernidad occidental y ese sujeto íntegro de la razón universal (blanco, varón, heteresexual) productor de una infinidad de otredades.

Desde luego, que una lectura de Contrapunteos Diaspóricos Cartografías Políticas de Nuestra Afroamérica desde el campo intelectual cubano nos lleva a deconstruir las diferentes estrategias y sutilezas discursivas desde las cuales este campo intelectual históricamente ha construido la colonialidad del ser en tanto categoría que viene a significar la negación de la memoria, cultura e identidad de los sujetos de la africanía; y acentuar ese entramado de violencia epistémica y simbólica sobre los que se articula el racismo moderno. El ejemplo más claro de estas estrategias y argucias discursivas a que me refiero es el rechazo del campo intelectual cubano a los términos afrocubano y afrodescendiente.

Lo que se esconde detrás de este rechazo es una tensión entre los conceptos de nación y diáspora africana. Un contrapunteo (para utilizar el término tan caro al autor de este libro) entre la nación y la construcción que los discursos del nacionalismo cubano históricamente han realizado de los sujetos de la diáspora africana. A propósito de esto, Laó-Montes establece la siguiente comparación: de la misma manera que “la diáspora cubana es la cubanía fuera del archipiélago de Cuba”; la diáspora africana, entendida como comunidad de afinidades y afectos integrada por sujetos transnacional/translocales, son los afrodescendientes que no habitan en el continente africano.

Aquí, la noción de diáspora africana supone un reconocimiento tanto de la memoria como de los procesos de exilio, destierro y sus contribuciones fuera del territorio estatal. “Más allá de la oposición binaria entre naciones y diáspora, una perspectiva diaspórica debe problematizar la nación como discurso maestro de la identidad, y plantear la posibilidad de imaginarios geohistóricos que trasciendan mapear el mundo como una yuxtaposición de continentes y una suma de Estados-nacionales.” (Laó-Montes, 197).

El ejercicio deconstructivo que estoy proponiendo presupone en primer lugar: la demolición del epísteme higienista de la blanquitud. Cuyos paradigmas teóricos, por una parte, siguen condicionando la manera en que leemos los diferentes procesos sociales, históricos y culturales de la diáspora africana. Como pueden ver este último concepto resulta una herramienta clave en esta demolición por cuanto su significado remite al de la comunidad política cultural “no sólo dentro de la nación sino también más allá de la nación”, que a pesar de sus diferencias está unida por lazos históricos de exclusión racial, reivindicación que han culminado en movimientos transnacionales de resistencias como la Revolución de Haití, y otros que se han extendidos por el Caribe, las Américas y más allá.

Un epísteme higienista que, desde su colonialidad del saber, invisibiliza, silencia, y desautoriza textualidades, identidades y discursos como la salsa, el spokem word, el reggae, el rap que, como nos viene a recordar este libro de Laó-Montes, se generan en imaginarios atravesados por el flujo y reflujo entre lo local y lo transnacional, por contagios culturales, la diseminación, la fragmentación. Otro(as) sujeto(as) culturales y representaciones simbólicas escindidas en un sinnúmero de problemáticas: raciales, de clase, géneros, geoculturales, oralidad, memoria, ciudadanía, subalternidad e inscritas en un espacio de negociación potsnacional. Quienes desde una aspiración inclusiva, democratizadora del hecho artístico y cultural vienen a interpelar al pensamiento sociocultural cubano sobre los modos en que su actual status teórico revalida un modelo de intelectual que, desde la pureza de lo genérico, lo estilístico, la disciplinariedad del saber reproduce un concepto racista y blanqueador del saber y la cultura.

Otro aspecto que me seduce poderosamente en Contrapunteos Diaspóricos… está relacionado con los modos de hacer y de escribir la teoría. “No la teoría como voluntad de verdad, sino la teoría como un conjunto de conocimien­tos en pugnas, localizados y coyunturales” (Stuard Hall). El ejercicio de imaginar nuestras propias categorías y marcos analíticos, de hablar y pensarnos por y desde nuestro propios cuerpos racializados, sin tener que recurrir a un reperto rio de conceptos tomados de la casa del amo, ni mucho menos al rol ventrílocuo ni al poder de enunciar o de hablar por el otro; privilegio que históricamente ha ostentado el letrado blanco y de clase media en Latinoamérica. 

