Elogio de La noche es testigo

Por último, es preciso afirmar que La noche es testigo resulta una pieza literaria separada de las elaboraciones cosificadoras, hiper-sexualizantes y estereotipadas del «realismo sucio», para adentrarse en las cosmovisiones estéticas que apelan al recurso de la ficción, como herramienta del afuera y sus múltiples universos configurativos. Es una apuesta dignificadora del sujeto negro, como realizador integral de sus libertades, al materializar desde los márgenes una demostración de su felicidad, a pesar de las barreras estructurales del poder y los prejuicios culturales de la sociedad.