Sandra Heidl, Alberto Abreu Arcia y Agustín Laó-Montes en el Malcolm X Cultural Center, abril del 2017

Estamos ante un libro donde el hablante se desplaza de lo macro a lo micro, de lo global a cada una de nuestras respectivas comunidades afroenunciativas (Estados Unidos, Brasil, Haití, Colombia, Cuba, etc.). Sin perder de vista los diferentes procesos de microdiferenciación que la atraviesan.  Laó-Montes no sólo dialoga con sus lectores desde un espacio de otredad epistémica. Sino también desde una perspectiva donde lo transversal y lo transdisciplinario devienen en espacios creativos de nuevos paradigmas metodológicos y conceptuales para el estudio del campo de las negritudes (sus historias, religiosidades, cosmovisiones, prácticas, e imaginarios) que subvierten los mecanismos de hegemonía y control que históricamente ha ostentando el conocimiento oficial (patriarcal y eurocéntrico) a la hora de pensar al otro de la negritud.

Me resulta altamente revelador el hecho de que Eshu Elegguá el orisha que inaugura y clausura el discurso de Laó-Montes. En este sentido el libro se abre de manera performática con este saludo a Elegguá, como si se trata del comienzo de una ceremonia religiosa:

MOYUGBA

Elegguá, dueño de los caminos y de las puertas. Él es el de las llaves y los nudos. Él es el que ata y desata. Es el inicio y el fin de todos los caminos. Es el vigía de los días y las noches. Elegguá mezcla el azúcar con la sangre. Siempre está en acecho, espía de los dioses, y su mensajero, es a quien primero se le saluda y pide permiso; él es el que primero come y bebe. El tambor lo proclama así.

En este contexto el Moyugba a Elegguá está cargado de simbolismos: es una reverencia al mundo de la oralidad (la única expresión posible para el esclavizado en el mundo de la plantación). Un reconocimiento a la autoridad de la palabra dicha y su tradición. La oralidad, no sólo como forma de narrar y depositaria de la memoria, sino también como una manera otra de producción de la historia y el conocimiento frente a los modos escriturales de validación de la verdad que legitimó la herencia ilustrada.

Elegguá no es sólo la obertura del discurso, sino también de la ontología y lo onto-existencial. Elegguá, según Laó-Montes, es el principio epistémico por excelencia, quien proporciona el arte, la ciencia, y la interpretación en clave de africanía.

 Las notas que siguen fueron leídas en junio del 2020 durante la presentación virtual de Contrapunteos Diaspóricos: Cartografías Políticas de Nuestra Afroamérica de Agustín Laó-Montes realizada en el marco de la IV Jornada de Pensamiento Social Latinoamericano organizada por la Universidad Colombiana de Externado y que tuvo como tema central el de: “Epistemologías, resistencias negras en América Latina”. Entre los presentadores se encontraban, además, Ochy Curiel (República Domincana) y José Gandarilla (México). Sin embargo, este texto, inicialmente, fue escrito para la presentación de este volumen en la Feria Internacional de libro de La Habana programada para el 14 de febrero del 2020 en la sala Alejo Carpentier, según consta en el programa. Un día antes, se le comunicó al autor que la misma había sido cancelada, sin que se ofreciera más explicación. Este hecho fue la última de las “contrariedades” por lo que transitó este libro por la escena intelectual cubana. Un periplo que va desde su participación en el concurso Casa de las Américas, 2017 en la modalidad de Premio de Estudios sobre la presencia negra en el Caribe y las Américas Contempóranea, luego de los intentos de  su publicación por la Casa del Caribe, en Santiago de Cuba, postertagado por una razón u otra durante varios años. Transita de la sociología a la historia (su re-escritura), pasando por los estudios descoloniales, el afrofeminismo, el activismo y sus luchas políticas hasta la construcción de una historia del campo intelectual afrolatinoamericano. Al tiempo que, a manera de paratexto, incorpora imágenes y citas provenientes de otras formaciones discursivas como los cantos y rezos a diferentes orishas en lengua yoruba, fragmentos de conversaciones con santeros, poemas de autoras y autores afrodescendientes que habitan en la periferia del canon literario occidental, y otras  formas de producción de conocimiento vernáculas y cimarronas: siempre en fuga ante la voracidad del saber académico y sus intentos por aprenhenderla, convertirlas en objeto dócil de conocimiento. Se trata de saberes, ademanes y prácticas intelectuales que en este libro encuentran un escenario para su validación y puesta en escena en la medida en que operan como ejercicios de descolonización del conocimiento.

Contrapunteos Diaspóricos… nos aboca a otro modo de escribir nuestra historia como afrodescendientes. Mientras despliega esta propuesta va demoliendo el viejo episteme de la modernidad occidental, mostrando sus límites y falacias a la hora de abordar cuestiones referentes al campo de las negritudes y los sujeto/as de la afrodiáspora.

Las notas que siguen fueron leídas en junio del 2020 durante la presentación virtual de Contrapunteos Diaspóricos: Cartografías Políticas de Nuestra Afroamérica de Agustín Laó-Montes realizada en el marco de la IV Jornada de Pensamiento Social Latinoamericano organizada por la Universidad Colombiana de Externado y que tuvo como tema central el de: “Epistemologías, resistencias negras en América Latina”. Entre los presentadores se encontraban, además, Ochy Curiel (República Domincana) y José Gandarilla (México). Sin embargo, este texto, inicialmente, fue escrito para la presentación de este volumen en la Feria Internacional de libro de La Habana programada para el 14 de febrero del 2020 en la sala Alejo Carpentier, según consta en el programa. Un día antes, se le comunicó al autor que la misma había sido cancelada, sin que se ofreciera más explicación. Este hecho fue la última de las “contrariedades” por lo que transitó este libro por la escena intelectual cubana. Un periplo que va desde su participación en el concurso Casa de las Américas, 2017 en la modalidad de Premio de Estudios sobre la presencia negra en el Caribe y las Américas Contempóranea, luego de los intentos de  su publicación por la Casa del Caribe, en Santiago de Cuba, postertagado por una razón u otra durante varios años.

Este libro también recorre un grupo de discusiones relacionados con lo descolonial y lo racial en América Latina, los cuales están transformando las relaciones de saber y los antiguos modos de pensar las relaciones entre cultura y poder, así como entre raza, pueblo y nación. Tales debates apuntan, justamente, a un clima de reformulaciones en los paradigmas del pensamiento teórico-cultural y las batallas del saber dentro y fuera de la academia en América Latina y Estados Unidos. Al tiempo que nos presenta otros horizontes epistémicos para el estudio de los procesos constitutivos de la racialidad como elemento central de la matriz de poder moderna/colonial que configura el sistema-mundo capitalista en su larga duración. Así como un marco categorial, referentes teóricos y metodológicosque cristalizan en la propuesta de una cartografía política de Nuestra Afroamérica.

Estamos ante un texto cuya aparición era imperiosa, si queríamos continuar refiriéndonos a lo afrolatino o afroamérica no sólo como un campos de estudios, sino también como una entidad onto-existencial. Es decir, “como parte de un universo histórico mayor que denominamos Diáspora Africana Global”. (Lao-Montes, 187)

 Contrapunteos Diaspóricos: Cartografías Políticas de Nuestra Afroamérica es el relato de los diferentes devenires de la afrodiáspora en Latinoamérica y el Caribe. Una historia silenciada y proscripta de la historiografía latinoamericana. Por estas razones, en sus páginas el discurso historiográfico se construye en términos de proceso o de una historia de larga duración que se remonta al medioevo en la península ibérica. Una narración que no se articula desde esa linealidad y voluntad teleológica de la historiografía latinoamericana la cual, desde sus orígenes, tuvo como paradigma a Europa, su temporalidad y sus diferentes filosofías de la historia. Esta reproducción de modelos europeos, entre los que se encontraban la filosofía de la historia hegeliana, le permitió a la élite letrada en Latinoamérica articular los emblemas y discursos de un deber ser de la nación y del sujeto nacional que desterró al indio, al negro, a la mujer, al disidente sexual al espacio de execrable y de la abyecto.

Es decir, el tiempo y el espacio aquí están lejos de esa construcción colonial/imperial desde la cual Europa se piensa así misma y al resto de la humanidad. Se construye a partir de “condiciones de explotación capitalista, dominación racial y patriarcal, que enmarcan procesos de diasporización –dislocación violenta, destierro- como también de resistencia y ejercicio de agencia histórica negra o afrodescendiente”. (Laó-Montes, 189)   Es el tiempo de las religiones de origen africano y del cimarronaje. Sus segmentaciones temporales, eso que Laó-Montes denomina ciclos raciales, nacen de una relectura de la larga historia de sublevaciones y otros eventos antisistémicos donde las negritudes han sido protagonista, así como de una relectura de la ciudad letrada negra y la tradición teórica de las y los pensadores de la afrodiásporas. “Se trata de momentos de excepcional vigor y efervescencia en el accionar colectivo, la organización política, la producción intelectual y la creación cultural de comunidades, corrientes y movimientos afrodescendientes.” (Laó-Montes, 130)  

Los cuatro ciclos raciales que se proponen en uno de los capítulos de este libro están en correspondencia con los momentos de crisis y restauración del sistema-mundo moderno/colonial capitalista.  Un relato historiográfico cuyo cronotopo está atravesado de choques, bifurcaciones, contrapunteos, fracturas y dislocaciones.

Los rótulos de afrolatinoamérica o afroamérica, tanto en su dimensión conceptual como práctica (proceso de construcción de sus luchas) deviene entonces en una categoría de integración que se articula con el carácter múltiple, de esa totalidad contradictoria, (Cornejo Polar) que está en la génesis de nuestra Abya Yala.

En la última parte de esta intervención, voy a intentar una lectura cruzada de Contrapunteos Diaspóricos… con zona bastante influyente del discurso teórico-crítico sobre las producciones simbólicas en el campo de las negritudes en Cuba de finales de siglo pasado y principios de milenio. Me interesa, sobre todo, afirmar la voluntad de varios intelectuales afrocubanos por imaginar sus propios marcos analíticos y aparato de conceptual para el estudio de aquellas prácticas simbólicas que tematizan o toman como asunto los universos de la religiosidad y la cultura popular negra; a partir de la validación de esos saberes y cosmovisiones ancestrales provenientes del mundo de la oralidad, la santería, el espiritismo, la regla de palo y el abakuá los cuales han sido subyugados por el pensamiento científico y ese sistema de saberes sobre lo social todavía vigentes dentro de la academia latinoamericana. Y que Laó-Montes sintetiza en el concepto de Razón Cimarrona. (Laó-Montes, 39-40)  

Inés María Martiatu

Inés María Martiatu (a quien  el autor de este libro dedicada el capítulo ocho (“Feminismos negros que dan a luz nuevas corrientes políticas y epistémicas”) nos ha legado una serie de conceptos, analisis y teorizaciones que estimo significativas como las de “teatro ritual caribeño”, “wenilere”, etc. Según la Martiatu tanto el rito como el mito en el Caribe son un medio de conocimiento de la realidad, una vía para cambiarla mediante la praxis ritual, al tiempo que ofrecen una segunda explicación a los diferentes eventos de la vida cotidiana y espiritual de nuestros pueblos transculturados. Y evoca el rol protagónico que históricamente han tenido las religiones de origen africano no solo en la vida religiosa y cultural cubana, sino también social y política. Cita, como ejemplos, el papel que desempeñó el Cabildo Changó Teddúm con su dirigente Oni Changó (José Antonio Aponte) en las luchas antiesclavistas de principio del XIX, o el caso del conocido percusionista cubano Chano Pozo, hijo de Changó, quien muere en New York la víspera de Santa Bárbara, a la misma hora que en Cuba se celebran los toques en honor a ese orisha, dicen que por desobediencia, por no pagar una deuda a este orisha. Así como la influencia, en el movimiento sindical cubano de la primera mitad del siglo XX, de Aracelio Iglesias líder de los trabajadores portuarios, comunista, abakuá y babalao, a quien todavía en muchas ceremonias tradicionales de la santería se le moyuba.

Desde sus estudios de la producción de los dramaturgos afrocubanos y el afrofeminismo es la pensadora que más ha insistido en el desmontaje de esa geopolítica del conocimiento que históricamente ha invisibilizado al Caribe.

Las tensiones entre oralidad y escritura, y la capacidad de la primera de estas instancias para activar los dispositivos de la memoria colectiva, que sobreviven en las leyendas, mitos, bailes y otros rituales de las religiones afrocubanas, son aspectos que Martiatu explora en los incontables textos. Curiosamente, a ella le debemos uno de los actos de justicia que se han llevado a cabo sobre la obra de Fernando Ortiz. Hablo de los actos de canabalismos eurocentristas a de los que ha sido víctima el término orticiano de transculturación presentado en 1940 por Fernando Ortíz en su monumental obra: Contrapunteo cubano del azúcar con el tabaco, que ha inspirado el método empleado por Agustín Laó-Montes en este libro.

En su ensayo “Transculturación e interculturalidad. Algunos aspectos teóricos” después de aventurarse en un rastreo bibliográfico que comprende glosarios, índices temáticos, ediciones y traducciones de antropólogos y teóricos europeos y latinoamericanos ( Corand Phillip Kolta, Martín Lienhard, James A. Boon, Jerzy Grotowski, Eugenio Barba, Peter Brook, Richard Schechner, Patrice Pavis, Jacques Roubine, Ángel Rama…) la Martiatu va develando estos actos que califica de “apropiación colonialista”, y “autoapropiación colonizada”.

Por su parte, el dramaturgo, guionista de cine y músico afrocubano Tomás González, cuyo inspirador ensayo “La moda de la ritualidad”, bien pudiera figurar como uno de los capítulos de Contrapunteos afrodiaspórico…es autor de un método de actuación sui generis donde recurre a los sistemas de adivinación de la santería, el espiritismo y el trance en la preparación de los actores. Su denominado Método de Actuación Trascendente o Danza Oráculo define la labor del actor en términos del trabajo de un adivino o espiritista. Y que se amplía durante el “trance” exigiéndole al actor-adivino una perspectiva ubicua. “El adivino (actor) cuando se encuentra en la situaciónespecial del trance o posesión, está en muchas partes.” Los contenidos de la dramaturgia de la danza oráculo se definen por la propuesta que establece una relación con el mundo de los muertos, inspirada en la práctica del espiritismo en Cuba y en su importancia en el universo de la santería cubana.

Tomás González

Lo que me interesa poner de manifiesto en esta última parte de mi presentación, al hacer traer aquí la obra de la Martiatu y González, escomo el libro de Laó-Montes que presentamos en esta tarde en esta Feria de la Cabaña, rezume un ciclo de intranquilidades, búsquedas y desafíos tantos teóricos como epistemológicos de un sector de la intelectualidad afrocubana de finales del siglo XX y principios del nuevo milenio.

Publicado por afromodernidad

Intelectual afrocubano, activista contra la homofobia y la discriminación racial. En el 2007 obtuvo el premio Casa de las Américas en ensayo artístico literario por su libro Los juegos de la Escritura o la (re) escritura de la Historia. Ha publicado otros libros como: El gran mundo (cuentos), Virgilio Piñera. Un hombre una Isla (Premio UNEAC de ensayo, 2000) La cuentística de El Puente o los silencios del canon narrativo cubano (Aduana Vieja, 2016) y Por una Cuba negra. Literatura, raza y modernidad en el XIX (Editorial Hypermedia, 2017).

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